Nuestra adoración se ha transformado profundamente, pasando de los patrones físicos del Antiguo Pacto a una realidad espiritual y centrada en Cristo. La presencia de Dios ahora mora en nosotros, haciendo que nuestra alabanza no dependa de un lugar o de instrumentos, sino de la Palabra de Cristo que mora ricamente en toda nuestra comunidad.
En Lucas 17:11-19, Jesús sana a diez hombres con lepra, pero solo uno de ellos, un samaritano, regresa para agradecerle y adorarlo. Este pasaje ilustra la importancia de la gratitud y la actitud de agradecimiento en la vida cristiana.
Cultivar y cuidar el agradecimiento es un requisito previo para mantener un equilibrio de paz interna y convertirse en una persona de fe vibrante. Hay múltiples llamados en el Nuevo Testamento a "ser agradecidos" o "dar gracias".
En este sermón, el pastor habla sobre la importancia de dar gracias a Dios y expresar gratitud por sus bendiciones. Destaca cómo la Iglesia ha sido usada por Dios para servir a la comunidad y cómo la generosidad y la gratitud son valores importantes para una Congregación que sirve al Reino de Dios.
En este sermón, el pastor habla sobre la importancia de la generosidad y la gratitud en la vida de un creyente en Cristo. Él se refiere a la historia de David en Primera de Crónicas, capítulo 16, donde David ofrece sacrificios y ofrendas de paz al Señor y también distribuye alimentos a todo el pueblo para celebrar una fiesta en gratitud por la devolución del arco del pacto.
Amados, en Cristo Jesús, nuestra adoración ha sido perfeccionada y espiritualizada, haciendo de nuestros propios corazones el santuario vivo donde Dios se deleita en morar, liberados de las antiguas formas. Que la Palabra de Cristo more ricamente en nosotros, porque es el gran instrumento de esta sinfonía del Nuevo Pacto, saturando nuestros pensamientos y gobernando nuestros afectos.
La oración es el ambiente esencial para tu relación con Dios, una comunión holística que abarca toda la vida. Te llama tanto a derramar tu corazón con una honestidad sin reservas, compartiendo con Él cada tristeza y temor como un refugio inquebrantable, como a orar sin cesar.
Nuestro camino con lo Divino revela un profundo cambio en la adoración: del esfuerzo humano al empoderamiento divino. Si bien el Antiguo Pacto nos mandó poderosamente a buscar a Dios con todo nuestro corazón, también expuso crudamente nuestra incapacidad humana inherente para hacerlo, debido a nuestra naturaleza caída y engañosa.