Nuestro ministerio de multiplicación pone los sermones grabados por pastores locales al alcance de una audiencia mundial, más allá de las lenguas y las fronteras. La Palabra transformadora de Dios no debe estar limitada por el tiempo, el lugar ni el idioma, sino permanecer accesible para todos los que la buscan.
La metanarrativa bíblica está fundamentalmente conformada por el discurso divino, con Salmo 50:1 y Marcos 16:15 erigiéndose como pilares monumentales que definen el alcance y la autoridad de la *Missio Dei*. Este informe postula que estos dos textos, aunque separados por siglos y géneros literarios, no son meramente declaraciones paralelas del reinado universal de Dios, sino que representan la sístole y la diástole teológica de la historia redentora —la reunión de la autoridad y el envío de la gracia.
Desde el principio mismo, la soberanía activa y elocuente de Dios estableció Su reclamo universal, revelando que nuestra misión es una continuación de Su propósito eterno. Este viaje comienza con un llamado a la integridad interna y a la adoración genuina antes de que podamos participar eficazmente en la proclamación externa.
Desde la antigua profecía hasta las propias palabras de Jesús, Dios revela consistentemente un único camino hacia la salvación y la vida abundante. Él invita a toda la humanidad a volverse de los ídolos vacíos hacia Él, la única fuente verdadera de liberación.
Nuestra fe cristiana nos llama a una ética profunda y de doble vertiente para los marginados: la abogacía verbal y la intercesión física. Esto significa que nuestras palabras por la justicia deben ser acompañadas por nuestras manos que desmantelan activamente las barreras de exclusión, reflejando mandatos bíblicos para hablar por los que no tienen voz y derribar obstáculos.
El corazón de Dios siempre ha deseado que Su verdad sea clara, accesible y proclamada con urgencia. Lo que una vez fue inscrito externamente, ahora, por el Espíritu, está escrito en nuestros corazones, haciéndonos epístolas vivas de Cristo.
Esta visión personal y parcial del avivamiento en Nueva Inglaterra se centra en cinco cualidades. En primer lugar, la Iglesia debe proclamar todo el Evangelio con valentía y claridad, aceptando que la verdad pondrá al descubierto el engaño y provocará controversia.
Nuestra adoración se ha transformado profundamente, pasando de los patrones físicos del Antiguo Pacto a una realidad espiritual y centrada en Cristo. La presencia de Dios ahora mora en nosotros, haciendo que nuestra alabanza no dependa de un lugar o de instrumentos, sino de la Palabra de Cristo que mora ricamente en toda nuestra comunidad.