Autor
Brandt Gillespie
Resumen: La santa presencia de Dios nos da vida y nos transforma más allá de lo que el esfuerzo humano puede lograr. La vida de Saúl revela tanto el potencial que Dios nos ha dado como la fragilidad de un carácter no desarrollado: bajo la unción del Espíritu se convirtió en una persona diferente y habló con valentía; sin embargo, más tarde fue dominado por el miedo, los celos y las influencias destructivas. Incluso los hombres enviados para capturar a David —y el propio Saúl— fueron sobrecogidos por la atmósfera profética que rodeaba a Samuel. Aquí, la profecía no consiste únicamente en predecir el futuro ni en buscar excesos carismáticos, sino en proclamar la palabra de Dios con valentía y autoridad divinas. Nuestra cultura no será transformada por sus propias herramientas, el análisis psicológico ni el esfuerzo humano, sino por un encuentro inconfundible con el poder de Dios. Por eso necesitamos comunidades que mantengan viva la llama santa, cooperen con el Espíritu, convivan con amor y sinceridad, y hagan accesible a otros la presencia de Dios. Esto requiere hambre espiritual, entrega y pasos de fe responsables: recibimos la palabra de Dios, asumimos riesgos, ejercemos los dones espirituales y confiamos en que él actúe a su manera.
Simplemente temblamos ante el hecho de que tú, el Dios santo ….., nos invites a la unión y la comunión contigo ….. Señor, es un milagro del que somos completamente indignos; somos completamente incapaces de encontrar algo ….. en nosotros, de no ser por tu sangre, de no ser por tu gracia, de no ser porque tú vienes y haces lo que haces cuando trasciendes la tierra y el cielo, el espacio y el tiempo.
Señor, esto es lo que anhelamos y lo que estamos experimentando, y decimos: Señor, estamos agradecidos. Decimos que estamos agradecidos. Señor, es tu presencia la que anhelamos, la que deseamos fervientemente; es tu gloria la que hace soportable la vida. Señor, cuando vienes a visitarnos y te experimentamos, tomas toda la muerte que, Dios, de otro modo nos domina, y la vivificas; la vemos dominando el planeta de tantas maneras. Pero, Dios, cuando entramos en tu presencia, simplemente cobramos vida. Solo decimos: gracias, Señor. Gracias, Señor. Gracias, Señor.
Voy a invitarlos a sentarse, pero realmente quiero que permanezcamos muy presentes a lo que Dios está haciendo aquí y que hagamos todo lo posible por estar plenamente conscientes y plenamente atentos a lo que el Señor quiere llevar a cabo.
Hoy estuve examinando algunos de los pasajes de las Escrituras que se refieren particularmente a la vida de Saúl. Saben, Saúl es una mezcla de tantas cosas que vemos. Lo observamos y vemos la grandeza, la fuerza y el potencial, supongo, de tantas maneras, y eso se convierte en aquello en lo que fijamos nuestra atención durante las primeras etapas de su vida.
Y luego vemos las tragedias que le sobrevienen, las debilidades que quedan expuestas en él, el carácter que permaneció sin desarrollar y su incapacidad para cumplir verdaderamente todo aquello que, al contemplarlo, supongo que Dios habría dispuesto para él; es decir, ese potencial asombroso y maravilloso que está presente en todos y que se realiza en cierta medida y en cierto grado, pero no se realiza en otras medidas y grados.
Si tienen sus Biblias, los invito a acompañarme en Primera de Samuel, capítulo 10; también pueden hojear hasta el capítulo 19 y dejar allí el dedo, porque también lo visitaremos.
Pero, al mirar el versículo 1 de Primera de Samuel 10, dice: «… Entonces Samuel tomó un frasco de aceite, lo derramó sobre la cabeza de Saúl y lo besó, diciendo: “¿No te ha ungido el Señor como líder sobre su heredad? Cuando hoy te alejes de mí, te encontrarás con dos hombres cerca de la tumba de Raquel, en Selsa, en la frontera de Benjamín, y te dirán: ‘Las asnas que saliste a buscar han sido encontradas, y ahora tu padre ha dejado de pensar en ellas y está preocupado por ti. Está preguntando: ¿Qué haré acerca de mi hijo?’”
Y en el versículo 3 dice: «…. Luego seguirás desde allí hasta llegar al gran árbol de Tabor. Allí se encontrarán contigo tres hombres que suben a encontrarse con Dios en Betel. Uno llevará tres cabritos; otro, tres panes; y otro, un odre de vino. Te saludarán y te ofrecerán dos panes, que aceptarás de ellos. Después irás a Guibeá de Dios, donde hay un destacamento filisteo. Al acercarte a la ciudad, te encontrarás con una procesión de profetas que bajan del lugar alto, precedidos por personas que tocan liras, panderos, flautas y arpas, y ellos estarán profetizando. El Espíritu del Señor vendrá sobre ti con poder, profetizarás con ellos y serás transformado en una persona diferente. Una vez que estas señales se cumplan, haz lo que tu mano encuentre que hacer, porque Dios está contigo.
Desciende delante de mí a Gilgal, y ciertamente yo descenderé hasta ti para sacrificar holocaustos y ofrendas de comunión; pero debes esperar siete días, hasta que yo vaya a ti y te diga lo que debes hacer».
Cuando Saúl se volvió para dejar a Samuel, Dios cambió el corazón de Saúl, y todas estas señales se cumplieron aquel día. Cuando llegaron a Guibeá, una procesión de profetas salió a su encuentro, y el Espíritu de Dios vino sobre él con poder. Se unió a ellos en su profetizar. Cuando todos los que antes lo habían conocido lo vieron profetizando con los profetas, se preguntaron unos a otros: «¿Qué es esto que le ha sucedido al hijo de Cis? ¿También Saúl está entre los profetas?».
Un hombre que vivía allí respondió: «¿Y quién es el padre de ellos?». Así que se convirtió en un dicho: «¿También Saúl está entre los profetas?». Después de que Saúl dejó de profetizar, fue al lugar alto.
Entonces el tío de Saúl les preguntó a él y a su siervo: «¿Dónde han estado?». «Buscando las asnas», respondió él, «pero cuando vimos que no aparecían, fuimos a Samuel». Entonces el tío de Saúl dijo: «Dime qué te dijo Samuel». Saúl respondió: «Nos aseguró que las asnas habían sido encontradas». Pero no le contó a su tío lo que Samuel había dicho acerca del reino.
Samuel convocó al pueblo de Israel ante el Señor en Mizpa y les dijo: «Esto es lo que dice el Señor, Dios de Israel: “Yo saqué a Israel de Egipto y los libré del poder de Egipto y de todos los reinos que los oprimían; pero ahora ustedes han rechazado a su Dios, quien los salva de todas sus calamidades y angustias, y han dicho: ‘No, establece un rey sobre nosotros’. Preséntense ahora ante el Señor por sus tribus y clanes”».
Cuando Samuel hizo acercarse a todas las tribus de Israel, fue escogida la tribu de Benjamín. Luego hizo pasar a la tribu de Benjamín clan por clan, y fue escogido el clan de Matri. Finalmente fue escogido Saúl, hijo de Cis; pero cuando lo buscaron, no pudieron encontrarlo.
Así que volvieron a consultar al Señor: «¿Ha venido ya el hombre aquí?». Y el Señor dijo: «Sí, se ha escondido entre el equipaje». Corrieron y lo sacaron, y cuando estuvo de pie entre el pueblo, sobrepasaba a todos los demás por una cabeza.
Samuel dijo a todo el pueblo: «¿Ven al hombre que el Señor ha escogido? No hay nadie como él entre todo el pueblo».
Entonces el pueblo gritó: «¡Viva el rey!».
Dentro de un momento iremos a Primera de Samuel, capítulo 19. Vamos a examinar otro aspecto de la vida de Saúl. Pero quería volver a centrar nuestro enfoque y nuestra atención en los versículos 5, 6 y 7. La palabra que recibió Saúl siendo joven fue que después iría a Guibeá de Dios, donde había un destacamento filisteo; al acercarse a la ciudad, se encontraría con una procesión de profetas que bajaban del lugar alto, precedidos por personas que tocaban liras, panderos, flautas y arpas; ellos estarían profetizando, y el Espíritu del Señor vendría sobre él con poder, y él profetizaría con ellos. Sería transformado en una persona diferente.
Lo que quiero que realmente nos preguntemos y examinemos es la fragilidad de nuestra humanidad, aquello que forma parte integral de nuestra constitución. Saben, todos somos como Saúl; todos tenemos potencial dado por Dios. Cada uno de nosotros, bajo la unción de Dios, puede hacer cosas grandiosas, milagrosas y poderosas. Eso es lo que dice: «Una vez que estas cosas se cumplan, haz lo que tu mano encuentre que hacer, porque Dios está contigo».
Cuando están bajo la unción de Dios —y voy a decir esto como una afirmación bastante amplia y general—, no voy a abrir recovecos en los que puedan decir que ven esto y objetan aquello, porque estoy seguro de que podrían presentar esa clase de argumentos si observan todas estas cosas e intentan examinarlas bajo un microscopio. Pero la realidad es que, cuando Dios los respalda, cuando él es quien impulsa y esto no nace de la humanidad, del yo, del esfuerzo ni del deseo humano, quiero decir, pueden ser audaces, increíblemente, increíblemente audaces.
Y lo que sentí, pastor Roberto, cuando le pregunté al Señor qué compartir aquí, fue que debía examinar estos pasajes y hablar de este lugar a la luz de estar entre la compañía de quienes profetizan.
Ahora bien, no estoy intentando desviarme de una manera singular …………… hacia alguna clase de pasaje que conduzca a desenfrenos y excesos carismáticos en la profecía, el profetizar y todo eso. Y sí quiero decirlo porque el lenguaje es importante y puede comunicar muchas cosas distintas a muchas personas distintas. Estoy hablando del poder de Dios para proclamar la palabra con audacia y autoridad. Estoy hablando de profetizar, no solo en el sentido de predecir místicamente algo futuro, sino en el sentido —creo yo, el verdadero sentido bíblico, el que abarca el amplio panorama de toda la Escritura— de lo que sucede cuando el poder de Dios viene sobre las personas. Este es el lenguaje que usan: profetizan.
Y dentro de un momento examinaremos algunas de las distintas etapas que tuvieron lugar en la vida de Saúl y cómo, cuando Saúl quedaba bajo esa unción, era transformado y cambiado. Pero la realidad es que eso es lo que les sucede a ustedes y lo que me sucede a mí: nos convertimos en personas diferentes cuando estamos bajo la unción de Dios. Realmente no seguimos siendo exactamente los mismos.
Ahora bien, con esto no se pretende hablar de alguna clase de duplicidad, sino que, cuando estamos inmersos en su presencia, cuando percibimos su presencia, cuando estamos en su presencia y rodeados de ella, eso es transformador. Cambia nuestra naturaleza más profunda. Cuando, como vemos, los celos que surgieron en la vida de Saúl echaron raíces, y el temor al que de alguna manera se aludía allí en las primerísimas etapas, cuando estaba a punto de ser anunciado como rey… no podían encontrarlo. ¿Por qué no podían encontrarlo? Porque estaba escondido entre el equipaje. ¿Por qué estaba escondido entre el equipaje? Porque algo estaba …… en sus pensamientos, porque no creía que perteneciera allí, no creía que hubiera… pueden llamarlo timidez; podrían analizarlo y tratar de averiguar exactamente qué sucedía psicológicamente dentro de él como ser humano al verse ante aquello. ¿No se han sentido así? Yo me he sentido así. Ustedes lo han experimentado, ¿verdad? Han estado en determinadas circunstancias, han sido llamados a algún lugar, han tenido oportunidades y piensan: «No estoy preparado para esto», «esto no puede ser para mí».
Por tanto, no es como si estuviéramos aquí sentados, contemplando a Saúl con una actitud crítica y pensando: «Saben, ¿qué le pasaba?». Saben, tenía a Samuel, estaba bajo la unción, tenía todas estas cosas sucediendo a su alrededor. La realidad es que eso refleja lo que sucede dentro de nosotros a medida que avanza la vida, porque quedamos sujetos a distintas influencias y, según las influencias a las que estemos sujetos, realmente nos convertimos en personas muy diferentes.
Ahora bien, no intento asustarlos. No sé qué sucedió al final de la vida de Saúl. No sé por qué acudió a la bruja de Endor y finalmente decidió aliarse con la adivinación, con la adivinación, sintiendo de alguna manera que había quedado apartado del Dios amoroso que le había dado tantos privilegios y tantas oportunidades. Y no sé cómo juzgará Dios todo eso. Sencillamente no lo sé. No estoy aquí para tratar de resolverlo, ni intento pintar en sus mentes ninguna imagen particular de él o de su recorrido. Pero lo que quiero que hagamos es que comencemos a comprender algo acerca del núcleo de todo esto: comprender algo acerca de crear un ambiente en el que la unción esté presente, en el que resida el espíritu de profecía en el sentido amplio de la interpretación de esa palabra y en el que, cuando las personas entren en ese lugar, se conviertan en personas diferentes. Hacia allí me dirijo con esto.
Pero, de camino, quiero llevarlos al capítulo 19. Al examinar algunas de las cosas más difíciles, comenzando en el versículo 17, es necesario resumir rápidamente un poco del trasfondo. Mical era hija de Saúl, y la relación entre Mical y su padre Saúl era bastante retorcida. No quiero decir necesariamente enfermiza o pecaminosa en ese sentido, sino muy manipuladora, muy divisiva, muy centrada en la posición, tratando de averiguar cómo… Saúl sentía muchos celos por el hecho de que David tenía muchísimo éxito en la batalla y recibía elogios del pueblo, y trataba de averiguar cómo involucrar a su hija y usar eso como medio de control. Saben, uno sencillamente ve tantas cosas; quiero decir, este hombre necesitaba veinte años de trabajo, saben, con el mejor de los terapeutas, para poder intentar desentrañar todo lo que sucedía dentro de su corazón y de su mente.
Y Saúl le dijo a su hija Mical: «¿Por qué me engañaste? —esto ocurre más adelante; para entonces ella está casada con David, y él está tratando de encontrar una manera de matar a David y de utilizar a Mical para poder acercarse y asesinarlo de hecho; por eso le dice a su hija Mical—. ¿Por qué me engañaste de esta manera y dejaste escapar a mi enemigo —que es David—, de modo que huyó?». Y Mical le dijo a él —a su padre—: «Él —es decir, David— me dijo: “Déjame escapar. ¿Por qué habría de matarte?”».
Y cuando David huyó y logró escapar, fue hasta Samuel en Ramá y le contó todo lo que Saúl le había hecho. Entonces él y Samuel fueron a Naiot y se quedaron allí.
A Saúl le llegó la noticia de que David estaba en Naiot, en Ramá, así que envió hombres para capturarlo; pero cuando estos vieron a un grupo de profetas profetizando, con Samuel de pie allí como su líder, el Espíritu de Dios vino sobre los hombres de Saúl, y ellos también profetizaron.
Ahora bien, entiendan esto: Saúl ha enviado a sus hombres para capturar y matar a David. Ellos llegan, se encuentran con Samuel y se topan con él y con el grupo de personas que lo rodea y que está profetizando; y, en lugar de actuar como asesinos, empiezan a profetizar, quedan bajo la unción del Espíritu de Dios. Y eso lo trastorna todo.
Entonces se lo contaron a Saúl, y él envió más hombres y ellos, según dice, también profetizaron. Esto está en el versículo 21 del capítulo 19: «… Saúl envió hombres por tercera vez, y también profetizaron».
Ahora bien, no sé ustedes, pero uno pensaría que eso tendería a llamar la atención de cualquiera. Es decir, envías a tus hombres, a tu ejército, a tus asaltantes furtivos, a tus comandos, a tu fuerza Delta; los envías para que vayan y maten a quien él percibía como el enemigo. Y cada vez que se acercan, se encuentran con este espíritu de profecía. Se topan con algo que los transforma y los cambia.
Entonces, ¿qué dice el versículo 22? «Finalmente, el propio Saúl partió hacia Ramá y fue a la gran cisterna de Secú, y preguntó: “¿Dónde están Samuel y David?”. “En Naiot de Ramá”, le respondieron. Así que Saúl fue a Naiot de Ramá, pero el Espíritu de Dios vino incluso sobre él, y siguió caminando y profetizando hasta llegar a Naiot.
Entonces se quitó sus vestiduras y también profetizó en presencia de Samuel. Permaneció tendido de esa manera todo aquel día y toda aquella noche. Por eso dicen: “¿También Saúl está entre los profetas?”.
Parece una historia extraña, y lo es. Lo es. Pero voy a presentarles mi convicción, con la esperanza de que esa clase de unción sea posible. Esa clase de presencia es irresistible. No creo que esto sea simplemente una ficción bíblica, una fantasía o algo que quizá sucedió hace cientos de años y que, ya saben, uno pudiera mirar retrospectivamente desde un punto de vista histórico y decir: «Bueno, ya saben, eran supersticiosos», o lo que sea.
Estoy aquí para decirles que, con una fe sencilla y con quietud de espíritu, creo en un Dios capaz de hacer eso en las vidas. Creo que esa presencia y ese poder evidentes de Dios son tan grandes que, cuando la humanidad se encuentra y entra en contacto con esa clase de presencia y poder, nada puede interponerse en su camino.
Recuerden al hombre que fue enviado a profetizar contra Israel e iba montado en el asno, y no pudo… cada vez que se levantaba para profetizar contra, ya saben, Israel, no podía hacerlo.
Vivimos en una cultura y vivimos en una época que, para ser transformadas, van a requerir esa clase de evidencia de la presencia y el poder de Dios. No lo digo con ánimo crítico, en un sentido crítico. De verdad que no. Pero toda la buena predicación y enseñanza psicológica y analítica no puede afectar realmente a esta cultura. No podemos usar las herramientas de esta cultura. Eso no significa que tratemos de ser irrelevantes ni que no seamos conscientes y no hablemos el lenguaje de las personas que viven en esta cultura y en esta época. No estoy hablando de eso; pero lo que sí estoy diciendo, y lo digo con toda la firmeza de la que soy capaz, es que las herramientas y los recursos que el mundo utiliza para efectuar cambios en la cultura no van a funcionar para nosotros en el reino. No van a funcionar. No están mal, y hay iglesias maravillosas que hacen tantas cosas verdaderamente acertadas; y no critico a ninguna iglesia, en ningún lugar, ni a ninguna persona que esté haciendo lo mejor que sabe hacer para lograr cosas. Todos estamos haciendo eso. Todos lo hacemos. Lo hacemos todos los días, pero hará falta algo que esté fuera del ámbito de la racionalidad para poder ver cómo sucede la transformación en las vidas en este tiempo y en esta época.
Así que, al examinar esto, quiero que nos hagamos algunas preguntas. Ya saben, hay muchos ejemplos en la Biblia; podríamos examinarlos, podríamos aprender de ellos, y esos ejemplos bíblicos están allí para alimentar nuestras almas, están allí para recordarnos y están allí para hablarnos. Podemos hablar de Pedro en la cárcel y de toda la iglesia presa del pánico, desesperada por lo que iba a sucederle, y de cómo viene un ángel y lo libera.
Podemos mirar a Pablo y Silas, ….. 16, allí en el cepo. Y, ya saben, nuestra mente natural quiere tratar de descifrar todo esto y decir: sí, hubo un terremoto; y lo miramos en un plano natural y decimos: sí, ellos gritaron: «No, no, no te preocupes, todos estamos aquí», y llega el carcelero y es salvo.
Pero hay algo absolutamente divino en el momento preciso de estar en sintonía con el Espíritu de Dios, cantando y adorando a medianoche; y así están en sintonía con el momento en que Dios va a enviar el terremoto y están en el lugar indicado para que suceda el milagro. Están allí en ese momento en que Dios está listo para intervenir y revelarse, y eso no los toma por sorpresa.
Podríamos examinar y hablar de muchísimas cosas distintas, pero uno de los puntos que quiero señalar es que miramos la condición de las personas y el estado de sus almas y pensamos: ¿cómo diablos se logrará alcanzarlas? ¿Cómo diablos van a encontrar a Dios los impíos? ¿Cómo van a llegar a la fe y cobrar vida?
Pues bien, quiero decir esto: cuando la presencia y el poder de Dios estén allí, simplemente llévenlos allí. Simplemente llévenlos allí. Hay dos cosas que deben suceder: tiene que haber un pueblo, tiene que haber un pueblo que eleve su corazón con el propósito de preservar, cooperar con, rendirse a y moverse con el Espíritu de Dios, para que haya algo fértil de su poder. La analogía que existe es ……… acerca de mantener el fuego santo; la llama santa es muy pertinente. No es simplemente algo distante, algo que está allá afuera, que tiene miles de años y para lo cual hoy no tenemos ningún paradigma. Hoy sí tenemos un paradigma para ello. Es una comunidad de personas. Es una comunidad de personas que estarán vivas con Dios. Es una comunidad de personas que mantendrán disponibles la presencia y el poder de Dios, disponibles, y que, cuando las personas tocaban a Jesús, cuando se acercaban caminando junto a él, él percibía que el poder había salido de ellos, que la virtud había salido de él.
Dios está buscando un pueblo que, como comunidad, determine —no de manera individual, sino con sentido de comunidad— que mantendremos la presencia y el poder de Dios, que cooperaremos con el Espíritu de Dios para que él pueda hacerlo. Porque va a hacerlo. Él ha contemplado toda la historia; siempre está listo.
Ahora bien, podemos discutir algo de teología aquí, si quieren, y estoy seguro de que algunos de ustedes pueden corregirme. Pero mi convicción es que Dios siempre está listo y que nos está esperando. Él toma la iniciativa. Siempre toma la iniciativa en la vida de las personas, pero ocurre de manera singular cuando se alcanza esta convergencia culminante del tiempo y de las personas: cuando se reúnen, cuando están listas, cuando colectivamente le dicen sí al Dios viviente. Cuando eso sucede, ocurren toda clase de cosas, ocurren toda clase de cosas.
Durante los últimos muchos años he estado realizando mucho trabajo de producción de video, y una de las cosas que hice este año pasado fue ir a Yale y grabar a algunos de los oradores y algunas otras cosas; y George……… Junior estaba allí y compartía acerca de las cosas que ha observado, que él personalmente ha visto y observado. Y tenemos que orar por Fiyi debido a las cosas que están ocurriendo allí, en las islas Fiyi, ahora mismo, y no estoy completamente seguro de todo lo que está sucediendo. Sé que hay agitación y un derrocamiento, y que un general se ha alzado, etcétera; y sí tenemos que orar por eso.
Pero él habló de cómo, en el planeta Tierra hoy, no hay ningún lugar del que él tenga conocimiento —y él se dedica disciplinadamente a estudiar esto—, no hay ningún lugar en el planeta Tierra hoy que haya sido como ese durante los últimos 5 años, donde toda la región haya pasado de una pobreza horrible, espantosa, a la abundancia y la bendición; no se trata simplemente de que las personas hayan podido trabajar juntas, conseguir empleo y …….. la economía y todo eso, sino que literalmente ha sido la presencia del poder de Dios sobre la región.
Arrecifes de coral que estaban muertos, muertos, improductivos, que no producían peces ni vida, han vuelto a la vida. Tierras que no producían alimento cuando se sembraban —y no meramente mediante recursos técnicos de información agraria que pudiéramos recopilar con nuestra mente científica— han cobrado vida sobrenaturalmente para producir abundancia, abundancia, en cooperación con una sociedad que se ha movilizado en masa en respuesta a Dios, acudiendo a Dios.
Y, amigos, lo que sencillamente comparto aquí es que Dios está buscando eso. Ha habido palabras proféticas acerca de Boston y de la región y, humanamente, no sé ustedes, pero yo he vivido aquí el tiempo suficiente como para sentir dolor en el alma, a veces, al escuchar esas palabras.
Pero Dios está buscando un lugar y está buscando un pueblo. No voy a volver a las Escrituras para leer más. Está allí para que lo lean, en el capítulo 19.
Hay personas caminando de un lado a otro por estas calles; en algún lugar, en algún momento, podría ser aquí. Van a entrar en sus estupores de embriaguez, arrastrándose en un estado comatoso inducido por las drogas, y serán transformadas por el poder de Dios, por la presencia de Dios. La presencia de Dios y el poder de Dios hacen eso. La unción de Dios hace eso.
Charlotte, me gustaría que compartieras un poco acerca de algunas de las cosas que viste cuando eras niña en tu iglesia. Esta es mi esposa, Charlotte, y mi hija, Bony. ¿Les importaría que ella viniera y compartiera un poco? El padre de Charlotte fue predicador durante muchos años, y ella creció en un entorno donde….. ella se lo contará.
Seré breve, pero cuando era niña realmente vi a Dios obrar de maneras inconfundibles, tan impresionantes que jamás, jamás podría dudar de su poder. Y durante cierto tiempo, en primer lugar, vivimos en una ciudad canadiense más pequeña, que quedaba aproximadamente a una hora y media al este de ……. Una ciudad de treinta mil habitantes, y nuestra iglesia en aquel entonces tenía unas 800 personas, y todos nuestros hijos nacieron allí.
Vivimos allí 13 años, pero no recuerdo un solo domingo de mi infancia en el que no hubiera familias que vinieran al Señor, y sencillamente parecía que vivíamos en un estado constante de renovación y avivamiento, de una manera realmente increíble. Y teníamos, ya saben, en aquellos tiempos, en los años cincuenta, diez reuniones, y en verano salíamos a esta gran carpa, y yo veía, literalmente veía, abrirse los ojos de ciegos, de personas que sabíamos que eran ciegas. No era simplemente la exageración de alguien ni alguien que, ya saben, tratara de manipular algo. Eran personas que vivían en nuestra comunidad.
Y realmente jamás pude dudar del poder de Dios. Y después, cuando nos mudamos a Terano, que es una ciudad de unos diez millones de habitantes, era sencillamente una mezcla de personas. Personas de todas partes del mundo, jóvenes y ancianos, ricos y pobres, sentados unos al lado de otros, y era sencillamente asombroso; pero con frecuencia veíamos entrar a personas de la calle y ser transformadas por el poder de Dios.
Y durante aquellos años, a finales de los sesenta, por supuesto comenzó el movimiento de Jesús, y teníamos literalmente filas y filas y filas de, ya saben, jóvenes con el cabello largo, cuerpos malolientes y todo lo demás, y estaban viniendo a Jesús, estaban viniendo a Jesús.
Y muchas veces, en el culto del domingo por la noche, había en el balcón muchísimas filas de sacerdotes jóvenes, católicos, sacerdotes católicos romanos que se preparaban para el sacerdocio, pero tenían hambre del Espíritu Santo. Tenían hambre de los dones del Espíritu Santo, y vimos a muchos de ellos recibir una gloriosa llenura del Espíritu Santo.
Dios puede hacer tantísimo. Brand y yo estamos aquí esta noche como milagros. Somos simplemente personas comunes, somos personas muy corrientes. También podemos contarles cómo Dios restauró nuestro matrimonio. Estuvimos separados durante cinco años; es una larga historia en la que ciertamente no puedo entrar esta noche, pero Dios nos ha restaurado y nos ha hecho regresar, literalmente, de un páramo, un páramo increíble. Dios puede hacer cualquier cosa. Realmente puede. Su poder es grande. Su fidelidad es increíble, y esta noche estamos aquí sencillamente como milagros de todo eso; y es maravilloso estar con ustedes, animarlos y darles esperanza para que sigan adelante, porque Dios realmente puede hacer lo imposible.
Muy sencillamente, quiero que le pidamos a Dios que nos ayude a decirle sí de verdad, a convertirnos realmente en una comunidad de personas disponibles, disponibles.
Padre… por favor, pónganse de pie. Padre, Padre, queremos sencillamente rendirnos a ti, Señor. Padre, queremos rendirnos a ti ahora mismo. Señor, en realidad no somos más que meras imágenes de las cosas que vemos en la vida de Saúl, pero, Dios, se nos recuerda que hay decisiones implicadas, hay decisiones, Señor, que debemos tomar en cuanto al nivel, al grado, a la medida en que podremos decirte sí. Dios, ¿podrías, podrías descorrer un poco el velo esta noche? ¿Podrías enviar tu Espíritu para que repose sobre este lugar? ¿Nos darías la capacidad de recibir a tus ángeles para que sean nuestros guías? Sabemos que están allí en un sentido protector; tenemos muchas ideas acerca de las asignaciones que tienen en lo que respecta a interactuar con nosotros. No lo entendemos bien, Señor, pero ni siquiera queremos fingir que conocemos aquello que es tan misterioso; pero te pedimos, Señor, ¿podrías simplemente, simplemente tomar tu mano y apartar el velo?
Señor, recordamos las palabras de Pablo acerca de que los cielos eran su ……, cómo se nos presenta una imagen de esta membrana impenetrable entre la tierra y el cielo, este concepto rígido e inamovible de que nosotros estamos aquí y tú estás allá; pero, Señor, sencillamente te pido: ¿podrías adelgazar la membrana entre la tierra y el cielo?
Señor, llévanos siquiera a ese estado translúcido, para que podamos levantar los ojos y ver realmente tu gloria; no solo desearlo con esperanza, Dios, no solo en el sentido de cantar acerca de ello, Dios, no solo en el sentido de …… y anhelar estar allí, sino, Señor, en un sentido en el que tú transformes nuestras realidades y nuestras percepciones lleguen a ser diferentes.
Señor, recordamos a Saúl, decidido en su corazón a ir a matar a alguien, y entra en aquel ambiente y no puede hacerlo. Es diferente. Señor, tú y yo, tú y nosotros, Señor, tenemos esto en común: queremos estar juntos en la intersección donde Dios y los seres humanos se encuentran. Queremos llegar allí en el transcurso de nuestra vida; queremos decir, como Job, que contemplamos tu gloria con nuestros ojos, que hemos visto algo absolutamente transformador, Señor, porque hemos estado donde tú te encuentras con la humanidad.
Padre, no queremos limitarnos a espiritualizar; no queremos limitarnos a decir palabras; no queremos ser culpables, Señor, de fingimiento. Pero te pedimos, Señor: ¿vendrías ahora?, ¿nos elevarías?, ¿harías lo que fuera necesario, Señor, para hacer que se unan tú, el Dios santo, y nosotros, el pueblo frágil?
Espíritu Santo, te decimos que no sabemos cómo hacer esto, no sabemos cómo hacerlo. No conocemos los mecanismos. Pero, Señor, nos has dicho que en realidad se trata de ser guiados por tu Espíritu; los que son guiados por tu Espíritu serán llamados hijos de Dios, y te pedimos, Señor, que nos guíes.
Padre, envuelve este lugar, este grupo de personas, esta noche, Señor, en tu presencia. Señor, no podemos hacernos diferentes a nosotros mismos; algunos hemos entrado y salido de grupos, hemos ido y dejado la terapia, y hemos pasado de una cosa a otra, Señor; eres tú quien cambia y transforma.
Ven, ven, Señor. Ven.
Santo Espíritu de Dios, te necesitamos ahora. Te necesitamos, Señor.
Saben, para que tenga lugar esa clase de unción, necesitamos correr riesgos; hay una parte que nos corresponde hacer. Declaramos ciertas cosas, declaramos que creemos en la palabra de Dios, y entonces necesitamos abrir espacios para que eso ocurra y necesitamos correr riesgos, colocándonos en un lugar donde el Espíritu Santo pueda usarnos para que suceda.
Creo que esta noche, antes de irnos de aquí, como congregación que procura ser un espacio donde Dios pueda hacer su obra y moverse entre nosotros, me gustaría pedirles a todos —y, por favor, no se sientan en absoluto presionados individualmente a hacerlo; háganlo únicamente si se sienten cómodos y sienten que Dios les está hablando de manera particular— que pasen al frente. Tengo aquí un poco de aceite para ungir, y me gustaría que Brand pasara al frente conmigo; sencillamente vamos a ungir a quienes buscan que el Espíritu fluya con mayor intensidad en sus vidas. Sé que yo quiero que ese Espíritu fluya en mi vida.
Y, saben, comienza de esa manera: el Espíritu Santo quiere hacer cosas en nosotros, pero tenemos que dar un paso. Dios no lo hace todo, porque, si lo hiciera todo, entonces seríamos meros parásitos; no desarrollaríamos los dones, no desarrollaríamos las capacidades, no desarrollaríamos la actitud. Así que es necesario que el pueblo de Dios que tiene hambre de Dios dé pasos de fe, y cuando damos pasos de fe, entonces Dios actúa. Ese es el patrón de las Escrituras una y otra vez. Nos aferramos a la palabra de Dios, corremos un riesgo, actuamos conforme a ella y después dejamos que él se haga responsable. No somos nosotros; yo no soy nadie. Tampoco el aceite es nada; estos son tan solo símbolos que activamos mediante nuestra fe.
Así que, si quieren pasar al frente esta noche, de una manera muy sencilla, solo quisiera ungirlos y pedir en oración que el Espíritu de Dios obre en sus vidas, que los dones del Espíritu fluyan en sus vidas. Eso es lo que queremos. Queremos una comunidad ungida, una comunidad ungida; eso es lo que Dios quiere levantar en esta ciudad: un cuerpo ungido de hombres y mujeres que viven la palabra de Dios, que viven unidos bajo un mismo yugo, en amor y sinceridad, permitiendo que el Espíritu Santo levante esa comunidad y haga de ella una comunidad de poder y autenticidad, donde las personas que vienen de fuera digan: «¡Guau! Hay algo diferente en esta comunidad; hay algo que no estoy acostumbrado a ver afuera. Dios debe de estar allí, y yo quiero eso para mi vida».
Y, si tienen fe, puede suceder en sus vidas esta noche. Saben, esto no se trata de nada espectacular; quiero decir, es por fe. Cuando declaremos la unción del Espíritu Santo sobre sus vidas y los dones del Espíritu, quiero que digan dentro de ustedes: «Sí, Señor, recibo tu unción». No es por el hombre que me está ungiendo u orando por mí. Es porque tú estás actuando por medio de tu palabra y yo, por fe, activo esa palabra dentro de mí.
Y creo que esta noche, al decirle sí a tu Espíritu, recibiré algo diferente y saldré de este lugar con algo diferente. Y entonces comenzaré a caminar por fe como si lo hubiera recibido. Oraré por los enfermos. Me acostaré creyendo que esta noche vas a darme un sueño o una revelación. Creeré que me darás oportunidades en mi trabajo para hablar de Cristo con autoridad y que llevaré a personas al conocimiento salvador de Jesucristo. Creo que sanarás. Creo que harás de mí un instrumento de tu palabra profética. Todas estas cosas son los dones del Espíritu. Pueden comenzar a fluir a través de sus vidas a medida que actúen con fe y que oremos por la unción del Espíritu Santo sobre sus vidas.
Quiero que participen con nosotros mientras, en obediencia, pedimos la unción del Espíritu Santo sobre sus vidas y creemos que Dios lo hará a su manera, según sus caminos; no a la manera del hombre, sino a la suya. Dios lo hará esta noche. Digamos amén a eso.