
Resumen: Fanny Rodríguez es líder activa de la Congregación León de Judá y ha servido fielmente durante 27 años bajo las enseñanzas del pastor Roberto Miranda. Es trabajadora social y maestra en las Escuelas Públicas de Boston. También lleva el mensaje de salvación y amor del Señor a una pequeña vereda en Colombia. Su sueño es que Dios sane el sistema educativo de Estados Unidos y la siga usando para extender el Reino de Dios.
Fanny Rodríguez es líder activa de la Congregación León de Judá. Viajó a Estados Unidos buscando recuperarse del fallecimiento de su padre, sin saber que Dios la estaba llamando a una relación de entrega a El. De manera maravillosa la dirigió a esta iglesia que comenzaba y ha servido fielmente desde hace 27 años; bajo las enseñanzas y discipulado del pastor Roberto Miranda. Fanny obtuvo la Licencia de trabajadora Social en Boston University y más tarde una maestría en Educación de la Universidad de Massachusetts, y enseña en las Escuelas Públicas de Boston. Su compromiso con el Señor le ha permitido usar los dones que El le ha dado en administración, adoración, enseñanza y consejería. También ha estado llevando el mensaje de salvación y amor del Señor a una pequeña vereda en Colombia donde niños y padres de la escuelita comunal han tenido un encuentro con el Señor en sus viajes de vacaciones que Dios transformó en misioneros. Su sueño y petición es que Dios sane el sistema educativo de Estados Unidos permitiendo la oración y que la siga usando donde quiera que ella esté para extender el Reino de Dios.
Al igual que en una sala de cirugía, cuando aceptamos a Jesús como nuestro Salvador, debemos estar dispuestos a entrar en el quirófano divino para que Él extirpe el pecado de nuestras vidas. Es un proceso doloroso pero sanador y liberador. El comienzo del año es un buen momento para que el Espíritu Santo examine nuestras debilidades y nos guíe a reconocer las áreas que necesitan ser extirpadas. Debemos expresarle a Dios nuestro deseo de ser transformados y usados como instrumentos de libertad para otros.
En la película "El Príncipe y el Mendigo" dos hermanos gemelos separados al nacer, uno vivió como príncipe y el otro como mendigo. Un día deciden cambiar de posición y el príncipe se enfrenta a un mundo inhóspito que lo rechaza. Esta película me hizo reflexionar sobre la vida de Jesús, quien se humilló al encarnarse y venir a un mundo hostil para reconciliar a la humanidad con Dios. En esta época de Navidad, recordemos que el verdadero significado es la adoración a Jesús. Si no lo tienes en tu corazón, ese es el mejor regalo que puedes recibir. Que la visitación de Jesús llene de adoración a todos en este tiempo difícil.
En medio de la suciedad de los autos después de una tormenta en Boston, un auto blanco limpio resaltó y me hizo pensar en nuestro llamado a ser la luz del mundo. Debemos vivir nuestras vidas de manera que los demás vean que somos diferentes y guiados por los valores del Reino de Dios. Esto incluye nuestra responsabilidad, puntualidad, excelencia en el trabajo, hogares armoniosos y bien dirigidos, y nuestras actitudes y carácter al manejar situaciones de conflicto. Debemos vivir vidas íntegras delante de Dios para impactar este mundo y hacer que otros deseen conocer al que nos transformó. Nuestra búsqueda continua de santidad nos ayudará a tener un testimonio que haga que otros vuelvan la mirada con intriga y vean y escuchen acerca del autor de nuestra salvación.
En medio de las tormentas de la vida, levantemos nuestra mirada al Padre celestial y dependamos de Él. Si el Señor está en la barca de nuestra vida, calmará la tormenta. Si aún no hemos tenido un encuentro con el Señor Jesucristo, podemos hacerlo hoy y comenzar este año con Él en nuestra vida. Que Dios nos bendiga y nos mantenga firmes en la fe en medio de las tormentas.
Deleitarse en la presencia del Señor es un deleite duradero que puede ser difícil de encontrar en medio de los afanes del diario vivir. Una manera de hacerlo es cantando versos bíblicos con música propia durante el tiempo a solas con Él. Esto no garantiza recibir todo lo que se le pide, pero da paz para esperar o recibir una respuesta negativa. Se insta a deleitarse en la presencia de Dios solo para disfrutar de su compañía.
En este pasaje de Juan, vemos un diálogo entre Felipe, Natanael y Jesús en el que se destaca la importancia de la integridad y el carácter. En la sociedad actual, se valora más las credenciales que el carácter, pero como cristianos debemos cultivar el carácter de Jesús. Debemos cuidar la imagen de Jesús que llevamos a nuestro trabajo y hogar. Oremos para que el Espíritu Santo nos fortalezca en este camino.
Los niños construyen un castillo de arena que es destruido por la marea, pero ellos siguen riendo y disfrutando. La autora reflexiona sobre cómo los adultos nos preocupamos por cosas que no durarán, en lugar de enfocarnos en sembrar amor en nuestra familia. Pide a Dios ayuda para priorizar lo importante y ser un reflejo de su amor.
Un hombre sabio dijo que lo más sorprendente de la humanidad es que se aburren de ser niños y quieren crecer rápido, pero luego desean ser niños de nuevo. También dijo que la vida no trata de lo que tenemos, sino de a quién tenemos en nuestras vidas. El dinero no puede comprar la felicidad y es importante enamorarse de la personalidad de una persona, no solo de su apariencia física. La sabiduría para vivir una vida plena se encuentra en seguir el ejemplo de Jesús y cultivar una relación profunda con Él a través de la lectura diaria de la Palabra de Dios. Esto nos ayudará a tener victoria en todas las situaciones y vivir una vida plena. Se pide a Dios que nos ayude a vivir vidas que le agraden y que sean testimonio de su poder.
La película "Pay forward" inspiró al autor a reflexionar sobre cómo podemos transformar el mundo a través de la ayuda y el evangelismo. Hace un llamado a organizar nuestras prioridades para cumplir con el mandato de hacer discípulos y sembrar la semilla de la palabra de Dios en las personas necesitadas. Termina con una oración pidiendo sabiduría y denuedo para cumplir con este propósito.
El autor comparte una enseñanza que su padre les dio antes de morir, enfatizando la importancia de la unidad y armonía en la familia. El padre les dio un ejemplo con palillos, diciendo que juntos son más fuertes que separados. El autor reflexiona sobre la importancia de la unidad familiar, especialmente en un tiempo donde las familias están siendo atacadas por el enemigo. El autor concluye con una oración por la unidad y armonía en su familia y en la iglesia.
La estudiante Dina es inteligente pero tiene problemas de carácter, es agresiva y no sabe resolver conflictos de forma adecuada. Después de un incidente en el recreo, ella entiende la importancia de las consecuencias de sus acciones y aprende sobre la gracia y la misericordia de Dios. La autora ora por aquellos que luchan con sus debilidades de carácter y pecados, pidiendo ayuda para caminar en integridad y extender gracia a los demás.
Dios nos creó y nos dio vida, pero nos alejamos de Él para seguir nuestra propia voluntad. Aunque podemos sentirnos completos, lejos del Creador desconocemos el propósito para el cual fuimos hechos. Jesucristo pagó un alto precio por nosotros y hace posible nuestra reconciliación con Dios y una vida verdaderamente nueva. Cada persona ha recibido una habilidad única, un don destinado a cumplir un propósito mayor que simplemente obtener un salario. Sea cual sea nuestro trabajo, podemos usar ese don para transformar nuestro entorno, llevar luz en medio de las tinieblas, comunicar paz y sembrar en otros el amor de la Palabra. Para Dios somos valiosos en toda ocupación.
La Navidad transforma el ambiente y nos invita a celebrar con alegría, reconciliación y música que honra el nacimiento de Jesús. Él es el verdadero significado de esta celebración: Dios se despojó de su realeza, asumió un cuerpo humano y se hizo siervo para salvarnos. Antes yo reservaba los cánticos y alabanzas para Navidad y la iglesia, pero ahora disfruto alabar a Dios durante todo el año. Hagamos también de nuestros hogares lugares de alabanza, pues esta música puede fortalecernos, consolarnos y llenarnos de paz. Recibamos a Jesús, démosle prioridad, leamos y atesoremos su Palabra, y compartamos este maravilloso regalo con otros.
Dios permanece firme como el sol en su lugar. Cuando lo ponemos en el centro de nuestra vida y mantenemos la mirada fija en Él, caminamos en su luz, aun si las tormentas nos impiden percibirla. Darle la espalda, en cambio, nos conduce a la oscuridad. Muchas decisiones equivocadas nacen de actuar sin consultarlo, pero su misericordia y su gracia nos reciben y nos libran cuando clamamos. Por eso debemos buscar su dirección incluso en asuntos pequeños, atendiendo tanto a la confirmación como a la incomodidad del Espíritu Santo. Podemos confiar en que Dios no cambia: nos ama, nos limpia y sigue atento a nuestras necesidades.
Así como un GPS guía al conductor por una ruta desconocida y vuelve a orientarlo cuando se desvía, Dios dirige nuestro caminar. Abraham salió sin conocer el destino ni el camino, confiando en la promesa divina; aunque intentó resolver dificultades mediante sus propios atajos, Dios lo libró y lo condujo a la tierra prometida. Nosotros también necesitamos dirección cuando no sabemos qué decisión tomar. La Palabra de Dios es nuestro Manual de Vida, y el Espíritu Santo nos concede sabiduría para discernir su voluntad y hallar solución en los conflictos. Por eso debemos buscar diariamente su presencia, alimentarnos de su Palabra y clamar a Él en todo tiempo, cultivando una fe real como la de Abraham.
José pudo perdonar a sus hermanos porque cultivó una comunión continua con Dios y descansó en su presencia durante el rechazo, la esclavitud, la tentación y la cárcel. Aunque ellos recibieron su perdón, siguieron temiendo porque no se apropiaron de una gracia que consideraban inmerecida. También nosotros podemos creer que nuestro pecado no tiene perdón, especialmente si otros aún nos condenan. Sin embargo, la sangre de Jesús nos limpia completamente y nos ofrece perdón total. Debemos recibirlo, perdonarnos a nosotros mismos y caminar libres, confiando en el poder del Espíritu Santo para vivir con integridad. La gracia recibida también nos capacita para perdonar a quienes nos han hecho daño.
El amor puede impulsarnos a actuar con valentía y sacrificio, como la madre que, sin saber nadar, se lanzó al lago para salvar a su hija. Con mayor perfección, Dios nos amó cuando aún vivíamos en pecado y envió a su único Hijo para que recibamos vida eterna por medio de Cristo Jesús. Este maravilloso regalo de salvación merece nuestra gratitud y una respuesta diaria: amar a Dios completamente, obedecer sus mandamientos y llevar su amor a los demás. Debemos pedirle que nos enseñe a amar total e incondicionalmente, especialmente a quienes nos han herido o con quienes tenemos problemas, comenzando por nuestra familia, amistades y compañeros.
El amor humano puede hacernos sentir especiales, pero nunca se compara con el amor infinito y eterno de Dios. Él nos atrae con cuerdas de amor e insiste en comunicarse con nosotros; sin embargo, los afanes, los compromisos, las amistades y aun la familia pueden distraernos hasta impedirnos percibir sus llamados y su presencia. Necesitamos apartar tiempo de nuestra rutina, guardar silencio y escuchar al Espíritu Santo. Incluso podemos cambiar aquello que ocupa nuestros oídos por alabanzas que nos ayuden a entrar en la presencia de Dios. Busquemos estar con nuestro Padre no solo para presentarle peticiones, sino para deleitarnos en su presencia y aprender a escucharlo.
La Navidad celebra la venida de Jesús, el Salvador prometido por Isaías y anunciado a María como Rey eterno. Aunque merece todo honor y soberanía, no vino revestido de poder terrenal, sino que se despojó de su realeza para asumir nuestra fragilidad humana y servir obedientemente al Padre. Jesús mismo es el regalo de Dios y el verdadero significado de la Navidad. Por eso, no permitamos que los regalos, preparativos y cenas aparten nuestra atención de él. Junto con nuestras familias y amistades, agradezcámosle, alabémoslo y honrémoslo. Si aún no lo reconoces como Rey de tu vida, ríndete a él y recibe perdón y salvación.
La muerte y resurrección de Cristo nos dieron comunicación directa con el Padre celestial, sin necesidad de intermediarios. Podemos acudir a Dios en todo tiempo, confiando en su promesa: Él responde, revela lo desconocido y da sabiduría abundantemente. Esta comunión no debe limitarse a enfermedades, dificultades económicas, conflictos familiares, soledad o decisiones complejas. Dios también quiere escuchar nuestras alegrías, victorias y gratitud. Por eso, compartamos con Él cada bendición y celebremos la nueva vida recibida, haciendo de Jesús el centro de nuestro hogar. Pedimos una comunión constante que nos lleve a consultar primero a Dios en los días malos.

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