Una Comunidad Diversa y Ungida

Omar Soto

Autor

Omar Soto

Resumen: Jesús nos bautiza en el Espíritu Santo, mientras que el Espíritu Santo bautiza a cada creyente en el único cuerpo de Cristo. Por tanto, la verdadera espiritualidad cristiana confiesa que Jesús es el Señor: su poder obra por medio de nosotros, pero él conserva el control y recibe la gloria. El Espíritu da diferentes dones —no meramente talentos naturales— según su voluntad, siempre para el bien común. Cada cristiano tiene algo que aportar, de modo que esconderse por un sentimiento de inferioridad o menospreciar a otros por un sentimiento de superioridad perjudica a todo el cuerpo.

Esta comunidad sobrenatural necesariamente atraviesa fronteras étnicas, culturales, lingüísticas y socioeconómicas. Podemos celebrar las culturas que Dios nos ha dado, pero el pueblo de Dios se convierte en nuestro pueblo, y su reino, en nuestra verdadera patria. Tal unidad es hermosa, pero también incómoda y complicada; los malentendidos y los prejuicios deben afrontarse con arrepentimiento, en vez de alejarnos. Ningún creyente es un llanero solitario ungido. Debemos someter nuestros dones al Espíritu, integrarnos en la comunidad, servir, arriesgarnos a fracasar, honrar a los miembros menos visibles y cuidarnos unos a otros por igual. Cuando uno sufre, todos sufren; cuando uno recibe honra, todos se alegran. El avivamiento se manifiesta cuando personas diversas oran, sirven y se dicen unas a otras: «Te necesito».

Les pido que abran conmigo sus Biblias en Primera de Corintios, capítulo 12. Hoy vamos a hacerlo de manera bilingüe, así que gracias por su paciencia. Sabemos que las cosas se vuelven un poquito complicadas, pero vamos a hablar de por qué vale la pena tomarse esa molestia. Como saben, últimamente el pastor ha estado hablando de que seamos una comunidad sobrenatural con una mentalidad sobrenatural, y una parte clave de esa mentalidad es ser bautizados en el Espíritu Santo.

Ahora, una pregunta rápida antes de comenzar: ¿quién nos bautiza en el Espíritu Santo? Porque cuando nos bautizamos en agua, lo hace el pastor, ¿verdad? Así que recuerdo que, cuando era un nuevo creyente, a veces le preguntaba al pastor: «Bueno, ¿podría bautizarme ahora en el Espíritu Santo, por favor?». Y me decían: «Mira, lo siento, eso está por encima de mi categoría salarial».

Juan el Bautista dice: «Después de mí viene uno más poderoso que yo. Yo los bautizo con agua para arrepentimiento, pero el que viene después de mí los bautizará en el Espíritu Santo y con fuego». Jesús es quien bautiza en el Espíritu Santo.

Ahora bien, oramos unos por otros e imponemos las manos, pero sepan de dónde viene el poder. Sin embargo, hoy no quiero hablar del bautismo en el Espíritu Santo, sino del bautismo por el Espíritu Santo. Es un bautismo en el que el agente, quien realiza el bautismo, es el Espíritu Santo, y leemos acerca de él en Primera de Corintios 12. Así que vamos a leer el pasaje, Primera de Corintios 12, comenzando en el versículo 1, que dice:

«En cuanto a los dones espirituales, hermanos, no quiero que sean ignorantes. Ustedes saben que, cuando eran paganos, de una manera u otra eran influidos y extraviados hacia los ídolos mudos. Por tanto, les digo que nadie que hable por el Espíritu de Dios dice: “Maldito sea Jesús”, y nadie puede decir: “Jesús es el Señor”, excepto por el Espíritu Santo».

«Ahora bien, hay diferentes clases de dones, pero el Espíritu es el mismo; hay diferentes clases de servicio, pero el Señor es el mismo; hay diferentes clases de actividad, pero es el mismo Dios quien las realiza todas en todos».

«Ahora bien, a cada uno se le da la manifestación del Espíritu para el bien común. A uno se le da, por medio del Espíritu, mensaje de sabiduría; a otro, mensaje de conocimiento por medio del mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; a otro, dones de sanidad por ese único Espíritu; a otro, poderes milagrosos; a otro, profecía; a otro, discernimiento entre espíritus; a otro, hablar en diferentes clases de lenguas; y a otro más, interpretación de lenguas. Todo esto es obra de uno y el mismo Espíritu, y él se lo da a cada uno tal como el Espíritu determina.

Ahora bien, el cuerpo es uno, versículo 12, aunque está compuesto por muchas partes; y aunque todas sus partes son muchas, forman un solo cuerpo. Así sucede también con Cristo. Porque todos fuimos bautizados por un solo Espíritu para formar un solo cuerpo, ya seamos judíos o griegos, esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

Ahora bien, el cuerpo no está compuesto por una sola parte, sino por muchas. Si el pie dijera: “Como no soy mano, no pertenezco al cuerpo”, no por eso dejaría de formar parte del cuerpo. Y si la oreja dijera: “Como no soy ojo, no pertenezco al cuerpo”, no por eso dejaría de formar parte del cuerpo. Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿dónde estaría el sentido del oído? Si todo el cuerpo fuera oreja, ¿dónde estaría el sentido del olfato? Pero, de hecho, Dios ha dispuesto cada una de las partes del cuerpo tal como quiso que fueran. Si todas fueran una sola parte, ¿dónde estaría el cuerpo? Tal como es, hay muchas partes, pero un solo cuerpo…».

Simplemente voy a seguir leyendo; sé que esto es… ¿Está el texto en español allá arriba…? Bien, bien, bien.

«El ojo no puede decirle a la mano, versículo 21: “No te necesito”; ni la cabeza puede decirles a los pies: “No los necesito”. Al contrario, las partes del cuerpo que parecen ser más débiles son indispensables, y a las partes que consideramos menos honorables las tratamos con especial honor. Y las partes que no son presentables se tratan con especial decoro, mientras que nuestras partes presentables no necesitan ningún trato especial. Pero Dios ha unido los miembros del cuerpo y ha dado mayor honor a las partes que carecían de él, para que no haya división en el cuerpo, sino que sus partes se preocupen de igual manera unas por otras. Si una parte sufre, todas las partes sufren con ella. Si una parte recibe honra, todas las partes se alegran con ella.

Ahora bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno de ustedes forma parte de él…». ¿Quieren leer todo eso en español? Ya captaron la idea.

Oremos juntos. Padre, en el nombre de Jesús, te doy gracias. Te doy gracias porque somos llamados a formar parte del cuerpo sobrenatural de Cristo. Es una membresía espiritual, y te pido que nos pongamos de pie y nos hagamos presentes, en el nombre de Jesús. Amén.

¿Bautismo por el Espíritu para entrar en qué? Bajen al versículo 13: todos fuimos bautizados por un solo Espíritu en agua, ¿en qué? Bautizados por un solo Espíritu para formar un solo cuerpo.

Ahora bien, volveremos a esto un poquito más adelante, ¿está bien? Pero comprender que formamos parte del cuerpo sobrenatural de Cristo significa saber que el Espíritu me tiene por completo y me ha insertado milagrosamente en una comunidad de personas. Y eso implica usar los dones que Dios ha dado para servir. Significa ser quien soy para ser de bendición a los demás. No significa copiar a Omar… Saben, recuerdo que cuando recién llegué aquí pensé: «No tengo ni idea de lo que estoy haciendo», ¿verdad? Así que simplemente intentaría copiar a Roberto. Saben, cuando la gente preguntaba: «¿Qué haría Jesús?», yo decía: «Lo que hace Roberto», ¿verdad? Descubrí muy pronto que no engañaba a nadie. Hay un dicho: «Tengo que ser yo mismo».

Pero sí imitamos la fe de nuestros mentores, y esperamos que un poquito de su unción se nos pegue. Así que, acerca de los dones espirituales, Pablo escribe a los corintios: «No quiero que sean ignorantes». Ahora bien, estas eran personas que usaban los dones espirituales, hablaban en lenguas y se movían en lo milagroso, pero a Pablo le preocupaba que fueran ignorantes. Es posible moverse en los dones espirituales y ser ignorante en cuanto a lo que realmente significan.

Ahora bien, su primera preocupación era distinguir entre la unción y espiritualidad cristianas y la espiritualidad no cristiana. Era una cultura pagana. La gente estaba acostumbrada a adorar ídolos. Básicamente, estaba acostumbrada a practicar diferentes clases de magia. Y el apóstol Pablo deja muy claro que eso no tiene nada que ver con la unción del Espíritu Santo.

Piensen en nuestra sociedad: las personas vienen a Cristo después de haber practicado toda clase de espiritualidad. Tal vez acudan a lectores de cartas para que de alguna manera les revelen el futuro, o vayan a un místico, una persona que lee la mente y les dice el futuro, un adivino. O quizá estén obsesionadas con la astrología o traten de averiguar, basándose en la época del año en que nacieron, cuál es su destino según las estrellas.

La Biblia deja muy claro que la verdadera espiritualidad cristiana está centrada en Jesús, está centrada en la gloria de Dios. La diferencia fundamental es quién tiene el control. En la espiritualidad pagana típica, la persona que practica la magia tiene el control y manipula a los espíritus para lograr algo. Pero los cristianos, por el Espíritu Santo de Dios, dicen: «Jesús es el Señor», lo cual significa que Jesús está al mando; significa que su asombroso poder sobrenatural fluye a través de mí, pero él es quien toma las decisiones, no nosotros, y él recibe la gloria. Alabado sea el Señor. Así es como queremos que sea.

Es una espiritualidad en la que Jesús es el Señor. Bien. Otra diferencia: en la espiritualidad pagana, uno podía ser espiritual y hacer las cosas a su manera. Por el Espíritu Santo de Dios, no tienen más opción que usar sus dones entre otros cristianos. «Pero, Dios, no me agradan mucho; simplemente quiero quedarme en mi casa, recibir profecías y hacer mis propios trucos mágicos». Dios dijo: «No hay llaneros solitarios ungidos por el verdadero Espíritu del Dios viviente». Diferentes clases de dones, pero el mismo Espíritu; diferentes clases de servicio, pero el mismo Señor; diferentes clases de actividad, pero el mismo Dios.

Si se fijan en eso, allí está la Trinidad: el Espíritu, el Señor Jesús, Dios Padre; pum, pum, pum: la Trinidad, tres en uno. De alguna manera, Dios Padre es diferente de Dios Espíritu. Hacen algunas cosas diferentes, pero son uno y ambos son Dios.

Hay un dicho en inglés: «Trata de entender la Trinidad y perderás la razón. Pero niégala y perderás el alma». Es verdad. No sé cómo es verdad, pero Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu son igualmente Dios y son uno, aunque son tres.

Ahora bien, es misterioso, pero es posible. De alguna manera, del mismo modo, Dios toma a personas muy, muy diferentes y las hace una. Hablaremos más de esto después, pero el pasaje habla de los diferentes dones del Espíritu Santo, y quiero hacer una distinción: un don del Espíritu Santo no es lo mismo que el talento o la capacidad de uno. Ahora bien, a veces Dios toma nuestros talentos, los unge y los usa, pero el simple hecho de que tengamos talento no significa que tengamos un don espiritual. Por eso me alegra tanto que, en el ministerio de danza del que hemos oído hablar, reciban a las personas y les enseñemos lo que significa someterse a Jesús, permitir que el Espíritu Santo unja la danza y que esta sea usada para la adoración; el baile en sí es apenas una parte del proceso de preparación. Hay muchas clases de dones en el cuerpo de Cristo.

Está el mensaje de sabiduría y el mensaje de conocimiento. Ahora bien, eso no significa simplemente que fuiste a la escuela; cualquiera puede ir a la escuela. Y nos gusta la escuela, alabado sea el Señor, pero de lo que estamos hablando es de que Dios da conocimiento, Dios da sabiduría de manera sobrenatural para actuar en determinadas situaciones. El don de fe: a veces estás orando y sencillamente sabes que sabes, que sabes que va a suceder ahora. Dones de fe.

Recuerdo que una vez hice un viaje a la República Dominicana, y había un hombre con necesidades especiales que tenía una discapacidad intelectual. Estábamos orando porque había habido una hambruna en aquella región; era por Baní y llevaba mucho tiempo sin llover. Y aquel hombre, totalmente como un niño, oraba: «Dios, te pido que hoy envíes lluvia». Entonces levantó la mirada y dijo: «Ah, pero Gregory está de visita, así que no queremos que llueva mientras esté aquí». Y dijo: «Dios, ¿puedes hacer que llueva cuando él se esté marchando?». Íbamos saliendo; hay una dulcería a la salida de Baní, ¿verdad?, los mejores (…) del mundo. Estábamos saliendo de la dulcería, de camino hacia fuera de Baní, y adivinen qué empezó a suceder: estamos hablando de lluvia a cántaros. Dios nos mandó… Fue porque él tenía un don de fe.

Ahora bien, quizá, si hubiera tenido un par de títulos escolares y universitarios, no habría tenido la fe de un niño. Diferentes dones, diferentes personas, el mismo Espíritu. Y la lista continúa con los dones de sanidad: algunas personas pueden orar y la gente sana; sencillamente sucede por medio de su toque, por medio de su ministerio. Dones de profecía, discernimiento, lenguas, (…). La clave del texto es que todo es dado por el Espíritu tal como él determina, y todo es dado con el mismo propósito: para el bien común en el cuerpo de Cristo.

¿Eres cristiano? Si lo eres, tanto si lo sabes como si no, tienes algún don del Espíritu Santo, algo; tienes algo. Yo no sé qué es, y si usas ese don, todos reciben bendición. Y si no usas ese don, todos sufrimos. Nada de esconderse, nada de cristianos anónimos; y volveremos a eso.

Versículos 12 y 13: aquí es donde llegamos al bautismo. Así que dice que todos somos… el cuerpo es una unidad, aunque está compuesto por muchas partes; y después, saltando al versículo 13, dice: «Porque todos fuimos bautizados por un solo Espíritu para formar un solo cuerpo». Y luego vamos a… terminaremos eso dentro de un segundo. Dios, el Espíritu Santo, si realmente tienes al Espíritu Santo, te tomará y te bautizará en el cuerpo de Cristo.

¿Hay alguien aquí que haya sido bautizado en agua? Mucha gente, la mayoría de nosotros. El bautismo en agua es un día que uno no olvida. ¿Y por qué? No es solo porque terminas empapado frente a cientos de personas, sino también porque llega un momento en el proceso del bautismo en el que tienes que soltarte y confiarte a los brazos de quien te está bautizando. Si ese hombre te deja caer, quizá llegues al cielo mucho más rápido. Te sueltas y permites que te bauticen; es algo pasivo, aunque tomas la decisión de permitir que suceda.

Del mismo modo, si realmente queremos movernos en la unción sobrenatural de Dios, eso significa renunciar a cómo quiero usar mi don y permitir que el Espíritu me tome y me sumerja en la comunidad de fe. No hay otra manera.

Ahora bien, hay algunas personas que quieren ser ungidas a solas en su casa, y eso es maravilloso; quizá su don sea permanecer solas durante largos períodos, está bien, pero la verdadera unción finalmente las sumergirá en la comunidad de Cristo.

Ahora bien, aquí es donde las cosas se ponen un poco interesantes. En el versículo 13 dice: «Todos fuimos bautizados por un solo Espíritu para formar un solo cuerpo, ya seamos judíos o griegos, esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu». El Espíritu te bautizó en el cuerpo de Cristo, y en aquel tiempo el cuerpo de Cristo incluía a judíos y griegos, personas cultural y religiosamente diferentes. Una comunidad sobrenatural será una comunidad multiétnica.

¿Saben cuántos países están representados hoy aquí? Fácilmente tenemos a 25 países sentados aquí mismo. Ahora bien, ¿qué va a suceder naturalmente cuando las personas sigan sus impulsos naturales? Se unirán a un grupo de personas que sean como ustedes, personas del mismo país del que ustedes provienen, personas con intereses en común, personas con las que naturalmente se sienten cómodos, y no hay nada de malo en eso. Pero si quieren formar parte de una comunidad sobrenatural, eso significa que terminarán codeándose con personas que no son naturalmente como ustedes, personas de culturas, estilos y personalidades diferentes. La cosa se pone muy interesante. Sientan la unción.

Hay otro aspecto de esto. También dice: ya sean esclavos o libres. Ahora bien, en aquel tiempo tenían esclavitud, así que, si las personas eran esclavas, obviamente formaban parte de un grupo socioeconómico mucho más bajo que el de las personas libres. Una comunidad sobrenatural también sería diversa en términos socioeconómicos. Eso significa que las personas que quizá tengan muchos recursos y estén acostumbradas a relacionarse con personas de ese mismo nivel económico, si quieren moverse en el Espíritu Santo de Dios, nada de eso cuenta. Una verdadera comunidad sobrenatural mezclará a las personas, y es hermoso y complicado, y desordenado, desordenado como un reguero, no sé, pero la gloria de Dios se manifiesta en esas (….) fuimos bautizados por un solo Espíritu en un solo cuerpo.

Ahora bien, dicho esto, no es opcional. Si quieren moverse en el Espíritu, son bautizados en un solo cuerpo. Eso significa que redefino quiénes son los míos. Ahora bien, no me malinterpreten: no hay nada de malo en celebrar nuestra cultura y nuestro país y en amarlos; sean ustedes mismos, sean quienes son culturalmente. Dios sabía dónde iban a nacer. Él quería que crecieran en esa cultura; forma parte de su propósito para nosotros. Y eso es algo hermoso.

Recuerdo que una vez le pregunté a Roberto acerca de un miembro de la iglesia: «¿Esta persona es dominicana?». No estaba seguro de qué país era este hombre. Y él se rio entre dientes y dijo: «¿Es católico el papa? De pura cepa dominicana». Y eso es hermoso, eso es bueno, eso nos gusta. Por eso creo que Dios llamó a algunas iglesias a ser iglesias étnicamente específicas, para que puedan reflejar la gloria de Dios con un ritmo particular, un estilo particular. Y es algo hermoso.

Hay algunas iglesias que son exclusivamente coreanas, o griegas, o guatemaltecas, y hay algunas iglesias en el campo donde todos son gringuitos blancos. Está bien que una iglesia tenga una identidad cultural particular, porque es como un vitral; es como si Dios resplandeciera a través de algo bello, particular y específico. Pero incluso en una iglesia étnicamente específica, si de verdad se está moviendo en el Espíritu Santo de Dios, habrá un impulso de conectarse con personas diferentes de ellos. Sencillamente se sentirán inquietos, y descubrirán que las iglesias étnicamente específicas que están verdaderamente ungidas son buenas para tender puentes con otras comunidades étnicas. Y lo verán con el pastor Roberto: él se reúne con muchos pastores amigos, muchísimos. Cualquier día verán llegar a un pastor negro, a pastores chinos, a un pastor gringo blanco, porque existe ese impulso de conectarse, porque forman parte del cuerpo de Cristo.

Ahora bien, repito, nosotros no estamos llamados a ser una iglesia étnicamente específica. Incluso cuando éramos una iglesia que funcionaba más bien solo en español, recibíamos a personas de toda América Latina. ¿Y cuántos saben que se puede notar, se nota, como: «Ah»? Ya saben, porque si van a una iglesia donde todos son de Guatemala y El Salvador, hay cierta sensación; casi sienten que están en ese país. Pueden entrar y sencillamente… Si son de ese país, pueden relajarse un poco, como: «Ah… estoy con mi gente», con mi gente; pero ¿quién es mi gente? Mi gente, si estoy ungido por el Espíritu Santo de Dios, es el pueblo de Dios. Mi país es el reino de Dios.

Ahora bien, celebro quién soy culturalmente, pero mi ciudadanía está en el cielo, y si alguien es hijo del Dios viviente, esa persona es mi hermano o mi hermana. Ahora bien, la cosa se complica, pero esto es Jesús; es el corazón de Dios para nosotros, es el corazón de Jesús.

¿Recuerdan cuándo se enoja más Jesús en la Biblia? Por supuesto, se enojó mucho con los fariseos, pero hubo otro momento en el que estuvo lo bastante enojado como para tomar un látigo. Fue cuando estaban instalando mesas en cierta parte del templo. ¿Saben en qué parte del templo estaban esas mesas? Había un atrio particular llamado el atrio de los gentiles, y vamos a leer sobre eso en Isaías 56, porque esas mesas estaban ocupando espacio en el atrio de los gentiles, y el atrio de los gentiles fue diseñado para ser un lugar donde cualquiera pudiera entrar y buscar al Dios viviente, al Dios de Israel, al creador del cielo y de la tierra.

Isaías 56:3 dice: «… que ningún extranjero que se haya unido al Señor diga: “Sin duda el Señor me excluirá de su pueblo”; y que el eunuco no se queje: “No soy más que un árbol seco”…». Versículo 4: esto dice el Señor: «A los eunucos que guardan mis sábados, que escogen lo que me agrada y se mantienen firmes en mi pacto, les daré dentro de mi templo y de sus muros un monumento y un nombre mejor que hijos e hijas. Les daré un nombre eterno que no será borrado…».

Y dice: «… y a los extranjeros que se unen al Señor para servirle, que aman el nombre del Señor…». Y pasaré al versículo 7: «… a estos los llevaré a mi monte santo y les daré alegría en mi casa de oración…». Y un poco más adelante dice: «… porque sus holocaustos y sacrificios serán aceptados sobre mi altar, pues mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones…».

Una gran multitud que nadie puede contar procede de toda nación, tribu, pueblo y lengua, y está de pie delante del trono del Señor. Y se suponía que esa parte especial del templo fuera un pedacito del cielo, e instalar allí una mesa les impedía entrar en la casa de Dios, y por eso Jesús estaba tan enojado.

Pentecostés. ¿Qué sucedió en Pentecostés? He descubierto que, en el discipulado, sorprendentemente muchas personas no lo saben. Pentecostés fue el día en que Dios derramó su Espíritu desde lo alto con lenguas de fuego, y las personas comenzaron a hablar diferentes idiomas, y 3000 personas vinieron a Cristo aquel día. Y se hace hincapié en enumerar extensamente todos los países diferentes que estuvieron representados aquel día. Y Dios dice que, cuando el Espíritu Santo de Dios sea derramado, reuniré a las personas. Las personas no estaban destinadas a estar divididas; quedaron divididas por su arrogancia cuando quisieron construir aquella torre hasta el cielo, ¿verdad? Y Dios confundió los idiomas y separó a las personas. Pero Dios dijo: «En los últimos días, cuando derrame mi Espíritu, personas de todas las naciones volverán a ser reunidas en un nuevo pueblo, un nuevo reino, una nueva nación». Es la unción del Espíritu de Dios y forma parte de nuestro llamado como iglesia.

Saben, el pastor Roberto hace muchas cosas de las que, creo, un enorme porcentaje de nosotros sencillamente no sabe nada. Está llamado a ser un cristiano del reino con un llamado apostólico, lo cual significa que es algo más grande que una sola congregación. Y Dios lo usa para reunir a personas de muchos grupos culturales y tipos de iglesias diferentes, y para orar por un avivamiento. Porque, para enfrentarnos realmente a los poderes y principados que Satanás ha establecido, no podemos hacerlo solos. Necesitamos que nuestros hermanos y hermanas oren con nosotros a nivel regional. Así que, si han sido llamados a la congregación León de Judá, han sido llamados al mismo ministerio.

Ahora bien, eso es incómodo; puede ser un desorden, como mi hija, eso es un desorden. Y así es. Saben, cuando viajaba por América Latina, sentía que, en los diferentes países que visitaba, a veces la misma palabra era perfectamente aceptable en un país, mientras que en otro yo estaba diciendo una grosería. Así que aprendí algo de los colombianos y lo probé, y los puertorriqueños me miraron como: «Ah…». Suceden malentendidos, y el solo hecho de que estemos ungidos por el Espíritu no significa que los malentendidos dejarán de ocurrir.

Incluso cosas pequeñas, como el espacio físico: los gringos solemos dejar un poquito más de espacio entre las personas. Y entonces a veces me encuentro hablando con alguien nuevo aquí en la iglesia, ¿verdad? Y resulta que una persona latina quizá se acerca un poquito más. Ahora bien, como gringo típico, ¿qué voy a hacer yo? Y entonces, ¿qué va a hacer el latino…? Y vamos a seguir así hasta que, de repente, termino contra la pared. Yo he cambiado mucho, ya estoy muy latinizado. Él ha cambiado mucho. Así que está bien.

Pero los malentendidos van a ocurrir. Las personas incluso pueden sentirse escandalizadas por otras personas. Y a veces necesitamos enfrentarnos a los prejuicios que quizá tengamos. Tal vez fueron criados en una familia que considera de cierta manera a las personas de determinados países, como más bajas. Es hora de arrepentirse. Es hora de ser un pueblo diferente, un pueblo peculiar sobre la faz de la tierra. Y vendrán los desórdenes.

Saben, muchas veces pensamos que la iglesia primitiva era perfecta, ¿verdad? Pensamos que era el cielo en la tierra con la unción. Bueno, saben, una vez tuvieron una gran pelea en la iglesia porque a las viudas griegas las estaban pasando por alto a la hora de darles comida a las viudas, y la comida se les estaba dando a las viudas hebreas. Y ellas pensaron: «¿Qué somos nosotras? ¿Hígado picado?…».

Ahora bien, quizá solo fue un accidente; no lo sabemos. Como había tensiones culturales y étnicas, al principio las personas pensaron: «Hacen esto porque soy griego». Y los apóstoles intervinieron y designaron diáconos para administrar el ministerio. ¿Adivinen de qué país eran todos esos diáconos? Todos eran griegos. Porque la idea era: «Vamos a… estas son personas que fácilmente podrían ser marginadas, así que confiaremos en que el Espíritu levante líderes allí para ayudarnos a pastorear como…». Personas como Felipe y Esteban.

Dios usó incluso los desórdenes para producir gloria y cosas hermosas. Ahora, volviendo de nuevo a 1 Corintios 12, veremos que hay dos grandes inhibiciones —y aquí solo voy a resumir—, dos impedimentos para que realmente formemos parte de la comunidad de Dios. Al primero yo lo llamaría complejo de inferioridad. Tal vez estén llamados a ser un dedo del pie del cuerpo de Cristo y digan: «Como no soy boca, no formo parte del cuerpo». O quizá sean un órgano interno que nadie ve jamás y piensen: «Como no soy visible, no formo parte del cuerpo de Cristo».

Y Dios está diciendo que ese complejo de inferioridad no tiene cabida en el cuerpo de Cristo. Nada de enterrar nuestros talentos en la arena. ¿Han visto alguna vez ese cartel en el que el Tío Sam señala con el dedo y dice: «Te quiero a ti»? Dios los quiere a ustedes; los está llamando, los necesita para que usen su don, a su manera, en el cuerpo de Cristo. Por eso es tan importante lanzarse a participar en cosas como el discipulado y los grupos de célula, el ministerio de hombres, el ministerio de mujeres, el ministerio de ujieres, los niños. Es una manera de decir: «Voy a involucrarme, voy a poner mi…». Y quizá descubra que no tengo ciertos dones, pero, si no se ponen en movimiento, nunca llegarán a descubrirlo.

Si no intentan hacer algo y fracasan, ¿cómo diablos van a descubrir alguna vez lo que pueden hacer? Nada de complejos de inferioridad. Y finalmente está el complejo de superioridad. El ojo no puede decirles a las manos: «No las necesito». La cabeza no puede decirles a los pies: «No los necesito». En todo caso, las partes que parecen más débiles son las más valiosas.

Puede haber personas —de hecho, estoy seguro de que hay personas sentadas aquí, en esta congregación— a las que casi nadie conoce, pero vienen, están conectadas con el cuerpo de Cristo y oran durante horas cada noche por el reino de Dios. Y probablemente nunca llegarán a conocerlas, pero las necesitan. Nos necesitamos unos a otros, y necesitamos a las personas que son más diferentes de nosotros, a las personas cuyo estilo nos molesta; las necesitamos más que a nadie.

La incomodidad forma parte de una comunidad sobrenatural ungida. No van a sentirse cómodos en León de Judá, así que renuncien ahora mismo a esa idea, y ustedes lo sienten. Saben, noté que en los países de América Latina las personas tendían a saludarse con un beso. Ahora bien, los gringos en realidad no besan; ya saben, son besos fingidos. Pero notarán que, cuando vienen a Estados Unidos, hay mucho menos de eso, incluso entre otros latinos. ¿Por qué? Porque nos ponemos a la defensiva. Estamos en una comunidad diversa y sencillamente somos conscientes de que las personas son diferentes. Y ese sacrificio de nuestra comodidad forma parte del precio que pagamos para movernos en la verdadera unción de Dios.

Estar incómodos, pero llenos del gozo glorioso del Espíritu Santo. El avivamiento de la calle Azusa, en 1906, en Los Ángeles: Dios comenzó a derramar su Espíritu en este país de tal manera que se manifestaron los dones del Espíritu. El don de lenguas fue reavivado, y uno de los mayores escándalos fue que personas negras, personas blancas e incluso personas chinas estaban orando todas juntas.

Si queremos Pentecostés, si queremos un avivamiento por medio de nuestro llamado particular, así es como se verá.

Así que quisiera terminar con este llamado. En el versículo 25 dice: «… para que no haya división en el cuerpo, sino que sus miembros se preocupen por igual unos por otros…».

Dios nos está llamando a preocuparnos por los demás; Dios nos está llamando a abrir nuestros corazones. Dice: «… de modo que, si una parte sufre, todas las partes sufren con ella; si una parte recibe honra, todas las partes se regocijan con ella…».

Dios nos está llamando a abrir nuestros corazones para ser una comunidad diversa, ungida y sobrenatural. Así que voy a invitarlos a ponerse de pie conmigo, y nunca hago esto, pero lo voy a hacer solo por esta vez. Simplemente voy a pedirles —y odio cuando la gente…— voy a pedirles que miren a la persona que está a su lado, y vamos a hacer un pequeño estudio de idiomas, ¿de acuerdo? Vamos a comenzar en español, así que eso incluye también a quienes no hablan español. Quiero enseñarles una frase, y esa frase en español es «te necesito». Ahora voy a pedirles a todos que se miren unos a otros, y aquí nos vamos a poner bien sentimentales y vamos a decir: «Te necesito». Inténtenlo; me encanta ver a las parejas haciendo esto. Qué bonito. Te necesito. Bueno, bueno, bueno, basta de confraternizar, o como se llame eso. Bien. Ahora vamos a intentarlo en inglés. ¿Cómo se dice en inglés, todos? Miren a la persona que está a su lado y díganselo ahora en inglés: «I need you».

Alabado sea el Señor. Padre, en el nombre de Jesús. Dios, recibimos con agrado tu bautismo por el Espíritu Santo en un solo cuerpo. Espíritu Santo, toma el control. Haz tu obra maravillosa, haz tu obra sobrenatural, haz incluso tu obra caótica; somos tuyos, Señor, y nos rendimos a ti en el nombre de Jesús. Terminemos con una canción. Equipo de adoración, terminemos con una canción.

Padre, te ruego, Dios, que desates un espíritu de celebración mientras decimos sí a tu llamado.