Autor
Maria Elena Rego Rojas
Resumen: La pérdida es una experiencia humana y normal que puede causar depresión y dolor emocional. Es importante reflexionar sobre nuestras prioridades y descubrir la riqueza espiritual. Como cristianos, debemos tomar decisiones cruciales en nuestra vida y ser consecuentes con nuestra fe, aunque esto pueda ser criticado por otros. No nos aferremos a nada material en este mundo, sino a La Palabra de Dios y a fomentar relaciones con aquellos que hablen nuestro propio lenguaje.
Todos hemos vivido experiencias de pérdidas que nos paralizan. Recuerdo que cuando permuté mi casa, para darle un apartamento a mi hija, me quedé muy deprimida, por lo que había dejado atrás una hermosa casa, amplia, privada, en la que había vivido por más de 20 años. Este hecho me trastornó emocionalmente. Es una reacción humana y normal, de pérdidas. Es un duelo que estableces contigo mismo. Poco a poco, comprendí que podía vivir sin mi amplia y hermosa casa, porque opté por razonar lo que había sucedido y sacarle ventajas al cambio, descubriendo que podía ser feliz sin aquello hacia lo que me sentía tan ligada.
También cuando fui objeto de una tiroidectomía total con vaciamiento ganglionar, por un error de diagnóstico en biopsia, sentí que la vida había sido demasiada injusta conmigo y la depresión hizo su aparición triunfal. Estas pérdidas pueden hacernos volver a sopesar nuestras prioridades. No quiero decir que debamos vivir sin una buena casa, o que es un placer vivir sin la glándula tiroides. Lo que deseo enfatizar es que la vida no terminó ahí. Sencillamente, aprendí de estas experiencias. Y ajusté mis acciones de modo que los tropiezos de la vida me resultaran menos dolorosos.
Lo asombroso de todos nosotros es que no nos damos cuenta que nuestro nivel de prioridades puede estar mal encaminado u orientado. Lo material es necesario, pero no imprescindible, e incluso, aprendemos que podemos vivir con mucho menos de lo que teníamos. La Palabra de Dios es bien clara al respecto: "Donde estén tus riquezas, ahí estará tu corazón".
La riqueza es un concepto más amplio, y abarca el plano espiritual. Sin riqueza espiritual no valen ni la buena casa ni la excelente salud, porque siempre estarás enfermo e inconforme con la propia vida que Dios te regaló.
Es por ello que les llamo a reflexionar en cuán ricos somos hoy: tenemos vida, tenemos una familia genética y una familia en la Fe. Tenemos un proyecto de vida, acorde a la Palabra de Dios. Y, mis hermanos, nada de lo que nos propongamos será imposible de lograr, porque nuestra voluntad estará siempre de la mano del Altísimo.
Hermanos, tenemos que decidir qué queremos de la vida, y en consecuencia elegir nuestro plan de vida, sin descuidar el Hoy. Y, mucho más importante aún, debemos elegir cómo ser felices, independientemente de lo que puedan pensar los demás.
Algo más quisiera compartir con ustedes: Cuando un cristiano decide que sólo va a establecer relaciones de amistad íntimas con otro hermano en la Fe, está tomando una decisión crucial en su vida, que podrá ser criticada y hasta burlada. Cuando un cristiano decide romper con la asistencia a fiestas con marcado acento mundano, está definiéndose, está marcando la diferencia, está viviendo contra corriente. Claro que al principio, no será cómodo, y seremos objeto de críticas y burlas, pero la recompensa, esa paz que sentimos al practicar el compromiso que hemos hecho con nuestro Salvador, esa paz inmensa, es la mayor de las recompensas. “Tal vez algunos de mis amigos lo verán mal". ¡Desde luego! ¡Pero se trata de nuestra vida, de nuestro compromiso con lo que hemos declarado. Se trata del camino angosto que hemos escogido. Se trata de ser consecuentes y no ambiguos con nuestra Fe!
Trato de compartir mis experiencias con mis hermanos/as, porque si usted se encuentra hoy, delante de una pérdida material e incluso una pérdida de tipo orgánica (se puede perder salud) la vida se reajusta. Hermano, la vida no termina allí precisamente. Nosotros somos privilegiados, porque tenemos La Palabra de Dios y a muchos hermanos que directa e indirectamente nos ayudarán a salir de la creencia de la depresión.
No se aferre a nada material en este mundo, Aférrese a La Palabra de Dios y a fomentar relaciones con aquellos que hablen nuestro propio lenguaje. Son dos aspectos importantes del éxito de un cristiano.