Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar; Te aconsejaré con Mis ojos puestos en ti. — Salmos 32:8
Jesús le dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí. — Juan 14:6

Autor
Faustino de Jesús Zamora Vargas
Resumen: Recuerdo una juventud marcada por la idea de que cada persona debía abrir su propio camino, impulsada por la novedad, la rebeldía y los sueños individualistas. Sin embargo, las caídas y cicatrices de esos caminos me enseñaron que no todos conducen a la presencia de Dios. Ahora agradezco haber conocido el único Camino, ya preparado por Dios y encarnado en Cristo para nuestra salvación. Aunque es angosto, difícil y sacrificial, también es eterno y trae bendición. Dios fija sus ojos en quienes lo recorremos, nos enseña cómo andar y nos sostiene ante los obstáculos y las caídas. Por eso, aceptemos, transitemos y amemos este Camino junto a Cristo hacia el Padre.
El poeta español Antonio Machado dijo en su tiempo: Caminante no hay camino. Se hace camino al andar.
Muchos años después, un popular cantante catalán convirtió el poema en un himno imprescindible para toda una generación. Aquí en la Isla, por aquellos tiempos, el poema de Machado hecho canción venía como anillo al dedo. Parecía necesario el exhortar a romper el monte y hacer los caminos que se necesitaban para quebrar la inercia de los tiempos detenidos. Todos cantábamos aquel estribillo con cierto furor que rozaba con la rebeldía; era una clara inclinación a la ruptura de una aparente armonía que parecía ajustarse a nuestros propios sueños de jóvenes insurrectos, nuevos, como hombres nuevos con nueva escuela, nuevos idearios, nuevas perspectivas, nuevos vuelos y nueva moral; todo sazonado con una alta dosis de devoción por la novedad.
Cantábamos y entonábamos la frase con aires intelectuales. “…se hace camino al andar”. Nos creíamos poetas, éramos poetas. Convertíamos el día a día en una poesía cotidiana. Soñábamos con ser uno de aquellos héroes del momento, loábamos a los protagonistas de una nueva literatura importada, héroes empapados de nieve, de guerra, de sufrimiento, a veces morbosos, realistas, también en cierto sentido humanistas y hermosos. Yo quería hacer mi camino, tú querías hacer tu camino, todos estábamos enfrascados en hacer nuestros caminos. Era una convicción demasiado relevante para aquellos tiempos. No parecía existir otra forma de caminar si no era haciendo nuestro propio camino. Y todos los caminos conducían a otro romántico camino, un camino grande, ancho, singular y a la vez individualista.
Pero no todos los caminos conducen a Roma, o por lo menos a nuestra “Roma” celestial.
Dios se encargó con el tiempo de enseñarme la verdad y le doy gracias a Él por todo aquel tiempo en que solamente dependía del camino que me era capaz de hacer a mí mismo y para mí mismo. Soy sincero, pues al fin y al cabo, no conocía otra forma de caminar. De las incontables caídas al desandar mis propios caminos, guardo imborrables cicatrices. Pero hoy puedo glorificar a Dios por haberme enseñado el Camino, que es angosto, difícil, sacrificial y oneroso pero a la vez pluralista, de bendición y sempiterno.
El salmista de Dios me lo dijo de parte de Dios: “Te haré entender, y te enseñaré el camino que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos”. (Salmo 32:8)
Querido poeta y hermanos, sí hay Camino. Un solo Camino. No es necesario hacerlo, ya está hecho. Es el camino hacia Dios encarnado en su Hijo Cristo para salvación de este mundo. Él te espera para comenzar a andar juntos hacia el Padre. Tus caminos nada tienen que ver con Su camino. Él ha fijado sus ojos sobre ti y te enseñará todo lo que debes saber de este camino. Se va sobre él con la convicción de que al transitarlo, los obstáculos que aparezcan serán salvados a pesar de las caídas inoportunas, importunas y oportunas. Sí, ¡claro que es angosto y difícil!, pero no hay nada más maravilloso en la vida que aceptarlo, transitarlo y amarlo. Te invito a que lo hagas. ¡Dios te bendiga!
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