
Autor
Miriam Carrasquillo
Resumen: A pesar de tener el privilegio de estar en la presencia del Señor, como Judas, a menudo podemos distraernos y alejarnos de Dios. Es importante recordar para quién trabajamos y mantener nuestra pasión y devoción por el Señor. Debemos estar íntimamente conectados a Él y nunca alejarnos de su presencia.
Hermoso privilegio tuvieron los discípulos, y las personas que convivieron con Jesús mientras estuvo él físicamente en la tierra. Estas personas tuvieron la oportunidad de experimentar y gustar de la presencia misma del Maestro; caminaron con él, escucharon sus enseñanzas, experimentaron sus milagros
: sanar enfermos, dar vista a los ciegos, resucitar los muertos. En fin, tuvieron el gran privilegio de ver al mismo Dios encarnado. Y entre estas personas estuvo también Judas Iscariote (Mateo 10:1-4). Sí, Jesús llamo a sus discípulos, incluyendo también a Judas a convivir con él. Judas tuvo la oportunidad de estar en la presencia misma del Maestro. Pero a pesar de estar ahí, pies con pies, pisada tras pisada, se encontraba tan lejos del él.
Nosotros los que hemos respondido positivamente al llamado del Señor, tenemos también similar privilegio. El privilegio de estar cerca de él, o quisiera mejor decir, de estar en la presencia misma del Señor. Podemos sentir su presencia, hablamos con él, él nos habla, convivimos diariamente con el Señor. Pero a pesar de todo esto, a muchos nos puede estar sucediendo lo que le sucedió a Judas. Judas estaba distraído, otras cosas eran prioridad en su vida. Fue tal su distracción que no se percató de que estaba conviviendo con el creador del universo, con Dios mismo.
En ocasiones se nos hace una rutina viciosa trabajar en los negocios del Señor, nos agrada hacerlo y nos deleitamos, pero por momentos se nos olvida para quien lo hacemos, y el verdadero significado de lo que estamos haciendo. A veces nos deleitamos tanto con la exaltación y la admiración que nos brindan los demás, que nos desenfocamos, y es tanta la distracción que no sentimos al Señor cerca, no sentimos su ternura, su amor incomparable, esas cosas que solo se experimenta estando en la presencia misma del Maestro. A Judas le atrajo todo acerca de Jesús, de tal forma que le siguió y gusto de él, he incluso tuvo los ‘primeros asientos’- por así decirlo - con Jesús. Pero se distrajo, alejándose tan sutilmente que fue muy tarde cuando se dio cuenta y quiso arrepentirse.
En una ocasión el Señor Jesús les dijo a los escribas y fariseos “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí” (Mateo 15:8). El Señor dijo esto con dolor y descontento, porque él quería que entendieran la importancia y los beneficios de estar íntimamente involucrado con él. Nuestro corazón debe estar impregnado al corazón de Señor, sintiendo sus latidos. Él no nos quiere distraídos.
Luchemos por no desenfocarnos de lo que hacemos y para quien lo hacemos. Tenemos que tener pasión y desesperación por el Señor, vivir para él y por él. No perdamos esta bendición tan grande.
Dios nos bendiga y quiera el Señor que si de alguna manera sentimos que otras cosas ocupan el espacio del Señor en nuestro corazón, que podamos darnos cuenta a tiempo, y pedirle al Señor que nos ayude siempre a estar íntimamente conectados a él. Pidámosle al Señor que nunca nos alejemos, ni por un instante de su presencia.