¡Cuán preciosa es, oh Dios, Tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se refugian a la sombra de Tus alas. — Salmos 36:7
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó a nosotros y envió a Su Hijo como propiciación por nuestros pecados. — 1 Juan 4:10

Autor
Faustino de Jesús Zamora Vargas
Resumen: El amor de Dios se manifestó en enviar a su hijo Jesucristo para salvarnos del pecado y darnos vida nueva. Permanecer en el amor de Cristo es esencial para crecer espiritualmente y expresar su amor a los demás. El amor práctico es el sello del cristiano y el mejor testimonio para el mundo. Cristo es la encarnación de la gracia y el amor de Dios, y el versículo de Juan 3:16 resume su plan de amor para la humanidad.
La máxima expresión del amor de Dios hacia nosotros es el haber enviado al mundo a su hijo Jesucristo para que nuestras culpas fueran canceladas y el pecado borrado. El extraordinario acto de infinito amor hacia el hombre consiste en que Dios trajo la solución al pecado a través del ministerio de la reconciliación ejercido por Cristo.
Cristo ha sido, es y será la concreción de la misión de Dios, la encarnación de su amor. En la cruz, Dios descargó toda la ira divina contra el hijo amado para no descargarla sobre nosotros. Y como si fuera poco, nos resucitó con Él, dándonos vida nueva y haciéndonos herederos de un reino de eternas promesas y de amor abundante.
“Yo los amo a ustedes como el Padre me ama a mí; permanezcan, pues, en el amor que les tengo” (
Jesús insiste en la misma idea del amor: “Mi mandamiento es este: Que se amen unos a otros como yo los he amado a ustedes” (
El verdadero discípulo practica el amor de Dios en el amor de los unos por los otros. Ese amor es el mejor testimonio para el mundo que no escatimará para juzgarnos a la luz de sus estándares: “Si se aman los unos a los otros, todo el mundo se dará cuenta de que son discípulos míos” (
Cristo es la encarnación sublime de la gracia de Dios, de su eterno amor que perdura para siempre. Vivimos por Él y en Él y Él vive en nosotros, de manera que tenemos sembrada la semilla del amor en nuestro corazón. Renacer a una vida nueva en Cristo es nacer al verdadero amor.
No puedo concluir sin mencionar lo que algunos llaman “la biblia en miniatura”, ese asombroso versículo que resume el plan maravilloso de amor de Dios para la humanidad: “Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna” (
¡Dios te bendiga!