Padre Nuestro

Me postraré hacia Tu santo templo, y daré gracias a Tu nombre por Tu misericordia y Tu fidelidad; Porque has engrandecido Tu palabra conforme a todo Tu nombre. Salmos 138:2
Ustedes, pues, oren de esta manera: 'Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre.' Mateo 6:9
Dr. Roberto Miranda

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Dr. Roberto Miranda

Resumen: El Padrenuestro nos enseña la forma, el orden, el contenido y las actitudes que deben caracterizar nuestra oración. Al comenzar con «Padre nuestro», Jesús nos invita a acercarnos a Dios con confianza y afecto, no como si fuera distante o inaccesible. Él conoce el amor infinito, la misericordia y el deseo del Padre de mantener una relación tierna e íntima con sus hijos. Por eso podemos acudir confiadamente al trono de la gracia, seguros de hallar misericordia y ayuda oportuna. No necesitamos mendigar ni pensar que importunamos a Dios: como Padre paciente y generoso, desea bendecirnos, atender nuestras necesidades y socorrernos cuando lo necesitamos.

El Padrenuestro es la oración modelo que el Señor Jesucristo le proveyó a sus discípulos en respuesta a la petición de estos a que les enseñara a orar. Su forma, orden y contenido nos muestra a nosotros cuáles deben ser los elementos y actitudes que caracterizan a toda oración apropiada.

El Señor comienza su oración diciendo: “Padre nuestro”. Esta manera de dirigirse a Dios debió resultar sorprendente e inusitada para los discípulos. La religión judía más bien presentaba a un Dios severo, distante e inaccesiblemente santo. Un fariseo jamás hubiera pensado en referirse a Dios como “Padre”.

En una ocasión el Señor se dirigió hacia Dios con la palabra “Abba”, que quiere decir, “papi” o “papá”. Seguramente, los estrictos fariseos que tanto criticaban a Jesús por su perspectiva poco convencional de la religión se hubieran escandalizado de esa forma para ellos irreverente de referirse al Creador del universo.

Pero Jesús conocía íntimamente al Padre. Conocía de su infinito amor, su ilimitada misericordia, su eterno deseo de tener una relación de ternura e intimidad con sus hijos. Por eso se sintió libre para dirigirse a Dios llamándolo “Padre”, y para animarnos a nosotros a allegarnos a Él con el mismo sentido de confianza y afecto.

El escritor de Hebreos nos alienta a acercarnos “confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. Cuando le oramos a Dios, lo debemos visualizar como nuestro Padre, paciente y misericordioso, deseoso de bendecirnos y socorrernos a nosotros, sus hijos amados. No tenemos que mendigarle. Jamás debemos sentirnos como que lo estamos importunando o pidiendo ilegítimamente.

¡Acércate confiadamente al trono de la gracia! Pide con confianza y ambiciosamente. Dios jamás escatima sus bendiciones. Su mayor placer es atender a nuestras necesidades y socorrernos en el tiempo de la necesidad. ¡Su corazón es, ciertamente, el corazón de un padre!