Mejor Lejos Sin Perder el Contacto

Dame, hijo mío, tu corazón, Y que tus ojos se deleiten en mis caminos. Proverbios 23:26
El que ama al padre o a la madre más que a Mí, no es digno de Mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a Mí, no es digno de Mí. Mateo 10:37
Milagros García Klibansky

Autor

Milagros García Klibansky

Resumen: Nuestros hijos necesitan una cercanía prudente: no tan distante que ignoremos sus pruebas ni tan invasiva que nuestro amor se convierta en estorbo. La edad no elimina nuestra responsabilidad de estar disponibles, pero acompañar no significa merodear ni asfixiar. Si cultivamos confianza, acudirán a nosotros cuando necesiten apoyo. También debemos enseñarles que, más allá de nuestra presencia temporal, cuentan con la Roca Eterna. Por eso conviene arreglar de antemano nuestra partida con Dios y dejarles un legado de seguridad. Al hallar este equilibrio y reflejar lo que Dios espera, formaremos personas capaces de orientar a otros y mantendremos un vínculo que respeta su libertad.

Son las 5:30 a.m., me levanto rápido pues el desayuno de mi hijo depende de mí, sé que no es un bebé, pero para mí la edad es relativa, con 20 años, mi bebé se tiene que ir para un curso y su madre garantiza que vaya servido.

6:00 a.m., Lo despierto, -Nina, un poco más, ven, acuéstate conmigo. ¡Con que gusto me tiro por unos minutos más!, pero no a dormir, trato de acomodarme de forma que pueda acariciar su cabeza, pero, no puedo tan cerca de él, debo alejarme para que mi mano repose cómodamente y pueda ser grato a mi hijo el gesto de amor que le regalo.

Él dormita, yo pienso. No puedo estar tan lejos de él como para perder el contacto y no darme cuenta de lo que pasa en su vida. No puedo estar tan cerca que mi amor en vez de ser grato, sea un estorbo.

Es así con nuestros hijos. La distancia debe ser bien medida, no podemos estar tan ocupados en los negocios de la vida que no nos demos cuenta cuando debemos intervenir, nada tiene que ver con la edad, aun viejos, si estamos presentes, vendrán a nosotros ante cada prueba que Dios les permita pasar, eso, si les hemos enseñado que somos la roca puesta por Dios en esta tierra para que puedan asirse y si ya no estamos, debemos dejar bien claro que tienen una Roca Eterna a la cual aferrarse, por tanto, nuestra partida debe arreglarse de antemano con Dios, de manera que no dejemos a nuestros hijos desvalidos, sino con un legado de seguridad, con la compañía del Rey supremo que es mucho mejor que la nuestra.

La distancia nos impide asfixiarlos, no podemos estar merodeando en su vida, porque, si recordamos bien, cuando merodeaban en la nuestra, levantábamos una fortaleza impenetrable, no queríamos intrusos, ¿Qué nos hace pensar que nuestros hijos van a ser diferentes?

Debemos ser prudentes, ellos nos lo agradecerán, porque al final dejaremos en este mundo seres preparados para preparar a otros y al final, si logramos el equilibrio y nuestros hijos ven en nosotros lo que Dios espera, nos reuniremos en ese lugar que Él ha preparado para los que lo aman. Hasta entonces, no tan lejos que perdamos el contacto, No tan cerca que los hagamos desear perderlo.