Dijo, pues, Josué a los Israelitas: "¿Hasta cuándo pospondrán el entrar a tomar posesión de la tierra que el SEÑOR, el Dios de sus padres, les ha dado?" — Josué 18:3
Hagan todas las cosas sin murmuraciones ni discusiones. — Filipenses 2:14

Autor
Faustino de Jesús Zamora Vargas
Resumen: La iglesia a menudo se enfoca en reclamar promesas a Dios en lugar de agradecer las bendiciones que ya han recibido. Esto puede ser causado por personas ensimismadas y conformistas. En lugar de reclamar, debemos trabajar y estar atentos a los planes de Dios. Debemos evitar quejas y reclamos egoístas y centrarnos en la humildad y la acción de gracias. Josué enfrentó las dificultades y las quejas de sus hermanos de fe, y distribuyó los territorios según las divisiones tribales. La iglesia debe estar atenta y meditar en las bendiciones de Dios y poner nuestra esperanza en Cristo. La acción de gracias es el antídoto para desenfocarnos de nosotros mismos y enfocarnos en la majestad de Dios.
En ocasiones la iglesia se desenfoca hundiéndose en un mar de reclamos y quejas al Señor. El reclamo permanente a Dios por el cumplimiento de sus promesas suena como 'la perreta' del cristiano que se aferra a vivir una eterna niñez en Cristo. Muchas veces la iglesia está como dormida, aletargada, sin ánimo para continuar adelante la misión de Dios
. Nos contentamos con la adoración y los encuentros de domingo en el santuario. Cuando la iglesia no tiene desafíos que le remueven los cimientos, algo anda mal. O personas ensimismadas, o sordas y conformistas. Dios entrega sus herencias, pero espera que actúes para verte crecer. Cuando él da visiones y planes, lo más sensato es ponerte en marcha y estar atento a su obrar. Unirnos al plan de Dios es su voluntad.
Nos volvemos reclamadores de promesas y no nos percatamos que ya Dios nos está bendiciendo con favores tremendos. Personalmente creo que reclamar promesas a Dios es como decirle al diseñador del universo que está haciendo las cosas mal, o que las podría hacer mejor. Más espiritual es la acción de gracia en toda circunstancia confiando en que él está obrando a nuestro favor y ejerciendo el control necesario para que maduremos en nuestra vida cristiana.
Las tribus de José (Manasés y Efraín) le reprochaban a Josué: “— ¿Por qué nos has dado sólo una parte del territorio? Nosotros somos numerosos, y el Señor nos ha bendecido ricamente” (
Josué distribuyó la tierra conforme le había indicado el Señor, pero al año de haber iniciado el reparto a las tribus, 7 de ellas no habían ocupado todavía el territorio recibido en heredad. Josué reprende a los negligentes y holgazanes que se conformaban con estar cerca del Tabernáculo en plena contemplación y no hacían la voluntad de Dios de poseer lo que ya era suyo. Volvemos al principio: el pueblo de Dios necesita desafíos, metas y visiones que provengan del corazón de Dios. Las quejas y reclamos egoístas deben ser evitados. La iglesia es el Gilgal para reponernos de las batallas espirituales y reparar las armaduras, no para sentarnos en los laureles de la gloria de Dios. La humildad debe salir a flote cuando se trata de disfrutar de las bendiciones de Dios. La ostentación envilece y mata las buenas intenciones de nuestro creador de hacer de nuestra vida un peregrinar provechoso para bien de su iglesia y de la sociedad.
Josué, con la ayuda de Dios, afrontó las dificultades y las quejas de sus hermanos de la fe. “Josué hizo allí el sorteo en presencia del Señor, y repartió los territorios entre los israelitas, según sus divisiones tribales” (
Iglesia, ¡estemos atentos! Meditemos en las maneras en que Dios nos está bendiciendo y cuidémonos de las quejas y reclamos innecesarios. Actuemos, trabajemos “como viendo al invisible” sin olvidar que todo se lo debemos a él y poniendo nuestra esperanza en Cristo y sólo en él. La acción de gracia es el mayor antídoto para desenfocarnos de nosotros mismos y enfocarnos en la majestad de Dios.
¡Dios bendiga su Palabra!
Lectura sugerida: Josué 17-18