
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: Tomando a Daniel como modelo, somos llamados a permanecer fieles a Dios mientras vivimos en una cultura contraria a los principios bíblicos. La integridad significa mantener las normas de Dios sin importar las circunstancias y, después de fallar, volver sinceramente a sus propósitos en vez de encubrir el pecado. Al igual que Daniel, debemos estar preparados para defender posturas impopulares y arriesgar la aceptación, las relaciones, la carrera profesional, la comodidad o incluso la vida. Tal firmeza comienza con la decisión deliberada y previa de honrar a Dios, en lugar de vivir por inercia religiosa. Se sostiene mediante un conocimiento profundo de las Escrituras, que nos capacita para discernir el engaño persuasivo; la confianza en que Dios suplirá lo que se pierda por obedecerle; y una comunión estrecha con creyentes comprometidos. En la práctica, debemos estudiar la Palabra, aceptar las desventajas personales cuando la obediencia así lo exija, apoyarnos unos a otros dentro de la iglesia y seguir involucrados en el mundo como su sal. Nos arrepentimos de la indiferencia y la mediocridad, y renovamos nuestra determinación de vivir con firmeza y excelencia espiritual.
«Pero Daniel resolvió no contaminarse con la comida y el vino del rey, y pidió al jefe de los funcionarios permiso para no contaminarse de esa manera. Dios hizo que el funcionario mostrara favor y compasión hacia Daniel. Pero el funcionario le dijo a Daniel: “Tengo miedo de mi señor, mi rey, quien ha dispuesto lo que ustedes deben comer y beber. ¿Por qué habría de verlos con peor aspecto que los demás jóvenes de su edad? Por culpa de ustedes, el rey haría que me cortaran la cabeza”».
Entonces Daniel dijo al guardia que el jefe de los funcionarios había puesto a cargo de Daniel, Ananías, Misael y Azarías: «Por favor, pon a prueba a tus siervos durante diez días; no nos des más que verduras para comer y agua para beber. Después compara nuestro aspecto con el de los jóvenes que comen la comida del rey y trata a tus siervos conforme a lo que veas».
Así que accedió a ello y los puso a prueba durante diez días, y al cabo de los diez días se veían más saludables y mejor alimentados que cualquiera de los otros jóvenes que comían la comida del rey».
Hermanos, hoy quiero hablarles de uno de los personajes más ejemplares del Antiguo Testamento, y ese es el profeta Daniel. Daniel representa algunos de los valores y principios más hermosos de las Escrituras; es un ejemplo para nosotros en esta época en la que vivimos. La imagen de Daniel vino a mi mente mientras consideraba la situación tan singular que estamos viviendo aquí, en el estado de Massachusetts.
Como vemos en esta ilustración gráfica de lo que está sucediendo en el estado de Massachusetts con la legalización del matrimonio homosexual, podemos apreciar cuánto se ha alejado esta nación de sus orígenes bíblicos.
Ayer hablaba por teléfono con un reportero que quería conocer nuestra opinión sobre el tema, y traté de dejarle muy claro que no hemos aislado esto como si fuera un único pecado para concentrarnos en él por encima de todos los demás. Más bien, las Escrituras parecen medir este pecado en particular como un barómetro de cuánto se ha apartado una cultura de los modelos y propósitos de Dios.
Si alguien me hubiera dicho hace cinco años que llegaríamos a este punto aquí, en el estado de Massachusetts, aun conociendo el corazón de la humanidad, habría dudado que eso pudiera suceder. Y, sin embargo, hoy vemos que es una realidad.
El profeta Daniel vivió en un contexto semejante al nuestro. Era un joven que temía a Dios y, sin embargo, servía en una sociedad que se había rebelado por completo contra los preceptos divinos.
Babilonia practicaba todos los pecados que uno pudiera encontrar bajo el sol. A lo largo de la Biblia, Babilonia aparece como la fuente de muchas clases de abominaciones: el ocultismo y la astrología, la adoración de dioses paganos, la opresión de otras naciones y un alejamiento general de los principios de Dios. Y Daniel fue llevado a vivir precisamente en ese contexto. De modo que nos muestra lo que significa vivir nuestros principios cristianos mientras estamos insertos en un contexto sumamente pagano. Por eso, la figura de Daniel es para nosotros un ejemplo importante en esta etapa de nuestra historia. También lo es para que nos demos cuenta de que lo que estamos viviendo no es algo tan extraño ni diferente. A lo largo de la historia, al pueblo de Dios se le ha exigido vivir en sociedades contrarias a los principios de Dios.
Lo que las Escrituras dicen una y otra vez es: «Si vivimos fieles a los principios de Dios, saldremos victoriosos». Así que hoy saldremos no solo fortalecidos en nuestra fe, sino también animados a seguir adelante con una perspectiva optimista.
¿Qué clase de hombre era Daniel? Ante todo, era un hombre íntegro. Íntegro en el sentido de que permanecía fiel a sus valores sin importar la situación que enfrentara.
Sabemos que, en la historia de Daniel en el foso de los leones, cuando se le exigió rendir homenaje al rey, dijo: «No adoraré a un ser humano; soy un hombre de Dios».
En este caso particular que estamos leyendo, se le exigió comer alimentos que quizá habían sido ofrecidos a un dios pagano, y decidió permanecer consagrado a Dios y no participar de esas comidas. Eso es integridad: permanecer fieles a nuestros principios sin importar el contexto que enfrentemos. Y si, por cualquier razón, nos apartamos de esos principios y sufrimos algún tipo de caída, lo que hacemos es regresar y volver a alinearnos con los propósitos de Dios, en lugar de disimularla y seguir adelante.
En otra entrevista, alguien me preguntaba si de algún modo pensábamos que éramos mejores que las personas que llevaban el tipo de vida del que estamos hablando. Le dije que los cristianos reconocemos que todos necesitamos la gracia de Dios. La diferencia es que, cuando descubrimos debilidades o faltas en nosotros mismos, en lugar de encubrirlas, las llamamos por lo que son y buscamos crecer y cambiar en Cristo.
La humanidad se vuelve adicta a ciertos pecados y, por lo tanto, trata de darles otro nombre o de cambiarlos de algún modo para que sean tan solo una falta. La integridad significa que nos atenemos a una norma determinada, sin importar cuáles sean las circunstancias. Daniel era un hombre íntegro y nos da lecciones al respecto.
Lo segundo es que Daniel estaba dispuesto a adoptar posturas que no eran populares. En este caso, cuando Daniel y sus amigos decidieron: «No vamos a comer la comida del rey», Daniel corrió el riesgo de ser acusado de no saber trabajar en equipo. Es demasiado individualista, se cree mejor que todos los demás, está cuestionando nuestros valores.
Si recordamos que lo estaban preparando para ocupar un cargo muy alto en el gobierno babilónico, vemos que, al ser un soldado rebelde en aquel ejército, corrió el riesgo de perder todo aquello por lo que había trabajado en su carrera y de ser señalado como una manzana podrida, como alguien que no se ajustaba a las normas. Pero Daniel se mantuvo firme porque sabía que su comprensión de la Ley de Dios así se lo exigía. Y aunque no fuera popular, permaneció fiel a su Dios.
En estos tiempos en que vivimos, mis hermanos y hermanas, necesitamos adoptar posturas que no sean populares. Y podríamos convertirnos en una espina clavada en la sensibilidad de esta sociedad moderna. Y debo señalar que estamos en muy buena compañía: Jesús fue el primero en resultar molesto para la cultura en la que vivió; esa fue una de las razones por las que lo ejecutaron.
Y ustedes, en sus escuelas, especialmente en la universidad o en la secundaria, o quizá si trabajan en una agencia de servicios sociales, como maestros o profesores universitarios, o tal vez como médicos, quizá no estén de acuerdo con el aborto o con alguna otra práctica que se lleve a cabo en su institución. Tienen que hacerse esta pregunta: ¿voy a dejarme llevar por la corriente o a mantenerme firme en lo que Dios me ha enseñado?
Quiero aplaudir a los seis jueces de paz, entre ellos uno de nuestros propios miembros, que decidieron perder sus cargos como jueces de paz antes que acatar una ley injusta.
La Biblia dice: «Resistan al diablo, y él huirá de ustedes». Lo que la Iglesia siempre ha hecho es adoptar su posición y mantenerse firme hasta que pase el día malo; eso es lo que dice la Biblia y eso es lo que haremos.
¿Están dispuestos a sufrir por Cristo en su trabajo o en alguna otra situación? Estudiante de secundaria o universitario, ¿estás dispuesto a sentarte solo a una mesa porque los demás estudiantes te menosprecian por la postura que sostienes respecto a cuestiones morales?
Daniel se mantuvo firme en una postura impopular, creyendo en la Palabra que dice: «No se amolden al patrón de este mundo, sino sean transformados mediante la renovación de sus mentes». Daniel adoptó posturas que no eran populares.
Y, a riesgo de extenderme demasiado sobre este punto, quiero mencionar algo más. A menos que estemos dispuestos a mantener posturas impopulares, corremos peligro, porque el poder de persuasión del maligno es muy fuerte en esta época en que vivimos.
La humanidad dispone de más recursos que nunca antes en la historia para reafirmarse en una actitud pecaminosa y perversa. Basta con observar los recursos de los medios de comunicación masiva. Basta con considerar las técnicas que pueden emplearse en la producción cinematográfica, los colores de las películas o las maneras de persuadir o manipular a la gente mediante los medios de comunicación masiva para cambiar una convicción moral en toda una sociedad.
A menos que estemos dispuestos a mantener posturas impopulares, corremos el riesgo de caer en las muchas trampas de persuasión en las que han caído otras generaciones anteriores.
Esta semana estaba ayudando a mi hija con un proyecto sobre las Juventudes Hitlerianas durante la época de la Alemania nazi. Si tan solo observamos cómo toda la nación alemana fue hipnotizada en aquel tiempo por el poder de aquel líder endemoniado, Adolf Hitler, y cómo una nación supuestamente civilizada fue llevada a cometer atrocidades horribles que, sesenta años después, hacen que todos nosotros, incluidos los propios alemanes, nos preguntemos cómo pudimos permitir que esto sucediera. Y podemos preguntarnos cómo una de las culturas más sofisticadas y refinadas del mundo pudo ser llevada a cometer atrocidades tan espantosas como experimentar con carne humana y perpetrar los crímenes contra la humanidad que se cometieron.
Podemos observar las atrocidades cometidas durante la Inquisición española, perpetradas en nombre de Cristo mismo. Cuando contemplamos la nación de Japón durante los años de la Segunda Guerra Mundial y cómo toda la nación quedó atrapada en aquel movimiento, vemos que la mente humana es una de las sustancias más maleables y fáciles de moldear que existen.
Cualquier sociedad, por sofisticada o instruida que sea, podría adoptar cualquier perspectiva si se ejercieran sobre ella las influencias adecuadas. Y, a menos que resistamos esas influencias y formas de persuasión, perderemos la sensibilidad ante cosas que deberían horrorizarnos. Porque nuestra tendencia natural será buscar la comodidad.
La necesidad de pertenecer es uno de los impulsos más fuertes de la psique humana; procuraremos evitar el aislamiento a toda costa. Y, poco a poco, nuestra tendencia será dejarnos llevar por la corriente y bajar nuestras defensas. Y, si no tenemos cuidado, seremos llevados a cuestionar la propia Palabra de Dios, como se induce a hacer a tantos otros evangélicos.
Y Daniel es un buen ejemplo de cómo mantenerse firme, incluso en posturas impopulares, porque la perspectiva del enemigo puede volverse muy popular a nuestro alrededor.
Otra cosa es que Daniel estaba dispuesto a correr grandes riesgos. Estaba dispuesto a sacrificar cosas importantes para él. Estaba dispuesto a sacrificar relaciones que amaba y que eran importantes para él. Cuando el rey Nabucodonosor, que lo había colocado en la posición que ocupaba, le exigió adorar su imagen, Daniel dijo: «Mi rey, no puedo hacerlo». Daniel dijo: «Dios puede librarme del horno de fuego, pero, si no lo hace, qué le vamos a hacer. Si tengo que sacrificar mi relación contigo, lo siento, pero tendré que hacerlo». Vemos que Daniel estaba dispuesto incluso a sacrificar su carrera por los valores del Reino de Dios. Estaba dispuesto a sacrificar hasta su propia vida en el foso de los leones y en el horno.
¿Estamos dispuestos a sacrificar grandes cosas por el Señor? ¿Estás dispuesto a perder tu vida, tu trabajo por el Señor? ¿Estás dispuesto a perder una relación romántica por el Señor? ¿Estás dispuesto a sacrificar tu comodidad y tus sueños de éxito por los valores del Reino de Dios? Porque, con el paso del tiempo, esto será menos teoría y se convertirá más en una realidad para el pueblo de Dios. Daniel es un ejemplo que debemos seguir.
Entre otras razones por las que vemos paralelos con Daniel, observamos que Daniel vivió en toda una cultura contraria a los valores del Reino de Dios y que las consecuencias de resistirse a esa cultura eran graves. Daniel estaba sometido a una enorme presión para amoldarse a la cultura que lo rodeaba.
Y tengo algo que decirles a los jóvenes que están hoy entre nosotros: el movimiento homosexual está convencido de que obtendrá la victoria, de que logrará convencer a la generación más joven de que adopte su perspectiva. Han hecho encuestas y han descubierto que el 60 % de los jóvenes de nuestra sociedad, incluidos los jóvenes cristianos, creen que ese es un estilo de vida aceptable, mientras que el 60 % de los adultos encuestados creen que la homosexualidad no proviene de Dios. Piensan que, dentro de apenas unos años, 10 o 15 años, cuando los mayores hayan fallecido, los jóvenes estarán al mando y será un hecho consumado.
Jóvenes, los desafío a ponerse de pie y declarar que permanecerán firmes, sin importar lo que suceda en la sociedad.
¿Qué ayudó a Daniel a conservar esa clase de integridad?
Lo que vemos aquí es que Daniel lo determinó en su corazón; decidió honrar a Dios y cuidarse para permanecer puro. La Biblia dice que Daniel se lo propuso, que lo determinó en su corazón. Está hablando de una decisión deliberada que tomó de antemano. Dice que Daniel sopesó los pros y los contras y reflexionó sobre las consecuencias del curso de acción que iba a seguir. Evaluó: «¿Por qué debería comer?» o «¿Por qué quizá no debería comer la comida del rey?». Midió las consecuencias. Y tomó una decisión moral, espiritual y emocional, diciendo: «No comeré».
Hermanos y hermanas, necesitamos tomar de antemano una decisión, una determinación. Tenemos que dejar de vivir la vida cristiana por inercia. Dios aborrece una religiosidad genérica. Es hora de decidir si creemos o no.
Es hora de adoptar una postura radical respecto al Reino de Dios. Es hora de decir con Ester: «Si perezco, que perezca». Es hora de decidir cómo viviremos la vida cristiana. Tal vez solo estés visitando la Iglesia, o quizá lleves años aquí, pero todavía estés un tanto indeciso respecto a muchas cosas. Y es hora de llegar a un punto decisivo y decir: «Voy a vivir la vida cristiana a toda marcha. Voy a honrar a Dios pase lo que pase. Voy a resistir las presiones del mundo. Voy a honrar al Señor con mi vida y a vivir una vida de excelencia en el espíritu».
Porque, si dejan que el mundo defina sus perspectivas morales, lo hará, a menos que previamente dediquen al Señor lo que son y lo que creen.
Joven, si te defines a ti mismo, el mundo te definirá. Cristiano, si no decides cuál es la visión que llevarás en la vida, el mundo te dará una visión que seguir. Necesitamos tomar una decisión y luego avanzar con firmeza, siguiendo la visión y los principios que tenemos.
En segundo lugar, Daniel entendía y conocía la voluntad de Dios. Para saber que comer aquella comida habría ido en contra de la Palabra de Dios, ya tenía que comprender las Escrituras. Sabía que las Escrituras de aquel tiempo prohibían comer alimentos ofrecidos a los ídolos. Si no hubiera conocido las Escrituras, se habría dejado arrastrar por el contexto que lo rodeaba.
Necesitamos conocer la Palabra de Dios. Hay personas que se llaman cristianas y que predican doctrinas de demonios. Hay personas respetables e impresionantes que enseñarán doctrinas que van directamente en contra de la Palabra de Dios, y a menos que dediquemos tiempo a estudiar la Palabra por nosotros mismos, a menos que permitamos que el espíritu de la Biblia nos sature, a menos que la cosmovisión de las Escrituras llene cada poro de nuestro ser, de modo que podamos reconocer instintivamente lo que es y lo que no es de Dios, no podremos resistir las sutiles artimañas del enemigo para persuadirnos y cambiar nuestra perspectiva.
Se acerca el tiempo en que los cristianos necesitarán discernir la voluntad de Dios, podríamos decir, de oído más que mediante análisis lógicos; es decir, estar tan saturados de las Escrituras que tengamos un sentido intuitivo de cómo sortear las complejidades y sutilezas de los engaños demoníacos de nuestra generación. Por eso necesitamos conocer la Palabra de Dios, estudiar la Palabra de Dios, conocer la Palabra de Dios.
En tercer lugar, Daniel confió en la fidelidad de su Dios. Confió en las promesas de su Señor. Corrió riesgos y puso a Dios a prueba de la manera correcta. El eunuco que era su supervisor dijo: «Si este muchacho no come como los demás y luego se ve más débil, van a cortarme la cabeza por su culpa». Daniel aceptó el desafío; dijo: «Póngannos a prueba, déjennos comer los alimentos que queremos y verán qué aspecto tenemos después de diez días».
Una y otra vez, Daniel estuvo dispuesto a correr riesgos, a ponerse en juego y a confiar en que Dios supliría sus propias deficiencias y respondería en el momento decisivo.
Hermanos y hermanas, esta es una de las lecciones más importantes de las Escrituras. ¿Estamos dispuestos, una y otra vez, a ponernos en desventaja en nuestra vida para honrar a Dios?
Cuando vuelves a casa del trabajo, son las cuatro de la tarde y en invierno ya está oscuro, llueve y tienes sueño; estás cansado un miércoles por la tarde. Y quizá tu iglesia te esté llamando a reunirte para orar en un culto entre semana. Y piensas: «Mañana tengo que levantarme a las seis o siete de la mañana y volver a salir a este frío». En ese momento hay que tomar una decisión. Necesitamos preguntarnos: ¿Creo que Dios es capaz de compensar el sueño y la energía perdidos, de modo que tenga la energía que necesito para afrontar el día de mañana?
Saben, lo que a veces me impulsa a hacer cosas que no forman parte de la descripción de mi puesto es el ejemplo de personas como Daniel: si invierto, si me entrego más allá de lo necesario, Dios compensará la diferencia y me concederá los deseos de mi corazón.
Cuando das ese diez por ciento, cuando das ese diezmo, dices: «Aunque los tiempos son difíciles y no tengo mucho dinero, voy a dar ese diezmo y a confiar en que Dios compensará la diferencia en mi vida».
Cuando tienes que tomar una decisión, quizá dejar a ese novio o a esa novia que sabes que no agrada a Dios por su manera de ser o de vivir, y dices: «Pero ¿qué pasa si termino solo?», tomas la decisión de honrar a Dios en vez de limitarte a satisfacer la necesidad inmediata que tienes delante. Y confías en que Dios es fiel para proveer para ti.
No estamos hablando aquí de poesía irrelevante, sino de los aspectos prácticos y concretos de la vida cristiana cotidiana. Es el principio que dice: «Si me pongo en déficit, Dios es capaz de compensar la diferencia y bendecirme abundantemente. Si busco el Reino de Dios, él es fiel para añadirme todas las cosas». Ese es el principio de correr grandes riesgos, de poner a Dios a prueba en nuestra vida y ver lo que hace.
Y otra cosa importante que debemos decir que hizo Daniel es que se relacionó con otras personas que tenían el mismo compromiso. Buscó la afirmación que surge al unirse con creyentes de ideas afines. Tenía otros hermanos y amigos que se edificaban mutuamente porque habían asumido el mismo compromiso. Ese es el principio que explica por qué estamos aquí como iglesia. Para permanecer fieles a los valores del Reino de Dios, tenemos que mantenernos unidos.
Un carbón por sí solo se enfría rápidamente. Pero cuando los carbones encendidos y las brasas se juntan, el calor es intenso. Unidos, manteniéndonos juntos, podemos permanecer fieles a los principios del Reino de Dios en nuestra sociedad. Nos necesitamos unos a otros. Necesitamos a la Iglesia de Jesucristo.
No puedes permanecer fiel al Señor por tu propia cuenta ni como un llanero solitario que recibe su alimento de un programa de televisión mientras come un tazón de cereal. Necesitas el calor, el estímulo y el respaldo de tus hermanos. Continúa buscando al Señor en el contexto de una comunidad espiritual.
Busca a un par de amigos de ideas afines, un par de hombres —o de mujeres, si eres mujer—, para que sean esos compañeros de trinchera que te ayuden en la batalla. Mantente estrechamente unido al Cuerpo de Cristo. Eso te dará ánimo en medio de la prueba. Y eso no significa que nos separemos del mundo y no tengamos ningún contacto con él. Necesitamos ser la sal de la tierra, y la sal tiene que esparcirse sobre la comida. Es decir, nuestras amistades más íntimas, las personas en quienes confiamos y con quienes de verdad estrechamos lazos, deben ser aquellas que comparten los valores del Reino de Dios. El contexto del que obtenemos consuelo y apoyo debe ser un contexto que respalde los valores del Reino de Dios.
No dejemos de reunirnos y adorar. Daniel es un ejemplo para nosotros en estos días. Corrió riesgos; puso a Dios a prueba. Confió en la fidelidad de Dios. Buscó a otros que lo respaldaran en su fe. No tuvo miedo de adoptar posturas impopulares. Y determinó en su corazón ser fiel al Señor. Si hoy quieres tomar esa determinación en tu corazón, vivir a ese nivel de excelencia, dedica un tiempo a evaluar y calcular el costo.
Vamos a pedirle perdón a Dios por nuestra indiferencia y nuestra mediocridad. Y determinamos vivir una vida de firmeza y excelencia en el Señor.
Padre, creemos que nos estás llamando a vivir al nivel moral de un hombre como Daniel. Esta tarde abrazamos esa visión de excelencia y te pedimos perdón porque a menudo no vivimos a ese nivel. Pero hoy, una vez más, Señor, venimos con la firme determinación de agradarte y honrarte antes que honrar a los hombres o cualquier norma social. Danos poder. Derrama tu Espíritu Santo sobre nosotros. Padre, permite que seamos como antorchas en medio de la noche, arrojando luz sobre el mundo que se oscurece. Declaramos, Señor, que eres fiel, que honrarás a quienes te honran.