Autor
Bill Murdoch
Resumen: La verdadera riqueza de la Iglesia y la medida de su fruto son el testimonio de su pueblo. Puesto que muchos perecen sin Cristo, estamos llamados a llevar el evangelio más allá del edificio de la iglesia mediante relaciones personales, cara a cara. No debemos abrumar a los demás con todo de una vez; como Jesús, debemos observar, escuchar, orar y compartir poco a poco el tesoro del evangelio. Invertimos en las personas antes de invitarlas, confiando en que Dios ya está buscando a los perdidos.
Para preparar nuestro testimonio, podemos poner por escrito nuestra propia experiencia de cinco aspectos del evangelio: el amor de Dios, la separación y las barreras causadas por el pecado, quién es Jesús y qué ha hecho, la gracia como un regalo que no podemos ganarnos y la oración mediante la cual recibimos a Cristo. Debemos hacer nuestra esta historia antes de entregarla a otros. Nuestro testimonio no debe brotar de la agresividad, sino de la paz, el amor y el gozo: el gozo del cielo cuando se encuentra a los perdidos, el gozo del Padre al recibir a los hijos pródigos y el gozo por el cual Jesús soportó la cruz. Formamos parte del grupo de búsqueda de Dios, llamados a compartir a Cristo para que el gozo sea completo.
La medida del éxito de una iglesia está en el testimonio de los santos, en la historia del pueblo. Y así, al escuchar hoy las historias de los santos, la Congregación León de Judá posee mucha riqueza, una gran riqueza, un gran tesoro. La Sagrada Escritura dice: «Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón». La historia de la Iglesia que ustedes tienen, que ustedes son, necesita contarse allá afuera.
La Iglesia, el edificio, no debe ser una canasta puesta sobre una luz. Jesús dijo: ustedes son la luz del mundo. Así que el mensaje que Dios me dijo que les trajera hoy es hablarles de su historia, de lo preciosa que es para Él y de lo preciosa que es para ustedes. Quiero decirles: ¿cómo formamos portadores del evangelio, seguidores fieles de Jesús que lleven Su historia al mundo de hoy?
Hoy estamos en la era de la información; todo el mundo tiene uno de estos, ¿verdad?, y una computadora. Sin embargo, hoy más que nunca, especialmente aquí en Nueva Inglaterra, la gente no conoce la historia de Cristo, la gente no cree la historia de Jesús. Hoy, este domingo, nueve de cada diez personas no están en la iglesia. Nueva Inglaterra tiene la asistencia a la iglesia per cápita más baja de la nación.
«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no perezca». Las personas sin Jesús están pereciendo, ¿sí? Así que eso debería alterarnos, debería preocuparnos. Es hora de que la Iglesia de Nueva Inglaterra permita que las cosas que quebrantan el corazón de Dios quebranten también nuestros corazones; Jesús murió por los pecados de todos. La manera en que la gente puede oír la historia de Cristo ya no será por teléfono ni por internet; demasiada información es demasiada información.
La manera en que la gente aprende y oye acerca de Cristo es cara a cara, ¿verdad? Es de persona a persona. Y entonces, para nosotros, los cristianos que tenemos una gran historia que compartir y que hemos estado orando por amigos y vecinos, a veces llega un momento decisivo en el que ese vecino o familiar dice: sí, quiero oír más. Entonces sucede algo y comenzamos a sonar como uno de esos grandes camiones que retroceden en la autopista: bip, bip, bip; van a descargarlo todo y soltar de golpe toda la carga.
Necesitamos aprender a compartir el Evangelio como el tesoro de nuestro corazón, poco a poco. Cuando leen en las Escrituras acerca de Jesús y de la manera en que Él hablaba con la gente, ven que Él los escuchaba, los observaba y hablaba con Su Padre mientras escuchaba y observaba.
Así, con la mujer junto al pozo, Él la vio; el Señor, por medio de Jesús, le dio una Palabra acerca de ella, y Él le habló en pequeñas dosis de Evangelio. Por tanto, para que nosotros podamos hablar la Palabra de Dios al mundo que nos rodea hoy, necesitamos aprender a invertir antes de invitar. ¿Qué invierten? El tesoro de su corazón, ¿sí?
Así que no sean el camión que retrocede y simplemente descarga todo; observen y oren, escuchen al Señor y den un poquito del tesoro del Evangelio. Por eso, mientras el pastor Roberto comienza en la Iglesia el año del discipulado, cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de comprender el Evangelio y qué parte de la historia atesoramos.
Sé que cada uno de ustedes aquí tiene una parte de su historia acerca de cómo entendió por primera vez el amor de Dios por usted; no es la historia de Roberto, es la historia de usted. ¿Cuál es su historia acerca de recibir el amor de Dios? Si vamos a pensar en todo el Evangelio dividido en cinco partes, podríamos considerarlo así: Dios, pecado, Jesús, la Gracia en la cruz y la oración de salvación. Cada uno de ustedes, si está en Cristo, tiene una historia acerca de esas partes del Evangelio.
Algunos tenemos nuestra propia historia, una que nos hace sentir muy bien particularmente en cuanto a esa parte de nuestro tesoro. Algunos tenemos las historias de otras personas, como las historias que han oído esta mañana, los testimonios de esta mañana que significan muchísimo para nosotros y que señalan el tesoro de su propio corazón. Así que es hora de leer la Escritura.
La Primera Epístola de Juan, capítulo 1, los primeros cuatro versículos: «Lo que era desde el principio, lo que hemos visto, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos aprendido y lo que hemos tocado con nuestras manos respecto al Verbo de vida; esta vida fue manifestada, y la hemos visto, damos testimonio de ella y se la proclamamos a ustedes. Esta es la vida eterna que estaba con el Padre y nos fue manifestada».
«Lo que hemos visto y oído se lo proclamamos a ustedes, para que también ustedes tengan comunión con nosotros; y verdaderamente nuestra comunión es con el Padre y con Su Hijo Jesucristo. Y les escribimos estas cosas para que nuestro gozo sea completo». En el Evangelio de Juan, en el capítulo quince, está ese pasaje acerca de permanecer en la vid. ¿A cuántos de ustedes les encanta ese pasaje?
En Juan 15:9 Jesús dice: «Como el Padre me ha amado, así también Yo los he amado; permanezcan en Mi amor, porque si guardan Mis mandamientos, permanecerán en Mi amor, así como Yo he guardado los mandamientos de Mi Padre y permanezco en Su amor. Estas cosas les he hablado para que Mi gozo esté en ustedes y para que entonces su gozo sea pleno». Así que, tanto en la comunidad de Juan, el apóstol de Jesús, como entre Sus discípulos, pueden ver que compartían la historia con la Iglesia para que su gozo fuera completo.
Jesús, en Juan capítulo 15, decía que cuando permanecemos en Él y guardamos los mandamientos de Dios, permanecemos en Él; y Él nos dice estas cosas para que Su gozo esté en nosotros y nuestro gozo sea pleno. El pastor John Machado tuvo esta mañana una Palabra para mí, porque he estado librando una gran batalla por el Señor aquí en Nueva Inglaterra, y él sintió que el Señor nos llamaba, a mí y a nosotros, a salir de la temporada de la espada y entrar en una temporada de paz. No para dejar de proclamar, sino para continuar haciéndolo desde un corazón lleno de paz.
Congregación León de Judá, hace siete años fui consagrado obispo y, el día de mi consagración, una de las congregaciones africanas me regaló un león grande y dijo: vuelve a Nueva Inglaterra y sé un león en Nueva Inglaterra.
Y aquí estoy, siete años después, en León de Judá. Hermanos y hermanas, el león está en marcha, pero no es un león terrible y feroz. Jesús dijo: viene el día en que el león se acostará con el cordero. Seguirá siendo un león, pero estará acostado con el cordero. Cuando compartan su historia, háganlo para que el gozo de ellos sea pleno.
Hermanas y hermanos, cuando le preguntaron a Jesús por qué pasaba tiempo con recaudadores de impuestos y pecadores, en Lucas capítulo 15 Jesús dijo: déjenme contarles una historia. Había un hombre que tenía cien ovejas y perdió una; deja las 99 y sale a buscar a la que se perdió. Cuando la encuentra, la lleva de regreso a la aldea y les dice a los demás hermanos y hermanas de la aldea: oigan, vengan, encontré mi oveja que estaba perdida. Jesús dice: les digo que hay más gozo en el cielo por la que fue encontrada que por las 99 que no estaban perdidas.
¿Por qué pasaba Jesús tiempo con recaudadores de impuestos y pecadores? Por gozo. Y Él cuenta la historia de una ama de casa que perdió la moneda de su corona nupcial y pone su casa patas arriba para encontrarla. Cuando encontró aquella moneda, llamó a sus amigas y vecinas y dijo: vengan a celebrar. Jesús dijo: les digo la verdad, hay más gozo delante de los ángeles en el cielo por un pecador que se arrepiente que por muchos que no necesitan arrepentirse, ¿amén?
¿Por qué comparte Jesús el Evangelio con los perdidos? Por gozo. Jesús les contó otra historia. Un hijo fue a su padre y dijo: dame toda mi herencia. Después se fue y la gastó por completo; y cuando se quedó sin dinero, se dijo a sí mismo: necesito ir a mi padre, necesito decirle a mi padre: no soy digno de ser tu hijo; déjame ser solamente uno de tus trabajadores. Y cuando regresaba a casa, el padre lo vio desde muy lejos, corrió a abrazarlo y les dijo a los siervos: pónganle un manto, pónganle calzado en los pies, maten el cordero y hagan una fiesta.
¿Por qué contó Jesús esa historia? Es la imagen de Dios Padre, que espera y está atento a que todos Sus hijos vuelvan a casa, para que los pródigos lleguen a casa y reciban el abrazo del Padre. ¿Están orando por un hijo o una hija pródiga? Dios está atento, está mirando, está esperando para poder abrazar al pródigo cuando regrese a casa. Por gozo, Jesús les dijo a los fariseos: estoy pasando tiempo con los recaudadores de impuestos. Era una parte tan importante de Su vida que, cuando el autor de Hebreos escribe en el capítulo 12, responde a la pregunta que muchos de nosotros tenemos: ¿qué mantuvo a Jesús en la cruz?
Hebreos 12:3 dice: «Jesús, quien por el gozo soportó la cruz». Es Jesús quien, por el gozo puesto delante de Él, soportó la cruz. ¿Cuál era el gozo puesto delante de Jesús? Encontrar a esa joven que recibió a Cristo; el gozo puesto delante de Jesús eran estas dos personas que recibieron al Salvador esta mañana, ¿amén? Sí.
El gozo puesto delante de Jesús era toda esta Iglesia y su testimonio, porque ustedes han venido a la cruz y han venido a la salvación, ¿amén? Porque Dios los amó primero con más amor del que podrían imaginar y, cuando volvieron a casa, a ese amor, fue algo abrumador, ¿amén? Gloria a Dios.
Así que, amados hermanos y hermanas, permítanme darles una historia que contar acerca de un Dios que busca al hijo o a la hija pródiga; y entre las personas que conozcan quizá encuentren una historia como esta, porque ustedes y yo conocemos todos los días de la semana a hombres y mujeres que son hijos o hijas pródigos. Porque en las Escrituras, en Santiago capítulo 4, versículos 5 y 6, la Escritura dice: «Dios anhela celosamente el espíritu que hizo morar dentro de ustedes». Así que, mientras ustedes y yo oramos por los perdidos, el amor de Dios ya está buscándolos.
Necesitamos, pues, tener ese pedacito de la historia del Evangelio acerca del amor de Dios que sale a buscar al cordero perdido. Había un grupo de intercesores y sanadores que iban a orar por unas jóvenes en la casa donde se trataba su drogadicción, una casa que nosotros teníamos. Antes de ir a la casa se reunieron para orar, y una de las mujeres que intercedía recibió una Palabra muy específica. El Espíritu de Dios le habló y le dijo: «La Palabra para la mujer que te mostraré es: eres amada y deseada».
Así que el equipo de oración y los intercesores fueron a la casa de sanación y comenzaron a ministrar a las mujeres y a compartir el mensaje del Evangelio. Había una joven que comenzó a insultarlos, les gritaba y no quería saber nada de ellos; y la intercesora se dio cuenta de que la Palabra de Dios era para ella, mientras aquella joven continuaba gritándoles. La intercesora se acercó y comenzó a hablarle.
Y le dijo: eres deseada. La joven le gritó: cállate. Y ella volvió a decirle: eres deseada. La joven gritó: ¡cállate! Y la intercesora dijo una vez más: eres deseada. Entonces la joven se subió la manga de la camisa por encima del hombro, y tatuadas en su brazo estaban las palabras: no deseada. ¿Hay algo demasiado difícil para nuestro Dios? No.
Así que, sabiendo por esa historia que Dios anhela celosamente el espíritu que hizo morar dentro de ustedes, ustedes forman parte del grupo de búsqueda, porque ustedes y yo jamás miraremos otro par de ojos por quien Jesús no haya muerto. Por eso necesitamos estar preparados para preguntarle al Dios vivo si nuestra tarea es hablarles a esos ojos. Y cuando lo hagan, recuerden hacerlo por el gozo de Dios, por el gozo de su propio corazón, por el amor de Jesús, ¿amén?
La historia y el testimonio de la Iglesia son la medida del fruto del mensaje de la Iglesia. Es hora de que la Iglesia anglicana y la Iglesia de la Congregación León de Judá lleven nuestra historia afuera y la entreguen, para compartir el gozo que habita en nuestros corazones, poco a poco, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén.
Obispo, por favor, repita esos cinco elementos que acaba de mencionar.
Obispo: Es un bosquejo de la historia del evangelio, y estoy seguro de que aquí han oído el Evangelio una y otra vez. Así que, en algún momento, tomen una hoja de papel y escriban la palabra «Dios»; deténganse y digan: ¿cuál es mi historia acerca del amor de Dios por mí? Hoy, cuando hablamos del pecado —esa es la segunda palabra, «pecado»—, la gente no quiere oír a la Iglesia decir que son pecadores; eso no funciona. Pero descubrí que podemos hablar con cualquiera acerca de la alienación o de las barreras. Así que, ¿cuáles son sus historias acerca de los momentos en que se encontraron alejados de Dios o tuvieron una barrera con sus hermanos y hermanas? ¿Intervino Dios en eso en su vida? ¿Forma eso parte de su tesoro?
Y no pueden compartirlo si no lo escriben. Jesús: simplemente escriban la palabra «Jesús». ¿Quién es Jesús para ustedes? En cuanto a Dios, piensen en el versículo de la Escritura que vamos a anotar, Segunda de Corintios 5:21, que dice: «Dios hizo que Aquel que no conoció pecado se hiciera pecado por todos, para que en Él nosotros llegáramos a ser la justicia de Dios». Jesús hizo eso por ustedes.
Así que, al comprender lo que Jesús ha hecho por ustedes, ¿cuál es su historia al respecto? La Gracia: se les ha dado gratuitamente el don de la vida eterna con Jesucristo. La pregunta para ustedes es: ¿cuándo entendieron por primera vez que no podían comprarlo, que no podían pagarlo, que no podían añadirle nada, que es simplemente un regalo? Sí, necesitan conocer esa historia para poder compartirla; necesitamos apropiarnos de ella, necesitamos tener esa historia y hacerla nuestra.
Y luego, ¿cómo llegaron a hacer la oración? La oración de salvación. Recuerden el momento en que dijeron: Señor, gracias por morir por mis pecados; por favor, entra en mi vida y toma el control de ella, sé mi Señor y Salvador; por favor, lléname de Tu Espíritu Santo. La manera de recordarlo es: por favor, gracias, Señor Jesús, por morir por mis pecados; por favor, entra en mi vida y toma el control de ella, lléname de Tu Espíritu Santo; gracias, por favor, por favor.
Si hasta hoy no han hecho esa oración, tal vez necesiten hacerla ahora mismo. Quizá haya aquí alguien que necesite hacer esa oración.