¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el buen óleo sobre la cabeza, El cual desciende sobre la barba, La barba de Aarón, Y que baja hasta el borde de sus vestiduras; Como el rocío de Hermón, Que desciende sobre los montes de Sion; Porque allí envía Jehová bendición, Y vida eterna. — Salmos 133:1-3
¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! — Lucas 2:14

Autor
Dr. Ernst Diehl
Resumen: A menudo nos agotamos intentando construir una vida espiritual perfecta, pero la verdadera bendición sigue una "teología del descenso", fluyendo de Dios hacia nosotros en lugar de subir por nuestros esfuerzos. La vitalidad espiritual es un don que desciende por gravedad de Jesús para nosotros, no una estructura que debamos construir por nuestra cuenta. Deja de afanarte por ganar lo que es dado gratuitamente; suelta tus ladrillos y simplemente posiciónate para recibir Su gracia refrescante.
¿Alguna vez sientes que estás trabajando sin cesar en una obra de construcción espiritual? A menudo abordamos nuestra fe, nuestras relaciones y nuestra paz interior como los antiguos constructores de la Torre de Babel. Nos esforzamos por apilar ladrillo sobre ladrillo, intentando fabricar unidad en nuestros hogares, construir una imagen cristiana perfecta o forjar nuestro camino hacia la santidad a base de pura tenacidad. Creemos que si tan solo nos esforzamos más, podremos finalmente alcanzar la cima de la madurez espiritual.
Pero ese tipo de afán es agotador, y a menudo nos deja exhaustos y vacíos.
La Escritura nos ofrece un plano asombrosamente diferente—una "teología del descenso". Revela que las bendiciones más esenciales en el Reino no se construyen de abajo hacia arriba; fluyen del corazón de Dios hacia nosotros.
Considera la hermosa imagen que se encuentra en el
Esta es la arquitectura vertical de la gracia. La vitalidad espiritual es una bendición que desciende por gravedad. Porque Jesús, nuestro verdadero Sumo Sacerdote y Cabeza, ha sido ungido sin medida, el aceite del Espíritu fluye naturalmente hacia nosotros, Su cuerpo. No tenemos que fabricar la unción ni "hacer" que la unidad ocurra; simplemente la recibimos en virtud de nuestra conexión con Él.
Si hoy estás cansado, quizás sea hora de dejar de subir y empezar a recibir. No puedes ganar esta paz, y no necesitas construir esta unidad. Tu única tarea es posicionarte bajo el flujo del favor de Dios. Deja tus ladrillos, descansa en la obra consumada de Cristo, y deja que Su gracia refrescante te cubra como el rocío de la mañana.
¿Qué piensas sobre "La Gravedad de la Gracia: Dejando tus Ladrillos"?

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