Sean las alabanzas de Dios en su boca, y una espada de dos filos en su mano. — Salmos 149:6
Como a medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, y los presos los escuchaban. De repente se produjo un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel fueron sacudidos. Al instante se abrieron todas las puertas y las cadenas de todos se soltaron. — Hechos 16:25-26

Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: El salmo 149 vincula la adoración y la guerra espiritual. Al adorar a Dios con gozo y entusiasmo y mantener una actitud de guerra espiritual, el pueblo de Dios aprisiona a los reyes y nobles rebeldes y ejecuta los juicios que Dios ha decretado. La adoración nos fortalece, nos llena de la unción de Dios, debilita el poder del enemigo y nos prepara para hacer guerra espiritual efectiva. Estos dos elementos deben estar siempre unidos en la vida de una iglesia o un creyente que tiene una verdadera visión sobrenatural.
El
Hermoseará a los humildes con la salvación.
5 Regocíjense los santos por su gloria,
Y canten aun sobre sus camas.
6 Exalten a Dios con sus gargantas,
Y espadas de dos filos en sus manos,
7 Para ejecutar venganza entre las naciones,
Y castigo entre los pueblos;
8 Para aprisionar a sus reyes con grillos,
Y a sus nobles con cadenas de hierro;
9 Para ejecutar en ellos el juicio decretado;
Gloria será esto para todos sus santos.
Aleluya.
Vemos aquí claramente vinculadas la adoración y la guerra espiritual. El pueblo de Dios adora con gozo y entusiasmo al Señor, pero a la misma vez guerrea a favor de Su causa.
La adoración, unida a una actitud de guerra, provee los instrumentos necesarios para ejecutar los propósitos de Jehová en la tierra. Al exaltar a Dios “con sus gargantas” (adoración) y mantener “espadas de dos filos en sus manos” (guerra espiritual), los santos de Dios aprisionan a los reyes y nobles rebeldes. ¿Podría ser esto (los “reyes y nobles rebeldes”) una referencia profética a esos principados y potestades que se rehúsan a reconocer el Señorío de Jehová? ¡Ciertamente, por medio de su alabanza desafiante, el pueblo de Dios “encadena” al enemigo, y “ejecuta” sobre él los juicios que Dios ha decretado (vs. 9)!
Bien emprendida, la adoración nos fortalece, nos llena de la unción de Dios, debilita el poder del enemigo, y nos prepara para hacer guerra espiritual efectiva. Estos dos elementos—adoración y guerra espiritual—deben estar siempre unidos en la vida de una iglesia o un creyente que tiene una verdadera visión sobrenatural.