La Actitud de un Vencedor (Marcos 7:24)

-?-

Autor

-?-

Resumen: A partir de la mujer griega que buscó a Jesús por causa de su hija en Marcos 7, aprendemos que Dios quiere formar en nosotros una actitud perseverante de vencedores, y no limitarse a resolver una crisis inmediata. Dios obra mediante procesos: los grandes propósitos se alcanzan a través de pequeños pasos, por lo que no debemos perder de vista la dirección general. Como vencedores, nos negamos a acomodarnos a un problema o a dejar que este nos neutralice; por el contrario, la dificultad nos impulsa a actuar. Buscamos a Jesús, nos rodeamos de personas que comprenden el desafío y creen que la victoria es posible, y examinamos cuidadosamente la verdadera naturaleza de la crisis. La mujer se enfrentó a barreras de nacionalidad, de la ley judía y de la respuesta inicial de Jesús; aun así, perseveró. Su fiel «pero» expresó el lenguaje del éxito: reconoció el obstáculo sin aceptar que fuera imposible superarlo. Esta actitud no niega el sufrimiento ni los desafíos; declara que nuestro Dios es mayor que ellos. Por tanto, estamos llamados a rechazar la derrota, el miedo, la ansiedad y la conformidad pasiva, a depender del poder del Espíritu Santo y a trabajar con Jesús hasta convertirnos en personas capaces de afrontar las crisis, superarlas y ayudar a llevar la victoria a nuestras familias, nuestra iglesia y nuestra comunidad.

¿Es grande Dios? ¿Es grande? No los oigo. ¿Es realmente grande? Me complace estar aquí en medio del pueblo de Dios. Es un momento agradable.

Jesús dijo: «Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». Creo que cuando nos reunimos en el nombre de Jesús, la presencia de Jesús se manifiesta ante nosotros de una manera muy especial, porque a Jesús le gusta estar en medio de su pueblo.

Y él tiene grandes cosas para cada uno de nosotros. Cada vez que Jesús está en un lugar determinado, siempre suceden cosas maravillosas. Porque él siempre tiene algo bueno para su pueblo. Su voluntad es buena, agradable y perfecta. Es agradable estar en la presencia del Señor. He disfrutado mucho con todos ustedes.

Antes había hablado con su pastor acerca de que me gustaría visitar esta iglesia, y sucedió de una manera interesante. Porque vinimos a dar un par de presentaciones; no se había planeado con mucha anticipación, como ya hemos dicho, pero sucedió, tuvo lugar en esta iglesia en particular.

Y realmente ha sido un placer estar en medio de ustedes. El ambiente se siente agradable. Y cuando uno va a un lugar determinado, puede percibir el ambiente. Es bueno ver la decoración del lugar; también es bueno ver el orden, las luces y los instrumentos; pero hay algo más que debe tomarse en cuenta: el ambiente espiritual; el ambiente acogedor del Señor.

Dios es un Dios que se revela. Él revela su amor de una manera muy especial. Como un padre hacia su hijo o hija, Jesús revela su gracia de una manera muy especial. En la cruz, reveló que nos amaba mediante una acción en la historia de la humanidad. En el Espíritu Santo se nos revela como consolación, como poder.

Hoy el Señor trae una palabra para todos nosotros, y la encontraremos en Marcos, capítulo siete. Leeremos a partir del versículo 24.

Oremos por un momento. Te damos el honor y la gloria, Señor. Reconocemos tu presencia en este lugar. Sabemos que tienes el control de todo y sabemos que tu corazón quiere bendecirnos. Quieres revelarte a nosotros y, por encima de todas las cosas, formar en nosotros una actitud especial que haga de nosotros tu pueblo: personas capaces de vivir a la altura de tu propósito.

Tienes un propósito para cada uno de nosotros, un propósito individual, un propósito para nuestras familias, un propósito en esta congregación. En esta ciudad tienes un propósito, en este estado e incluso en esta nación. Señor, hoy nos sometemos a tu propósito y recibimos esta palabra, este desafío en nuestra vida. Decimos: «Sí, Señor, creemos en ello». Anhelamos que nos hables. Deseamos que te manifiestes entre nosotros. Recibimos lo que tienes. Estamos listos y dispuestos a abandonar todo lo que haya de malo en nosotros.

Estamos dispuestos a ensanchar nuestra tienda. Estamos dispuestos a salir de la zona de comodidad, porque somos tu pueblo, porque tú nos has redimido, porque tienes un propósito para nosotros.

Señor, hoy decimos: «Sí, aceptamos tu palabra». Renunciamos a toda oposición espiritual, a cualquier cosa que pueda impedir que tu palabra fluya en nuestra vida. Ahora le decimos al enemigo de nuestras almas, a ti, Satanás, que no tienes nada que hacer aquí. Jesús es nuestro Señor y él es el dueño de mi voluntad. En el nombre de Jesús oramos. Amén. Amén.

Hoy queremos hablar sobre un tema que he titulado «La actitud de un conquistador, de un vencedor». ¿Cómo se llama el tema? Díganle a alguien que esté a su lado: Quiero tener una actitud de vencedor.

Siempre que pongo a la gente a hacer esta clase de ejercicios, me gusta observar cómo los llevan a cabo. Me gusta interpretar la actitud de la gente. Al principio suena un poco a broma, resulta gracioso. Lo hago porque me dijeron que lo hiciera y tengo que hacerlo. Pero en realidad soy muy tímido. Prefiero concentrarme en lo que me están diciendo desde allá arriba.

Pero, saben, su conquista representa la victoria del hermano de su congregación, del creyente. La victoria de esta iglesia representa la victoria de todo el vecindario. Cuando los vecindarios y las comunidades conquistan, eso representa una victoria para toda la ciudad. Y cuando las ciudades se convierten en ciudades conquistadoras, también podemos conquistar estados.

Sé que tienen luchas. Sé que tienen desafíos en sus vidas. Y es posible que Dios esté trayendo este mensaje para ustedes. Él los está mirando con ojos especiales. Los ve como personas capaces, como personas con potencial que pueden marcar la diferencia.

No solo como personas que meramente escuchan algo, sino también como personas que escuchan con un sentido de propósito. Dios está formando una actitud en cada uno de ustedes. Quiero motivarlos.

Díganle a la persona que está a su lado, díganlo con convicción: «Dios está formando en mí una actitud de vencedor». Mírenla a los ojos: «Dios está formando en mí una actitud de vencedor». ¿Cuántos dicen «Aleluya»? ¿Cuántos dicen «Amén»? ¿Cuántos dicen: «Soy un conquistador. Soy un conquistador. Soy un conquistador en el nombre de Jesús»? Una actitud comienza por medio de la fe. Cuando soy capaz de creer, estoy en camino de adquirir una actitud.

Es interesante cómo aprendemos de esta mujer de una manera clara y concisa. Tal vez, de todos los pasajes que he leído, este sea el que muestra con mayor claridad una actitud un tanto agresiva y áspera de parte de Jesús hacia el ser humano. Muchas personas que comentan este pasaje se preguntan cómo sería posible que Jesús le hubiera hablado así a esta mujer. ¿Cómo es posible que Jesús, siendo un ser tan compasivo, reaccionara de esta manera con esta mujer? Y muchas veces nosotros mismos podemos perder de vista lo que Dios intenta hacer cuando nos enfocamos demasiado en algún detalle particular, porque Dios siempre tiene presente el panorama completo, la gran visión de las cosas.

Nuestro Dios es un Dios de procesos. Aunque también se enfoca en los pequeños detalles. Le gusta dar pasos pequeños. Pero también avanza hacia algo grande. Nos está guiando hacia algo grande. Tiene grandes cosas para cada uno de nosotros. Tiene grandes cosas para mí. Y estas grandes cosas deben conquistarse mediante pequeños pasos. Pero si nos perdemos pensando únicamente en esos pequeños pasos y nos enfocamos demasiado en ellos, olvidamos que tenemos toda una trayectoria. Podemos perder ese sentido del propósito final.

Así que este pasaje debe leerse a la luz del propósito de Dios, en el cual el Señor ayuda a una mujer en particular a desarrollar, a formar una actitud que iba a llevarla mucho más allá de simplemente pedir la sanidad espiritual de su hija. Muchos de nosotros acudimos a las iglesias cristianas para que se resuelva una situación particular de nuestra vida. «Pastor, necesito que ore por mis finanzas. Necesito trabajo. Lo necesito de inmediato. Sé que he estado alejado del Señor durante mucho tiempo, pero necesito ir a la iglesia, así que estaré allí el domingo. Ay, pastor, mire, mi hija está enferma. Así que necesito ayuda. Por eso estaré allí el domingo para verlo. Sabe, estoy teniendo problemas con mi esposa. Ya no quiere cocinar para mí. Cuando le pido algo de comer, me enseña la olla que tiene en la mano. Hasta tengo miedo de pedirle comida. Necesito que ella cambie. Así que la llevaré conmigo a la iglesia».

Muchos de nosotros acudimos a la iglesia para resolver un área particular de nuestra vida. Y lo que sucede es que, a veces, tal vez Dios nos ayuda a resolver esa área particular de nuestra vida. Y volvemos a acomodarnos hasta que aparece algún otro problema. Y este nos estimula nuevamente a buscar al Señor. Y esto es lo que Dios quiere evitar, porque esto no equivale a tener la actitud de un vencedor. La actitud de un vencedor se caracteriza por ciertos pasos que es necesario dar.

Hay algunas características que resultan muy claras en la actitud de un vencedor. Quiero que observen este pasaje conmigo, versículo 25: «Había una mujer que tenía una hija con un espíritu maligno y que acudió a él. Después de oír hablar de él, vino y se arrojó a sus pies».

Lo primero que vemos acerca de una actitud vencedora es que este tipo de persona no se siente cómoda con el problema que tiene. No permite que el problema la neutralice. Un vencedor es una persona a quien el problema impulsa realmente a hacer algo, a actuar; es una persona que no permite que ese problema sea mayor que su deseo de vencerlo. El deseo de seguir adelante es mayor que cualquier depresión, que cualquier enfermedad, que cualquier crisis, que cualquier problema que pueda tener en su matrimonio, que cualquier cosa que pueda impedirle alcanzar el propósito de Dios. Los problemas realmente la estimulan. La sacan de su comodidad. Esto es lo primero que necesitamos saber acerca de un vencedor.

La segunda característica de un vencedor es que se rodea de personas superiores a él. Veamos lo que hizo esta mujer. Fue a buscar a Jesús. ¿Qué hizo? ¿Qué deben hacer ustedes cuando tienen un problema? ¿A quién deben buscar? Debemos buscar a Jesús. Jesús es el ser superior a todos nosotros. Ella se rodeó de personas superiores. Supuestamente, en este pasaje Jesús estaba de vacaciones. Intentaba disponer de un tiempo privado para sí mismo, procurando recuperarse físicamente.

Aquí tenemos un ejemplo de que también necesitamos buscar tiempo para descansar, para recuperarnos. Pero esta mujer tenía una necesidad, y esta necesidad apuntaba hacia alguien que podía ayudarla, y ese nombre era: Jesús. Él es el único que puede ayudarnos en muchas situaciones de nuestra vida. Así que ustedes están en el lugar correcto. Este es el momento correcto. Este es el ambiente correcto. Este es el lugar correcto para ustedes y para mí. Así que vemos a esta mujer buscando urgentemente a Jesús en un momento en que Jesús procuraba relajarse y disponer de un tiempo privado. Esto revela algo interesante acerca del carácter de Dios. Cuando hay una necesidad, Dios no se esconde. Dios siempre está allí cuando lo necesitamos. Jesús estaba allí para ella. Y ella lo buscó hasta encontrarlo.

¿Cuál es su actitud cuando tienen dificultades en su vida? Comienzan a buscar y dicen, más o menos: «Bueno, quizá vaya a la iglesia. Si dicen algo que me ayude, tal vez vuelva. Si no, simplemente me iré. Porque en realidad no tengo demasiado tiempo que perder. Sé que tengo problemas. Sé que tengo dificultades. Sé que tengo una vida llena de crisis y dificultades. Pero en realidad no tengo demasiado tiempo para andar buscando en las distintas iglesias».

Esta mujer persistió continuamente hasta que encontró a Jesús. Ahora sucede algo interesante. Comenzamos a notar las distintas barreras que ella tuvo que superar. Una vez que encontró a Jesús, nos damos cuenta de estas duras palabras de parte de Jesús. Jesús le dice: «Oye, antes de ocuparme de ti, tengo que ocuparme de los hijos. Antes que a nadie, hay que atender a los hijos». Y entonces menciona esta palabra que traducimos al español como «perritos». Es una palabra con una significación cultural, con un sentido cultural. En realidad, se refiere a aquellos seres humanos que no pertenecían al pueblo de Israel, al pueblo judío. Así que Jesús utilizó esta palabra.

Pero algo muy interesante sucedió con aquella mujer. Porque tuvo que superar ciertas barreras. En primer lugar, era griega de nacimiento. Su nacionalidad contravenía las prácticas de este rabino en particular. Jesús había venido a los suyos. Él era el rabino enviado a los judíos. Así que ella se dirige a él, sabiendo que los rabinos y maestros judíos normalmente no aceptarían a alguien como ella.

La segunda barrera que tuvo que superar fue la ley judía. No se trataba solamente de su nacionalidad, sino de todo el sistema jurídico judío. Porque era este sistema el que procuraba evitar que se prestara cualquier clase de servicio a quienes no formaban parte del pueblo judío.

El tercer elemento es el propio Jesús. En su calidad de rabino, de maestro de la ley, representaba algo parecido a un agente de la patrulla de carreteras. Tenía que hacer cumplir la ley.

Así que ella era muy consciente de las barreras, de sus obstáculos. Sabía a qué se enfrentaba. Esta es una característica de un vencedor. Debe conocer la verdadera naturaleza de su problema. ¿Cuál es, en concreto, este problema al que se enfrenta? ¿Por qué estoy atravesando este problema particular? Si queremos salir adelante en nuestra vida, tenemos que aprender a analizar las situaciones a las que nos enfrentamos. Debemos aprender a penetrar en la naturaleza de cada crisis.

Es muy interesante que uno de los atletas más destacados de todo el mundo —de hecho, es uno de mis atletas favoritos— sea Lance Armstrong. Soy ciclista. Así que tenemos algo en común. Lance Armstrong se hizo realmente famoso después de recuperarse del cáncer y ganar cinco Tours de Francia.

En unas frases que encontramos en su último libro, «Cada segundo cuenta», dice: «Si tuviera que elegir entre el cáncer y ganar el Tour de Francia, elegiría el cáncer». Permítanme explicar lo que quiere decir con eso. El cáncer le enseñó cuáles eran las verdaderas prioridades de su vida, cuál era el verdadero valor de la vida, cuál era el futuro que tenía por delante en la vida.

Que tenía que dedicarse a una vida de servicio a la humanidad, que tenía que aprender a valorar a ciertas personas y a ciertos familiares que tenía. Tuvo que aprender a valorar el don del cuerpo físico. Aprendió mucho, especialmente que la victoria no se encuentra en la comodidad. Pudo recuperarse. Solo había un 40 % de probabilidades de que viviera y un 60 % de que muriera.

Así que comenzó a adoptar una actitud. Empezó a leer acerca del cáncer. Consiguió a los mejores médicos. Para él, los mejores médicos no eran aquellos que simplemente le decían: «Bueno, usted tiene cáncer», sino aquellos médicos que conocían bien el cáncer y los problemas, y que también contemplaban la posibilidad de vencerlo. Se rodeó de esas personas. Y comenzó a analizar todos los detalles relacionados con el cáncer. Y comenzó a creer que podía vencerlo.

Y cada día se levantaba. Y después de una sesión de quimioterapia se sentía muy mal. En lugar de concentrarse en su condición física, prefería concentrarse en seguir adelante. Y comenzó a ver esa dolorosa condición como una posibilidad de salir de allí y llegar a una posición más fuerte. Así que, al final, pudo vencerla.

Y entonces, cuando vuelve a competir, sucede algo milagroso. Su condición física después del cáncer era mucho mejor que antes del cáncer. Y hasta el día de hoy ha ganado 5 Tours de Francia. En julio va a intentar ganar el sexto. Nadie ha ganado jamás 6 Tours de Francia, y jamás un sobreviviente de cáncer ha ganado siquiera un solo Tour de Francia.

Es importante conocer y analizar nuestro problema. Es importante rodearnos de personas con una perspectiva positiva. Es importante buscar la ayuda correcta. Y esta mujer lo entendió.

Otra cosa que vemos aquí es que una persona con una actitud de vencedor insiste de manera irracional. Aunque todo parezca decir que no es posible, aunque los obstáculos te digan: «No, no sucederá», el vencedor dice: «Voy a hacer que suceda. Va a suceder; voy a seguir adelante». Aunque la gente diga: «No, este matrimonio no tiene solución, ya no hay esperanza, no queda ninguna salida», uno se dice a sí mismo: «No, tiene que haber una manera de vencer esto». Eso es creer en el Señor. Es simplemente saber que Dios está conmigo. Y esta mujer estaba en el proceso de aprender a adoptar esa actitud correcta.

Otra cosa que me conmueve de esta mujer es que aprendió un nuevo lenguaje en su vida. Yo lo llamo el «lenguaje del éxito». En el versículo 26 dice: «Era una mujer griega y le rogaba». En el versículo 28, después de que Jesús prácticamente le ha dicho que no, ella respondió: «Sí, mi Señor, pero aun los perritos debajo de la mesa comen las migajas que caen del regazo de los niños». Y este es el lenguaje del éxito, que dice «pero» cuando la gente te dice que no es posible. Y ella dijo: «Pero todavía hay una posibilidad». Y luchó con Jesús. Luchó con la situación. Y la venció.

Y Jesús le dice: «Por esa palabra que acabas de decir, esto se hará realidad en tu vida». Por esa palabra que acabas de decir, por ese lenguaje que has usado, por esa mentalidad que estás demostrando, sucederá en tu vida. Quiero decirte algo, hermano o hermana. El cristianismo tiene que ver con un lenguaje. Es el lenguaje de la fe y el lenguaje del éxito. No es un lenguaje que presuponga la ausencia de sufrimientos o desafíos. Es un lenguaje que aprende a desafiar cualquier situación y cualquier problema que pueda presentarse, y que declara: «Tengo un Dios aún más grande, un Dios más poderoso, un Dios que sana, un Dios que transforma. Mi Dios es más grande que mi problema».

Y ella venció. Logró esos resultados. Esto es lo que Dios quiere de nosotros. ¿Cuál es tu necesidad? ¿Cuál es tu problema? Dios no te tiene aquí para resolver un problema particular. Él quiere darte una actitud. Quiere darte la capacidad, la habilidad. Digan conmigo: «La capacidad de conquistar y vencer». ¿Cuál es tu necesidad particular? ¿Cuál es tu desafío? ¿Qué necesitas vencer hoy? Por esto queremos orar. Esta es la palabra: tienes algo en tu vida que necesitas vencer, porque siempre puedes llegar a ser mejor de lo que eres ahora.

Como iglesia, ustedes van a lograr grandes cosas. Hemos oído las noticias de cierto acontecimiento político que tendrá lugar pronto. ¿Cuál va a ser su actitud? ¿Será algo así como: «Bueno, yo sabía que esto iba a suceder tarde o temprano»? ¿O van a ponerse de pie y decir: «No. Incluso ahora todavía podemos vencer. Incluso ahora todavía tenemos el poder. En el nombre de Jesús. Vamos a marcar la diferencia. La historia todavía se está escribiendo»?

Todavía existe la posibilidad de vencer porque Dios tiene el control de nuestras vidas. Y es allí donde quiero orar con ustedes. Quiero que imaginen por un momento, que visualicen esa situación que están viviendo. ¿Cuál es esa necesidad que, si tuvieras a Jesús justo delante de ti, le dirías: «Señor, necesito que esto se resuelva. Necesito que obres en mi casa. Mi relación con mis hijos no está bien. Mi matrimonio no está bien. No soy feliz. Señor, mi situación económica va de mal en peor. Señor, no estoy satisfecho con esta vida. Señor, me gustaría tener una mejor educación. Estoy frustrado porque siempre he tenido sueños y no he podido hacerlos realidad. Señor, mi situación migratoria no es la mejor. Señor, necesito tu ayuda. Señor, necesito que intervengas en este estado de Massachusetts. Señor, necesito un estado que sea más íntegro espiritualmente. Señor, necesitamos que neutralices esta pérdida. ¿Qué debo hacer? No me conformo con esta situación»?

¿Puedes visualizar a Jesús ahora mismo? Diciéndote: «Trabajemos juntos. Voy a desarrollar en ti una actitud y comenzarás a marcar la diferencia. Permíteme trabajar en tu actitud y producirás un cambio. Quiero unirme a ti en esta situación y quiero hacer de ti un vencedor. Quiero ayudarte no solo a resolver un problema inmediato, sino a convertirte en alguien que resuelve problemas. Alguien capaz de afrontar cualquier situación, atravesar una crisis y salir al otro lado diciendo: “¡He vencido!”».

Porque Dios, porque Jesús me ha ayudado, quiero orar por ti ahora mismo, justo allí donde estás. Levanta la mano y mantenla levantada. Déjala allí tan solo un momento. Quisiera pedirle que ore por estas personas. Confío en su pastor. Él los ama. Confío en la oración de un pastor que ama a su pueblo. Pónganse de pie justo allí donde están. Su pastor estará orando por ustedes, y yo estaré intercediendo en su nombre. Oremos.

Señor, sé que no vencemos los problemas por nosotros mismos. Eres Tú dentro de nosotros. Es tu Espíritu Santo en nosotros, como dio a entender el sermón, Señor: el Consolador, el que alienta, el que capacita. Padre, nos apoyamos en tus promesas, nos apoyamos en tu fidelidad y decimos: «Danos poder, Señor». Padre, dejamos a un lado todas las actitudes negativas, todas las actitudes de derrota. Señor, nos negamos a conformarnos ahora mismo con nuestra situación. Padre, declaramos: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece». Aleluya. Tu palabra dice que no hay nada imposible para Dios. Señor, adoptamos por fe esa actitud de conquistador, de vencedor.

Señor, tu palabra dice que somos más que vencedores. Somos más que vencedores, Padre. Y esta mañana, Señor, nos concentramos en ese aspecto de tu palabra que nos impulsa hacia una actitud de fe y confianza en ti. Así que, Señor, renunciamos a todas las actitudes de derrota, a las actitudes de temor, a todas las actitudes de ansiedad, Señor. Y nos vestimos con la vestidura del gozo, de la paz y de la esperanza. Te adoramos; gracias, Señor.

Te damos gracias, Señor. Aleluya.