No podemos reducir el Evangelio a una serie de principios éticos, sino que debemos dar testimonio de que Dios ha entrado en nuestras vidas y ha comenzado una obra transformadora y liberadora. La iglesia debe ser la portadora de la Verdad y sin temor, anunciarla.
Hay un solo Evangelio No podemos reducir el Evangelio a una serie de principios éticos, sino que debemos dar testimonio de que Dios ha entrado en nuestras vidas y ha comenzado una obra transformadora y liberadora. La iglesia debe ser la porta
La metanarrativa bíblica está fundamentalmente conformada por el discurso divino, con Salmo 50:1 y Marcos 16:15 erigiéndose como pilares monumentales que definen el alcance y la autoridad de la *Missio Dei*. Este informe postula que estos dos textos, aunque separados por siglos y géneros literarios, no son meramente declaraciones paralelas del reinado universal de Dios, sino que representan la sístole y la diástole teológica de la historia redentora —la reunión de la autoridad y el envío de la gracia.
Nuestra existencia es una batalla constante por la lealtad suprema, ya que Dios demanda consistentemente nuestra devoción completa e indivisa —nuestro propio corazón. Este llamado ancestral encuentra su máxima expresión en Jesús, quien radicalmente demanda que nuestro amor por Él trascienda todos los demás lazos, incluso los familiares.
El éxito de una iglesia está en la historia y testimonio de su pueblo. En la era de la información, la forma en que la gente aprende sobre Cristo es cara a cara, por lo que debemos aprender a compartir el Evangelio poco a poco.
El evangelio de Cristo es la red que Dios echó desde el cielo para salvar al hombre y reconciliarlo con Él. La salvación no depende solo de creer en Dios, sino en creer en la salvación a través de Jesucristo.
Su evangelio El evangelio de Cristo es la red que Dios echó desde el cielo para salvar al hombre y reconciliarlo con Él. La salvación no depende solo de creer en Dios, sino en creer en la salvación a través de Jesucristo.
Mis amados amigos, fijemos nuestra mirada en la magnífica verdad de que nuestro Señor Jesús encarna la propia autoridad y el poder vivificador del único Dios verdadero. Él posee dominio universal, asegurándonos que nuestra salvación está inquebrantablemente guardada en Su mano invencible, otorgándonos vida eterna, vencedora de la muerte.