La oración es el ambiente esencial para tu relación con Dios, una comunión holística que abarca toda la vida. Te llama tanto a derramar tu corazón con una honestidad sin reservas, compartiendo con Él cada tristeza y temor como un refugio inquebrantable, como a orar sin cesar.
La oración bíblica opera dentro de la profunda tensión entre la vulnerabilidad humana y la omnipotencia divina. Su eficacia depende de una postura espiritual de profunda humildad y absoluta dependencia de Dios, donde la genuina indigencia espiritual se convierte en el prerrequisito indispensable para cultivar la verdadera justicia.
Nuestra senda de comunión con lo Divino nos convoca a una poderosa paradoja en la oración: una integración dinámica de intenso desahogo emocional y una vigilancia firme y disciplinada. Se nos manda derramar nuestros corazones ante Dios, nuestro refugio supremo, con honestidad radical y vulnerabilidad completa.
La oración nunca fue diseñada para ser habitual, estructurada y limitada. Es un medio para abrir activamente nuestro espíritu y compartir la mente de Cristo.
Michael Varnet, un artista y educador de arte, habla en una iglesia sobre la importancia de la unción creativa del Señor. Él comparte cómo después de recibir el Espíritu Santo, pudo entender las Escrituras y superar su dislexia.
En este sermón, el pastor habla sobre el poder de la oración en la curación emocional y la salud en general. Él enfatiza que la oración es un canalizador del poder de Dios y que sin ella, no podemos efectuar cambios en la realidad física.
Lou Engle, un líder religioso, habla sobre cómo la oración y el ayuno pueden cambiar el destino de Estados Unidos. Él comparte historias de cómo los jóvenes han sido movilizados para orar y ayunar, lo que ha llevado a avivamientos y conversiones masivas.
Cuando compartimos nuestras peticiones y decisiones espirituales con otros, estamos haciendo una declaración de fe que desata el poder de Dios y vigoriza nuestra oración. Aunque hay ocasiones en que es mejor mantener ciertas peticiones en privado, en general, la externalización de nuestras metas espirituales nos compromete y nos ata a ellas, haciéndonos más fuertes y menos propensos a abandonarlas prematuramente.
Amárrate públicamente a tu oración Cuando compartimos nuestras peticiones y decisiones espirituales con otros, estamos haciendo una declaración de fe que desata el poder de Dios y vigoriza nuestra oración. Aunque hay ocasiones en que es mejor mantener cie