Los cristianos somos como ramas injertadas en el olivo de Dios, que es el pueblo de Israel. Es importante que el pueblo de Dios ore por la paz en Israel y Jerusalén sin prejuicios.
Shema Israel Los cristianos somos como ramas injertadas en el olivo de Dios, que es el pueblo de Israel. Es importante que el pueblo de Dios ore por la paz en Israel y Jerusalén sin prejuicios.
Nuestra senda de comunión con lo Divino nos convoca a una poderosa paradoja en la oración: una integración dinámica de intenso desahogo emocional y una vigilancia firme y disciplinada. Se nos manda derramar nuestros corazones ante Dios, nuestro refugio supremo, con honestidad radical y vulnerabilidad completa.
El pastor Fumio Taku es un líder de la organización Cristianos y Judíos Unidos por Israel. Compartió su testimonio de cómo se convirtió en cristiano y cómo llegó a amar a Israel.
La oración bíblica opera dentro de la profunda tensión entre la vulnerabilidad humana y la omnipotencia divina. Su eficacia depende de una postura espiritual de profunda humildad y absoluta dependencia de Dios, donde la genuina indigencia espiritual se convierte en el prerrequisito indispensable para cultivar la verdadera justicia.
Michael Varnet, un artista y educador de arte, habla en una iglesia sobre la importancia de la unción creativa del Señor. Él comparte cómo después de recibir el Espíritu Santo, pudo entender las Escrituras y superar su dislexia.
La oración es el ambiente esencial para tu relación con Dios, una comunión holística que abarca toda la vida. Te llama tanto a derramar tu corazón con una honestidad sin reservas, compartiendo con Él cada tristeza y temor como un refugio inquebrantable, como a orar sin cesar.
Las antiguas profecías de un pueblo «primogénito» que llora regresando del exilio a un Padre amoroso se cumplen poderosamente en Jesucristo, nuestro Gran Sumo Sacerdote. Como el Hijo Primogénito supremo, Él abrazó el sufrimiento humano, ofreciendo oraciones con gran clamor y lágrimas, particularmente en Getsemaní.
Nuestra historia bíblica es un diálogo entre los lamentos más profundos de la humanidad y el amor fiel e inquebrantable de Dios. Así como el antiguo Israel clamó por redención, encontramos la respuesta activa de Dios en Jesús, quien entró poderosamente en nuestro mundo.