Dios se goza en la diversidad y en la complejidad de la fe. El síndrome del denominacionalismo se desmorona ante la fuerza del amor y del orden con que él quiere que le sirvamos como discípulos.
Unidos en amor celebramos nuestra diversidad Dios se goza en la diversidad y en la complejidad de la fe. El síndrome del denominacionalismo se desmorona ante la fuerza del amor y del orden con que él quiere que le sirvamos como discípulos.
El bautismo en el Espíritu Santo es un bautismo que ocurre en el agente, el que está bautizando es el Espíritu Santo. La Biblia habla sobre los dones espirituales y cómo son dados por el Espíritu Santo para el bien común en el cuerpo de Cristo.
El relato escritural revela un llamado constante y cada vez más profundo a cuidar a los vulnerables, culminando en una redefinición profunda de nuestra relación con lo Divino. Desde las leyes antiguas que mandaban la empatía debido a la experiencia compartida, el camino avanza hacia la ética radical de Jesús, donde Dios mismo es encontrado en el forastero que sufre.
Nuestro profundo viaje de fe revela que la verdadera transformación no es una mejora personal, sino el acto creativo y soberano de Dios que establece nuestra nueva identidad. Así como el rey David clamó por una "creación" divina para su corazón quebrantado, nosotros en el Nuevo Pacto somos "obra" de Dios, fundamentalmente recreados en Cristo.
Dios nos ha concedido graciosamente una profunda identidad en Cristo, cumpliendo antiguas promesas y apartándonos para Su propósito único. Eres un linaje escogido, un sacerdocio real, una nación santa y propiedad exclusiva de Dios, no por tus esfuerzos, sino por Su gracia.
La iglesia es como un ser complejo, formado por miles de miembros diferentes pero con un propósito común. No debemos juzgar a los demás según nuestros estándares humanos de perfección, sino aceptar y valorar a cada miembro por su diversidad y dones.
Uno en Cristo La iglesia es como un ser complejo, formado por miles de miembros diferentes pero con un propósito común. No debemos juzgar a los demás según nuestros estándares humanos de perfección, sino aceptar y valorar a cada miemb
Nuestro camino con lo Divino revela un profundo cambio en la adoración: del esfuerzo humano al empoderamiento divino. Si bien el Antiguo Pacto nos mandó poderosamente a buscar a Dios con todo nuestro corazón, también expuso crudamente nuestra incapacidad humana inherente para hacerlo, debido a nuestra naturaleza caída y engañosa.
El panorama teológico de nuestra tradición se define por una geometría específica: la trayectoria descendente de la benevolencia divina que se encuentra con el plano horizontal de la existencia humana. Cuando examinamos el diálogo intertextual entre la antigua poesía del Salmo 133 y la proclamación angélica en Lucas 2:14, encontramos una afirmación singular y robusta: la verdadera unidad sociopolítica y la paz existencial no son construidas por el ingenio humano desde abajo.