Nuestra existencia es una batalla constante por la lealtad suprema, ya que Dios demanda consistentemente nuestra devoción completa e indivisa —nuestro propio corazón. Este llamado ancestral encuentra su máxima expresión en Jesús, quien radicalmente demanda que nuestro amor por Él trascienda todos los demás lazos, incluso los familiares.
En Romanos 12, el apóstol Pablo nos da consejos prácticos sobre cómo vivir una vida cristiana piadosa y exitosa. Debemos ofrecer nuestros cuerpos como un sacrificio vivo a Dios y transformar nuestra mente para seguir sus valores.
El pastor Roberto ha estado instando a la congregación a prepararse para un tiempo de definición y a convertirse en una Generación de Obediencia Radical. La iglesia está en una encrucijada, enfrentando una El llamado a la consagración radical es un compromiso para convertirse en una Generación de Obediencia Radical, lo que significa pasar a través de las aguas de esta cultura sin tocarlas y comprometerse con la santidad interna.
Nuestro camino espiritual es una interacción dinámica entre la gracia magnífica de Dios y nuestra sincera respuesta humana. Comienza con una súplica desesperada por iluminación divina, pues nuestra ceguera inherente nos impide captar verdaderamente las «cosas maravillosas» ya presentes en la Palabra de Dios.
El compromiso radical con el Reino de Dios es un valor importante del cristianismo. La palabra "radical" se refiere a algo fundamental, apasionado y arraigado.
Hermanos, les invito ahora a ir a la palabra del Señor en el Evangelio según San Lucas, en el capítulo 14 y quiero hablarles acerca de una vida radical, un compromiso radical con el Evangelio, con Cristo Jesús, una vida Uno de los valores de nuestra visión como iglesia es producir discípulos radicalmente comprometidos con el Reino de Dios. La palabra radical muchas veces se asocia con la política, un radical es una persona revolucionari
El camino de la fe presenta una clara elección entre la verdadera piedad y la decadencia espiritual, un proceso sutil que comienza con el compromiso mundano y escala hacia una corrupción generalizada, especialmente en los 'últimos días' egocéntricos. Debemos reconocer el peligro de aquellos que externamente profesan la fe pero niegan su poder transformador.
Nuestro camino de fe revela que una vida bienaventurada, tanto individual como comunitariamente, está fundamentalmente arraigada en un profundo «Temor del Señor» —un respeto reverente y lleno de asombro por la majestad de Dios que es el punto de partida de la sabiduría. Esta antigua verdad se expandió con la iglesia primitiva, la cual halló edificación al andar tanto en el temor del Señor como en el consuelo del Espíritu Santo.
Nuestras sagradas escrituras revelan que la fe genuina exige una conexión inseparable entre nuestra postura interior y nuestra vida exterior. La verdadera espiritualidad no es solo profesar una creencia; requiere una profunda transformación interna —arraigada en la humildad, el verdadero arrepentimiento y el temor reverente de Dios— que inevitablemente florece en una vida observable y justa.