Nuestro caminar de fe revela una esperanza profunda, arraigada en el carácter y las promesas de Dios. Esta esperanza comienza en las profundidades de nuestro pecado, donde nos encontramos con el perdón divino, y se fortalece a través de una espera activa y la perseverancia en el sufrimiento.
Cuando nuestras almas desfallecen a causa de una aflicción prolongada, nos aferramos a la inmutable Palabra de Dios, sabiendo que Sus promesas son activas y poderosas. Nuestra desesperada expectación encontró su gloriosa respuesta en Cristo Jesús, la Palabra Viviente, quien vino y demostró autoridad divina absoluta para traernos una salvación integral y completa.
La esperanza es un estado de ánimo en el que asumimos como posible lo que deseamos o necesitamos. La fe y la esperanza van de la mano y son necesarias para lograr nuestros objetivos.
La esperanza La esperanza es un estado de ánimo en el que asumimos como posible lo que deseamos o necesitamos. La fe y la esperanza van de la mano y son necesarias para lograr nuestros objetivos.
Esperamos en Dios, pero a veces nuestra impaciencia nos lleva a querer intervenir en sus planes. El mundo busca descanso en la politiquería barata y los adivinos, pero la verdadera esperanza viene de Dios.
Mi Dios es esperanza Esperamos en Dios, pero a veces nuestra impaciencia nos lleva a querer intervenir en sus planes. El mundo busca descanso en la politiquería barata y los adivinos, pero la verdadera esperanza viene de Dios.
El autor es llevado a conocer a Daynaris, una mujer paralítica y atea que ha perdido toda esperanza. A pesar de que el autor intenta consolarla con un dicho popular, siente el impulso de decirle que Cristo es su esperanza y le lee un versículo de la Biblia.
Evangelio de esperanza El autor es llevado a conocer a Daynaris, una mujer paralítica y atea que ha perdido toda esperanza. A pesar de que el autor intenta consolarla con un dicho popular, siente el impulso de decirle que Cristo es su esperanz
Mis queridos amigos, aunque las pruebas de fuego de la vida nos pongan al límite, recordemos que nuestra debilidad humana no puede soportarlas sola. Cristo mismo entró en el crisol supremo, bebiendo la copa de la ira divina para protegernos de la destrucción.
Nos enfrentamos a un profundo conflicto interno: deseamos el bien, pero somos atraídos al mal que aborrecemos, una verdad fundamental articulada a lo largo de toda la Escritura. La ley divina expone poderosamente nuestra corrupción arraigada y nuestra total incapacidad para alcanzar la justicia por nosotros mismos, haciéndonos completamente dependientes de la intervención soberana de Dios.
The altars torn, the prophets gone, a weary cry, I feel alone The plans we made, now turned to dust, a heavy sigh, a broken trust Today feels endless, gray and bleak, no path I see, no words to speak My limited sight, it holds me fast, believing this despair will last But troubles fade, like morning dew, a hidden pat...