En el entendimiento bíblico, el acto de otorgar un nuevo nombre es mucho más que una etiqueta; es una declaración autoritativa de la esencia intrínseca de un individuo, señalando una profunda recreación y un nuevo llamado pactual. Este patrón consistente de renombramiento divino redefine la identidad a través del propósito divino, siempre mirando hacia una nueva realidad.
La antigua promesa de Dios, cumplida en Cristo, es una transformación radical de nuestra propia naturaleza. Él reemplaza nuestro "corazón de piedra" insensible por un "corazón de carne" tierno y nos infunde un espíritu nuevo, haciéndonos una "nueva creación".
Todos deseamos cambios, pero solemos pedir que Dios cambie primero a los demás. El cambio verdadero comienza cuando nos sometemos ante Dios y reconocemos que necesitamos renovación en nuestro carácter, pensamientos, palabras, sentimientos y acciones.
“…Has cambiado mi lamento en baile, desataste mi cilicio y me ceñiste de alegría…” Cuando yo vi este texto, ha sido una secuencia de muchas situaciones, pero hay una palabra que me llamó la atención, la palabra ‘cambiar’ el verano, sino, algunos necesitamos un cambio en nuestro carácter, en nuestra personalidad. Siempre estamos luchando con algo.
En un mundo donde la justicia flaquea y el engaño reina, haciendo vulnerables a los justos, somos llamados no a retirarnos ni a reflejar su corrupción. En cambio, nuestro mandato es un testimonio público radical a través de una conducta profundamente hermosa y honorable, reflejando nuestra identidad como "extranjeros y residentes temporales" de otro Reino.
La transformación personal debe asumirse como un proyecto consciente, definido y de largo plazo, no como un cambio instantáneo ni una vida dejada al azar. Dios nos concede dignidad, libertad y capacidad de actuar; por eso no lo hace todo por nosotros.
Quiero hablarles hermanos con respecto a esto de cómo vivir vidas poderosas, vidas que reflejen la Gracia del Señor, que reflejen el Poder de Cristo, que reflejen el carácter de Jesús, que reflejen esa abundancia a la cu la Gracia del Señor, que reflejen el Poder de Cristo, que reflejen el carácter de Jesús, que reflejen esa abundancia a la cual Cristo ha venido para darnos. Ustedes recordarán yo estaba hablando de que cuando uno va a ca
Nuestro llamado a una fe y adoración profundas está íntimamente ligado a la veracidad de nuestras relaciones. Debemos entender que Dios es testigo no solo de nuestra devoción, sino también de nuestros pactos, y las rupturas relacionales pueden hacer que nuestra adoración no sea escuchada.
La promesa profética de Dios de una "cosa nueva" culmina en la magnífica **nueva creación** inaugurada por la muerte y resurrección de Cristo. Para ti, esto significa una revolución profunda y personal; estar "en Cristo" transforma radicalmente tu identidad, pasándote del viejo yo a una vida empoderada por el Espíritu.
La vida cristiana no consiste principalmente en resoluciones sostenidas por la fuerza de voluntad, sino en una revolución producida por el Espíritu Santo. Al volvernos a Jesús, el velo es quitado y, al contemplar la gloria de Dios, somos transformados progresivamente para reflejar la imagen de Cristo.
Les invito a abrir sus Biblias al libro Segunda de Corintios, Capítulo 3. A cuántos de ustedes les gusta hacer resoluciones de Año nuevo? considero muy buen fanático de una introspección sana y saludable. Pero hay un pequeño problema si nos apoyamos solamente en nuestras propias resoluciones.