Nuestra primera y mayor oración es que la iglesia permanezca espiritualmente cerca del Señor, arraigada en la Palabra de Dios, llena del Espíritu Santo y comprometida con los valores del Reino de Dios. El ministerio, los programas y el servicio nunca deben desplazar la comunión con Cristo ni la sana enseñanza bíblica.
El pastor habla sobre la importancia de consolidar lo que Dios ha impartido a la congregación antes de avanzar en nuevas cosas. Hace referencia al pasaje bíblico de Génesis 13:1-4, donde Abram regresa a un lugar de consagración.
La promesa profética de Dios de una "cosa nueva" culmina en la magnífica **nueva creación** inaugurada por la muerte y resurrección de Cristo. Para ti, esto significa una revolución profunda y personal; estar "en Cristo" transforma radicalmente tu identidad, pasándote del viejo yo a una vida empoderada por el Espíritu.
En este pasaje de Marcos 6:30-44, vemos a los discípulos de Jesús regresar a él después de su misión y compartir con él lo que habían hecho y enseñado. A partir de esto, aprendemos la importancia de centrar nuestra vida y ministerio en Jesús y su enseñanza.
Nuestro llamado a una fe y adoración profundas está íntimamente ligado a la veracidad de nuestras relaciones. Debemos entender que Dios es testigo no solo de nuestra devoción, sino también de nuestros pactos, y las rupturas relacionales pueden hacer que nuestra adoración no sea escuchada.
Cristo da gracia y dones a cada creyente, aunque en diferentes medidas y formas. Nadie puede afirmar que no tiene nada que ofrecer.
La antigua promesa de Dios, cumplida en Cristo, es una transformación radical de nuestra propia naturaleza. Él reemplaza nuestro "corazón de piedra" insensible por un "corazón de carne" tierno y nos infunde un espíritu nuevo, haciéndonos una "nueva creación".
La adoración cristiana incluye ofrecer a Dios toda nuestra vida, negarnos a amoldarnos a los valores del mundo y ser transformados interiormente mediante la renovación de nuestra mente. El fervor espiritual, los dones, la oración y el ayuno no deben separarse de las cualidades menos espectaculares de un carácter piadoso: la honestidad, la perseverancia, la disciplina, la diligencia, la excelencia, la sobriedad, la confiabilidad y el dominio propio.