Nuestra fe cristiana nos llama a una ética profunda y de doble vertiente para los marginados: la abogacía verbal y la intercesión física. Esto significa que nuestras palabras por la justicia deben ser acompañadas por nuestras manos que desmantelan activamente las barreras de exclusión, reflejando mandatos bíblicos para hablar por los que no tienen voz y derribar obstáculos.
En un mundo donde la justicia flaquea y el engaño reina, haciendo vulnerables a los justos, somos llamados no a retirarnos ni a reflejar su corrupción. En cambio, nuestro mandato es un testimonio público radical a través de una conducta profundamente hermosa y honorable, reflejando nuestra identidad como "extranjeros y residentes temporales" de otro Reino.
En Isaías 58, Dios conecta la piedad espiritual con preocupaciones éticas y sociales. No es suficiente enfocarse en ejercicios espirituales sin preocuparse por las necesidades de la sociedad.
El pastor principal de la iglesia León de Judah en Boston, Dr. Roberto Miranda, habla sobre la necesidad de que la iglesia asuma una postura intransigente en la crisis del matrimonio entre personas del mismo sexo en Estados Unidos.
El autor presenta El autor critica la perspectiva de algunos evangélicos que abandonan la cultura en nombre del Reino y se enfocan solo en rescatar individuos. Considera que esta es una visión peligrosa y empobrecedora, y que los cristianos deben influir en los sistemas sociales y culturales en nombre del Reino.
La sabiduría antigua y la instrucción apostólica nos llaman a abrazar la mayordomía, administrando activamente los recursos divinos que se nos han confiado. Nos encontramos en una encrucijada entre el camino de la negligencia del perezoso, que inevitablemente conduce a la decadencia y la ruina, y el camino de la administración fiel del mayordomo diligente.
En este sermón, el pastor habla sobre la participación de los cristianos en la política y la sociedad en general. Él enfatiza que los creyentes están llamados a participar en la historia y en la conducción de los asuntos diarios de la sociedad en la que vivimos.
El autor habla sobre los desafíos que enfrentan los graduados que se preparan para el ministerio en una cultura cada vez más secular y escéptica. La ciencia y la tecnología modernas, la perspectiva pluralista y la homosexualidad son solo algunos de los temas que hacen que sea difícil mantener ministerios fieles y relevantes.