Y Abram creyó en el SEÑOR, y El se lo reconoció por justicia. — Génesis 15:6
Jesús no hizo muchos milagros allí (en Nazaret) a causa de la incredulidad de ellos. — Mateo 13:58

Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: Para que Dios pueda cumplir sus propósitos en nosotros, se requiere una postura de receptividad y una mentalidad sobrenatural previamente establecida. Es necesario creer que Dios aún actúa en forma sobrenatural y personal, como muestran las Escrituras. La incredulidad impide el libre fluir del poder divino. Donde hay un pueblo y líderes de fe, hay oportunidad para que el Espíritu Santo hable y actúe.
Se requiere una postura de receptividad, una apertura a las intervenciones del Espíritu, para que Dios pueda cumplir sus propósitos en nosotros. Como ya hemos insistido anteriormente, se requiere un pueblo que crea que los dones del Espíritu Santo son para todos los tiempos, para el ahora y el aquí.
Es preciso que creamos con anterioridad que Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos, para que su Espíritu pueda operar libremente en nosotros. Se requiere una mentalidad sobrenatural como plataforma previamente establecida, para que Dios pueda llevar a cabo sobre ella sus operaciones sobrenaturales.
En el famoso capítulo de la fe en
Si en una iglesia o una comunidad no se cree que Dios todavía habla en forma sobrenatural y personal, como muestran las Escrituras, muy probablemente Dios no va a hablar. En
Esa incredulidad de tantos evangélicos, que a veces se hace pasar por complejidad y sutileza teológica, tarde o temprano contristará el Espíritu, y estancará el libre fluir de la energía divina.
Pero donde hay un pueblo de fe como esos hombres y mujeres que le creyeron a Dios que vemos registrados en el famoso capítulo 11 de Hebreos, donde hay un líder o líderes que creen en Dios y le creen a Dios, hay oportunidad para que el Espíritu Santo hable y actúe.