
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: La verdadera gratitud nace al reconocer la misericordia, el perdón y la esperanza que recibimos de Jesús, y se manifiesta en una adoración apasionada. Como la mujer que derramó perfume, lágrimas y amor a sus pies, no queremos limitarnos a una relación meramente correcta con Dios ni ofrecerle solamente lo mínimo. Aunque la salvación es por gracia y no por obras, deseamos responder a su bondad con una dedicación extraordinaria, nacida primero en el corazón y traducida después en servicio, lealtad, alabanza y generosidad. Los procesos de transformación pueden tomar tiempo, y Dios comprende con misericordia a quienes apenas comienzan a dejar atrás su antigua vida. Por eso cultivamos paciencia, pasión y agradecimiento, aun frente a la crítica de quienes no comparten esa entrega. Ofrecemos al Señor nuestra congregación, familias, hogares, talentos, recursos, vida e incluso nuestra muerte, para que todo sea usado para su gloria. Pedimos que se haga su voluntad en la nación y que acompañe especialmente a quienes están solos o tristes. Queremos darle siempre lo mejor y servirlo todos los días de nuestra vida.
Lucas 7:36. Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él, y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa. Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume. Y estando detrás de él a sus pies llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, los enjugaba con sus cabellos, y besaba sus pies y los ungía con el perfume. Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.
Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, maestro. Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? Respondiendo Simón, dijo: Bueno, pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para mis pies, mas esta ha regado mis pies con lágrimas y los ha enjugado con sus cabellos.
No me diste beso, mas esta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. No ungiste mi cabeza con aceite, mas esta ha ungido con perfume mis pies. Por cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados. Y los que estaban juntamente sentados a la mesa comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es este, que también perdona pecados?
Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado; ve en paz. Amén. Yo sé que algunos están pensando que tienen que irse a sazonar el pavo esta noche, quieren irse temprano, y entendemos muy bien. Vamos a simplemente tocar un punto ya para como puntualizar todo lo que hemos dicho y arroparlo todo, las oraciones que hemos ofrecido. Estamos aquí en esta noche porque siempre es bueno escoger momentos para dar gracias al Señor. Siempre damos gracias al Señor todos los días, evidentemente el pueblo de Dios tiene que ser un pueblo agradecido, pero es bueno también señalar eso a nivel nacional, como ha hecho esta nación.
Yo creo que si no hubiera habido día de acción de gracias, definitivamente en este tiempo no sería el tiempo para establecerlo, no lo establecerían. Yo no veo a ningún presidente de esta nación o político teniendo el valor en esta época moral o espiritual para decir: Vamos a hacer un día de acción de gracias. ¿Verdad que no? No sería políticamente correcto. Dirían de una vez: Oh, esto es partidismo religioso, opresión y parcialización. Qué bueno que ese día de acción de gracias se dio hace muchos años atrás, cuando esta nación todavía reconocía que Jesucristo era quien es y que era una nación cristiana.
Y hoy en día, pues todo el mundo viaja a sus ciudades, a sus familiares, y los aeropuertos se llenan de gente aún ateos y que odian el cristianismo, porque están celebrando este día. Pero mucha esa gente se opondría a este día si se fuera a establecer en este tiempo, ¿no? Cómo cambian las cosas. Y qué bueno es tener una nación que reconoce a Dios, el Dios de la Biblia, como su Dios. Esa es la esperanza para esta nación. Y damos gracias, Señor, que hombres y mujeres visionarios hace quizás como un siglo más o menos, quizás un poco más, establecieron el Día de Acción de Gracias.
¿Cómo? George Washington. George Washington. ¿Tanto tiempo? Ajá, ve, tiene un historiador aquí que sabe esas historias. Es decir que mucho tiempo, precisamente porque esos eran hombres temerosos de Dios, y por eso esta nación se hizo tan grande, porque ha sido fundada sobre ese reconocimiento de Dios y del fundamento espiritual. Y así tenemos que hacer nosotros también con nuestras vidas. Y esta nación es grande porque ha reconocido la importancia de darle gracias a Dios y de reconocer sus bondades con esta nación.
Aquí tenemos a alguien en este pasaje que es un ejemplo para mí siempre, siempre lo ha sido, del espíritu de gracias, de gratitud, de agradecimiento para con Dios. Es esta mujer que aparece solamente en el libro, en el Evangelio según San Lucas. No aparece en ningún otro lugar, específicamente esta. Hay una que se parece un poco, pero no es la misma. Esta mujer parece que era, y es claro, que es una mujer de una vida no muy agradable. Dice el versículo 37 que una mujer de la ciudad, que era pecadora, y evidentemente su fama no era muy buena porque Simón el fariseo también conocía de ella, y Simón no se movía en esos círculos, creemos que no.
Era fariseo, pero uno nunca sabe, ¿verdad? Quién sabe lo que estaba haciendo en el internet o en algún sitio por ahí, pero por lo menos Simón era un hombre muy correcto, muy religioso, muy de su casa, un hombre que no había roto un plato, parece, nunca en su vida. Pero él sabía que esta mujer era una mujer pecadora y que no vivía una buena vida. Y sin embargo Dios escoge a esta mujer específicamente para establecerla como un símbolo del agradecimiento y de la actitud que Dios quiere de cada uno de nosotros.
A veces Dios escoge los vasos más frágiles y más inadecuados para exaltar un principio de la Escritura, y por eso yo creo que esta mujer y Simón el fariseo hacen un contraste tan interesante y como que hacen resaltar más claramente lo que es la verdadera gratitud. Simón, de nuevo, era un ciudadano respetable, una columna de su comunidad, religioso, de la casta espiritual que dirigía, que gobernaba, muy estricta en sus requisitos rituales y de conducta y todo lo demás. Era un ejemplo de lo positivo de una comunidad.
Esta mujer posiblemente era prostituta, ciertamente caminaba en lugares donde no debía caminar. Hoy en día hubiera sido una drogadicta, quizás una alcohólica tirada en la cuneta de vez en cuando, o una persona de mala vida, o una persona que había tenido muchos hombres, que se le conocía muchos hombres. Y por ser mujer ya también estaba en desventaja, formaba un contraste muy grande con Simón el fariseo. Y Simón invitó a Jesús a su casa porque quería conocer acerca de él. Simón tenía inquietudes religiosas y Jesús era una figura intrigante, con una posición teológica diferente a la común y corriente.
Y entonces Simón invitó a Jesús a su casa porque tenía curiosidad por conocerlo, quería saber un poquito más acerca de Jesús. No lo invitó en realidad porque quisiera honrar a Jesús, o porque reconociera quién era Jesús y que él era el Hijo de Dios o que era el Salvador del mundo, no. Simón invitó a Jesús simplemente porque quería saber un poco de él y como era interrogarlo, era una curiosidad más bien. Se parecía a otras personas que interrogaron a Jesús con ánimo de simplemente saber qué, what makes him tick, como dicen en inglés, cuál es el resorte que lo movía a este hombre diferente.
Pero no había en su corazón verdaderamente un deseo de honrar y glorificar a Jesús. Así que cuando Jesús entró a su casa, Simón le dio un tratamiento meramente cortés. Lo recibió, lo sentó en su casa, quizás le dio en una cosita de vidrio, un envase de vidrio, unos Hershey's Kisses o algo así, y un vaso de agua, una Coca-Cola. Pero su recepción de Jesús fue básica, fue meramente correcta, fue apropiada, pero de ahí no pasó. Fíjese que el Señor, aparentemente nunca, no le señaló nada, sino que simplemente recibió lo que Simón le ofrecía, y todo estaba muy tranquilo y todo iba muy bien.
Pero el Señor estaba observando, porque Él conoce los corazones. Pero de momento irrumpe en esa casa, que imagino que era una casa bastante grande, bastante amplia, llega esta mujer y se acerca a Jesús y dice que trajo un frasco de alabastro con perfume, y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies y los enjugaba con sus cabellos, y besaba sus pies y los ungía con el perfume. Yo me pregunto, ahora que leía esto, ¿habrá esa mujer, cuando hizo este acto de adoración al Señor, habrá ella abandonado completamente su vida anterior?
Sería interesante especular sobre eso, ¿no? Quién sabe si todavía estaba, quizás en las últimas etapas de su despegamiento de su vida anterior. Yo personalmente sospecho que todavía ella no había salido completamente de su atadura y de su estilo de vida. Quizás estaba en el proceso, como pasa cuando la gente conoce al Señor, que ha tenido una vida difícil y conoce al Señor, recibe el toque del Espíritu Santo, como a veces vemos gente que viene aquí a la iglesia, pasan al frente y usted sabe que vienen crudos del mundo.
Lo ven, usted lo ve por la forma en que se visten, por la forma, la apariencia y todas estas cosas. Usted sabe que son personas que todavía... pero han pasado al frente, a veces usted los ve llorando, están tocados por Dios. Pero les va a tomar tiempo para que toda esa mala sangre que han acumulado a través de los años se les vaya saliendo y pueda ser reemplazada con actitudes positivas, comportamientos sólidos. Los vamos a ver de vez en cuando en la iglesia, vendrán un domingo y después tres meses después vuelven y se aparecen, y después dos meses después, después un mes después, y cuando usted viene a ver entonces se van quedando.
Y yo he visto que cuando esas personas pasan al frente, yo digo, probablemente esto les va a tomar, a menos que no sea un caso muy excepcional, dos, tres años. Nuestra iglesia ha sido interesante eso, que Dios la ha usado para que venga mucha gente, conocen al Señor, se entregan a Dios, pero no se crea que usted inmediatamente los va a ver viniendo cada domingo. Ahí lo que hace muchas veces que se inicia un proceso de relación con Dios, y entonces les va a tomar mucho tiempo convertirse en ciudadanos regulares del reino de Dios.
Es más, quizás Dios ni siquiera se van a quedar en esta iglesia. Van a venir aquí, van a recibir al Señor y se van a ir a otra iglesia quizás, o se van a ir a otro país o lo que sea. Pero el caso es que siempre en los procesos de Dios se toman tiempo, y Dios es tan misericordioso que Él entiende esto. Y yo sospecho que esta mujer todavía no había abandonado completamente su estilo de vida, pero estaba conmovida. Quizás como Zaqueo, por ejemplo, ella haya escuchado un sermón de Jesús en la calle, y el Señor la haya visto y habría orado por ella y la habría bendecido, y todo lo que ella había recibido a través de su vida había sido ¿qué?
Desaires, desprecio. Los hombres la usaban, se valían de ella sigilosa y secretamente, y la despreciaban. Después al otro día la miraban por la calle y ni te vi. Y esta mujer estaba acostumbrada a eso, pero Jesús, como en el caso de Zaqueo, por ejemplo, le dio a esta mujer misericordia, amor, esperanza, perdón, le hizo sentir que ella valía, le dio una razón de vivir y le dio una razón para luchar por su propia redención, para salirse de las trampas en que estaba metida.
Y esto fue un impacto tan grande en su vida que yo creo que todas esas cosas la movieron a venir a la casa de Jesús y derramar ese perfume sobre la persona de Jesús. Ella estaba tocada verdaderamente, porque por primera vez en su vida yo creo que había una esperanza de que ella podía salir de esa trampa terrible en la cual estaba metida. Ella estaba llena de gratitud. Estaba llena de esperanza que Cristo le había deparado. Entonces, por esa razón ella lleva a cabo este gesto tan conmovedor de adoración al Señor.
Fue un gesto de extremada gratitud al Señor. Y sabemos que un frasco de alabastro con perfume era muy caro. El alabastro, ustedes saben, es como una piedra muy, muy bella. Y no estamos hablando hoy en día de que usted iba a Walmart a conseguir una botella de vidrio o algo por el estilo con perfume. En esos tiempos no había manufactura así. Estas cosas se hacían por mano. Y esos vasos de perfume no era como que tenían una tapa que usted le daba vueltas.
No había ese tipo de tecnología. Usted rompía el casco que lo tapaba y tenía que usar todo el perfume. Y el container indicaba que era algo caro. Entonces esta mujer va a hacer un gesto de gran sacrificio. Era una ofrenda muy elocuente. Pero no solamente eso, sino que sus lágrimas, yo creo que lo que más conmovió al Señor fue la expresión interior de su ser a través de sus lágrimas. Y ella usaba sus cabellos y le secaba los pies. Y Simón, que era un tipo, digamos, cuadrado, no entendía de estas cosas pasionales, de lo que es entregarse así, de esa manera.
Él toda su vida había hecho las cosas muy bien. Y es así, ¿entiende?, que hay personas que no rompen un plato, pero tampoco son capaces de sentir vivamente para con el Señor. Todo lo hacen a medida, todo lo hacen prudentemente, todo lo hacen comedidamente. ¿Y sabe qué? Dios ama a la gente apasionada. Dios ama a la gente que lo adora con todo su ser, que hacen cosas raras y que se entregan a Él en una forma muy, muy, muy poderosa. Ese tipo de extravagantes, personas, gracias.
¿Quieres subir aquí y ayudarme? Muy buena palabra. Extravagante, digan todos extravagante. Y denle gracias a Meche por esa palabra esta noche. A Dios le gusta la gente extravagante, eso es muy cierto. Y eso es lo que precisamente de eso se trata esta imagen aquí. Nunca le demos al Señor solamente lo suficiente, lo correcto, hermanos. Y tú y yo tenemos que preguntarnos en esta noche: ¿soy yo una persona meramente correcta para con Dios o soy extravagante? ¿Dónde está la medida con que yo mido mi adoración al Señor, mi vida para con Dios?
El corazón de Jesús es tocado por la gente que lo ama apasionadamente, extravagantemente. Por eso que la Biblia dice que Dios ama al dador alegre, y la palabra griega que se traduce al español alegre es como más bien la idea de hilaridad; en español esa palabra existe, en inglés es hilarious. Quiere decir dador extravagante, dador como medio loco, medio alocado, que es el dador, el heavy tipper, el que da propinas grandes, ¿no? El que ama al Señor en esa manera extravagante y extraordinaria, esa es la gente que...
Y nosotros tenemos que cultivar. Si tú no sientes esa pasión para con Dios en tu vida, yo te suplico, mi hermano, mi hermana, que cultives eso. Óigame, qué fácil es para nosotros decir, bueno, ya yo a la iglesia el domingo y el pastor se extendió demasiado en el sermón, dos horas y media, así que le voy a descontar media hora; el domingo que viene me voy media hora antes para igualar, porque después de todo tenemos que ser balanceados en la vida, ¿no?
A veces hacemos algo para el Señor y ya creemos como que hemos hecho la gran cosa, ¿no? A veces estamos cansados y dices, ah, ya mañana tengo que trabajar, no hombre, que eso de ir a la iglesia... Yo veo que en la Escritura la gente que Dios honra y bendice son esas personas extravagantes, que hacen cosas que no se esperaba, hubieran podido quedar en lo correcto, y Dios recibe. Mire cómo el Señor, mire, él entró a casa de Simón, no se ofendió por lo que Simón le daba o no le daba, el Señor señaló...
La forma conservadora de Simón el fariseo tratarlo solamente cuando Simón comenzó a criticarlo a él y a criticar a esa mujer. Fue el momento, el Señor entonces sacó de su bolsillo esa notita y dijo: Simón, ven acá. Cuando yo entré, tú no me diste esto, no me diste lo otro; solamente recibiste con lo básico. Fíjese, el Señor se da cuenta, hermanos. ¿Usted cree que Dios no sabe la persona que simplemente lo sirve básicamente, que solamente hace lo mínimo en la vida cristiana?
Bueno, ya el Señor me ponchó la tarjeta, la visa la tengo lista; cuando me muera me voy para el cielo. Así que bueno, también le daré una cosita aquí, una cosita allí, pero eso es todo. Y el Señor dice: Mira, amén, te recibirá en el cielo, porque la salvación no es por obras, es por gracia, es por una cosa que hizo el Señor en la cruz y nosotros nos conectamos con ello, y esas personas se irán al cielo. Pero dígame, qué bueno es cuando tocamos el corazón de Dios con una dedicación extra.
Yo quisiera tener más vida para darle más al Señor, hermanos. ¿No le gustaría a usted también? Yo quisiera poder, no sé, inmolarme para agradar a mi Dios, porque tan bueno que ha sido Dios conmigo. Dios quiere, hermanos, que nosotros vivamos a ese nivel de vida, que amemos al Señor. Y si amamos al Señor, eso se va a tener que transmitir en acciones. Usted ve la expresión acción de gracias, acciones de gracias. No es esa coincidencia. La gratitud se expresa en acciones.
Nosotros tenemos que expresar nuestro amor por Jesucristo en acciones de adoración, de expresiones de servicio, expresiones de preferirlo a Él, expresiones de lealtad. El Señor es un ser muy romántico y a Él le gusta que sus hijas, sus hijos, lo amen y le digan te quiero, gracias, te amo, reconozco lo que tú has hecho. El Señor le gusta esos momentos de intimidad con sus hijos. ¿A qué padre no le gusta que sus hijos lo prefieran y lo amen y le digan tú eres un buen padre y has hecho tantas cosas por nosotros?
Qué linda es la gratitud, hermanos. La gratitud es eso, que después que tú llegaste a lo básico y al reconocimiento básico, entra entonces en una frontera de exceso, de expresión extra. Esa es la gratitud y eso es lo que Dios quiere de nosotros. Eso fue lo que tocó el corazón de Jesús cuando María se sentó a sus pies y lo escuchó. María no estaba haciendo nada productivo. Fíjense qué interesante que muchas veces lo que mueve el corazón de Dios no es tanto nuestra productividad necesariamente.
No es ni siquiera, yo te estoy diciendo, ah bueno, ahora diezma más o haz más de esto, haz más de lo otro. Todo comienza en el corazón. Interior. Y entonces esa fuerza del corazón se transmite, se traduce en acciones. Cuando María estaba dando ahí mucho de su ser y haciendo cosas esto y lo otro, quizás ella había perdido vista de la actitud de adoración. Simplemente estaba haciendo lo que una personalidad tipo A hace: servir, asegurarse que todo está bien, ordenar las cosas, esto y lo otro.
En María había corazón de adoración, y eso fue lo que tocó al Señor. Por eso el Señor dijo: Ella escogió la mejor parte. Tenemos que cultivar eso, hermanos. Nunca te conformes con un cristianismo a medias. Cultiva la pasión para con el Señor, cultiva el amor, cultiva la extravagancia para con Dios. Mi último ejemplo, David, lo puse el Señor en mi corazón. Cuando llegó el arca a Jerusalén, David era un hombre extravagante para con Dios también. Usted no le podía hablar mal a David de Dios, déjeme decirle.
Si David escuchaba a alguien, yo imagino que David era el tipo de persona, de rey, que si escuchaba a alguien se atrevía a hablarle mal de su Dios, le cortaba la cabeza enseguida. Era un tipo muy, muy feroz con respecto a su Dios. Y por eso fue que cuando el gigante estuvo por ahí insultando al Señor y a su ejército, David no pudo contener su ira, y mientras sus hermanos estaban ahí encogidos y acobardados y estaban haciendo lo correcto, ¿quién se quiere tirar encima de un gigante como el del tamaño de Goliat?
Dios no esperaba eso de nadie, no lo exigía, pero David fue esa milla extra y le expresó al Señor su amor. Confrontando al gigante. Pero después, cuando vino esa arca a Jerusalén, David se llenó de amor para con Dios. ¿Y qué hizo? Celebró, se quitó gran parte de sus ropas, se quedó en paños menores, se olvidó de que era rey, se olvidó de que representaba toda una nación, se olvidó de que estaba allí CNN y CBN y Fox News y todas esas cosas, y que iba a salir en el internet y todo eso, y comenzó a danzar y expresó su amor para con su Dios.
Y ahí estaba Mical. Fíjese eso, que la gente agradecida y apasionada y extravagante, siempre hay una persona que está mirando y criticando lo que hace. Qué interesante, porque no comparten su amor, no comparten su pasión, no comparten su entrega. Mical, cuando vio a David haciendo eso, cuando David regresó gozoso y alegre de la fiesta, le dijo: Oye, ¿qué ridículo has hecho tú hoy, eh? Mira tú, un rey haciéndote como si fueras un sirviente. ¿Y usted recuerda lo que le dijo David?
Fue, perdón, David dijo: Fue ante Dios que yo lo hice, el cual me prefirió a mí por encima de tu papá. Por eso yo dancé. Fíjese la gratitud que sentía David. David estaba agradecido de que Dios lo había sacado de las ovejas y de lo anonimato, y lo había puesto sobre su nación, cuando él no lo merecía. Y por eso fue que David danzó de esa manera. Y por eso fue también que Dios le perdonó tantos defectos a David. David cometió errores terribles, terribles, terribles, y aun así Dios amó a David, Dios honró a David, Dios nunca le quitó a David su promesa de que su descendencia heredaría la tierra, y finalmente culminó eso con Jesús, descendiente de la tribu de Judá, del linaje de David.
Y él dice algo ahí bien importante al fariseo, le dice: al que mucho ama, mucho se le perdona. Fíjese, hermanos, que lo que más mueve el corazón de Dios es ese amor para con Él. Cuando tú sientes ese amor para con Dios, puedes cometer errores, pero ese amor que tú tienes, esa pasión para con Dios, eso atrae la misericordia, el trato, el perdón de Dios. Esa es la cosa más conmovedora para Dios, el amor, la pasión que nosotros tenemos. En esta noche yo les invito a hacer un pacto, un voto, de ser gente extravagante para con Dios, gente de corazón agradecido y de corazón entregado para con el Señor.
Amén. Vamos a cultivar la gratitud, vamos a ser una iglesia agradecida. No, no midas tu adoración al Señor con una gotera o una cucharita. Aunque estés cansado, ofrécele al Señor tu alabanza. Ven a la casa de Dios, honra tu iglesia, bendice tu congregación, dale más y más al Señor cada día. A Dios le encanta que lo seamos agradecidos. Gracias, Padre. En esta noche volvemos a adorarte, volvemos a expresarte nuestro amor. Te amamos, te bendecimos, no solamente esta noche, todos los días de nuestra vida.
Padre, yo pido que el espíritu de agradecimiento corra, corra, corra en esta congregación siempre. Seamos una iglesia extravagante para contigo, Padre. Te demos lo mejor, lo mejor, lo mejor siempre. Te ofrecemos esta congregación, Padre. Te ofrecemos nuestras vidas en esta mañana, en esta noche, Señor. Te ofrecemos esta nación, aunque no es nuestra, pero te decimos, Señor, tú tienes derecho a tomarla. Por favor, recíbela, te la entregamos, Señor. Hágase tu voluntad en la nación de Estados Unidos. Hágase tu voluntad aquí en Massachusetts.
Hágase tu voluntad en nuestras familias. Te ofrecemos nuestras familias, Padre. Te ofrecemos nuestros hogares. Te ofrecemos nuestras vidas. Te ofrecemos nuestros espíritus. Te ofrecemos cada talento, cada don, cada dólar que tenemos, Señor, en nuestro bolsillo, en nuestra cuenta de banco, es tuyo, Padre. Queremos que tú te glorifiques en esta iglesia. Haz un manojo de esta iglesia, todas sus energías y talentos, y úsala para tu gloria, Padre. Te la ofrecemos como esa mujer derramó ese perfume sobre Cristo, así nosotros derramamos nuestras vidas sobre ti, Señor.
Así derramamos esta iglesia sobre tu cabeza, Señor Jesús. Que sea como un perfume agradable. Te amamos y te serviremos todos los días de nuestra vida, Padre. Y si tú quieres usar aún nuestra muerte para tu gloria, te entregamos eso también, Señor. Haz lo que tú quieras, Padre. Te amamos y tú mereces lo mejor de nosotros. En esta noche bendigo a tu pueblo y bendigo las familias de esta congregación, que mañana podamos gozarnos, Señor, delante de ti. Bendigo a todos los que quizás se sienten un poco solos también, que mañana quizás no van a tener un lugar a donde ir o se sienten, Padre, un poquito tristes.
Sé con ellos también. Acércate a ellos, Padre. Te adoramos, Señor. Te bendecimos en esta noche. Gracias, en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gracias, gracias, Jesús. Vamos a cantar un último coro.