Ustedes me invocarán y vendrán a rogarme, y Yo los escucharé. Me buscarán y Me encontrarán, cuando Me busquen de todo corazón. — Jeremías 29:12-13
Y muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba mucho más: "¡Hijo de David, ten misericordia de mí!" — Marcos 10:48

Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: Dios se complace en honrar oraciones apasionadas y concentradas. A veces, las dilaciones y silencios de Dios forman parte de su trato en nuestras almas para purificarnos. Jeremías 29:12 promete que después de un tiempo de disciplina y tratamiento espiritual, nuestras oraciones finalmente alcanzarán el trono de Dios. La pasión, la acción y la petición son elementos que fundamentarán un clamor exitoso. El ejemplo de Bartimeo el ciego en Marcos 10:46-52 ilustra estos elementos en acción. Cuando Bartimeo oye que Jesús está cerca, expresa su apasionada petición a pesar de las críticas de la gente, lo que lleva a una acción desesperada y persistente. Jesús le hace una pregunta intrigante, pero Bartimeo responde con una petición clara y específica. La fe de Bartimeo lo salva y recupera su vista.
En el siglo dieciséis, el gran reformador escocés John Knox exclamó al Señor en una de sus oraciones a favor de su nación: “¡Dame Escocia o me muero!” Ese es el tipo de oración desesperada que Dios se ha complacido en honrar a través de los siglos, y que siempre ha extraído poder de parte del trono de la gracia. A veces Dios permite que nos encontremos contra la espada y la pared para que se suscite en nosotros la postura de fe concentrada que provoque de parte del cielo la respuesta que esperamos. Frecuentemente, las dilaciones y silencios de Dios forman parte de su trato en nuestras almas, para depurarnos de todo lo que contamina nuestras peticiones y les quita fuerza e intensidad.
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En el caso de Bartimeo el ciego, en
Cuando el Señor se detiene y lo manda a llamar, motivado por la acción persistente y atrevida de Bartimeo, le hace una pregunta intrigante: “¿Qué quieres que te haga?” ¿Por qué le hace esa pregunta innecesaria? ¡Es evidente que lo que Bartimeo necesita es recibir la vista! Como hemos dicho en una meditación anterior, a Dios le gusta escuchar nuestras peticiones verbalizadas, declaradas en forma clara y específica, nacidas de un corazón que las ha incubado y acendrado a través del tiempo, que las ha ido concentrando y reduciendo por medio de la repetición y el cultivo hasta llevarlas al punto de convertirlas en una piedrecita lisa, súper concentrada y ultra densa.
Cuando le presentamos al Señor ese humilde pero poderoso producto de nuestras lágrimas y desvelos, instantáneamente esto suscita la reacción positiva de parte del cielo. Bartimeo le contesta al Señor sin titubear, con gran intensidad: “Maestro, que recobre la vista”. Cinco palabras. Pero más que suficiente para provocar la respuesta ansiada de parte de Jesús: “Vete, tu fe te ha salvado”. Dice la palabra que “En seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino”.
Pasión, acción y petición--tres elementos que siempre fundamentarán un clamor exitoso.