El Regreso del Rey: ¡Nuestro Hogar Eterno Nos Espera!

Miren, el Señor DIOS vendrá con poder, Y Su brazo gobernará por El. Con El está Su galardón, Y Su recompensa delante de El. Isaías 40:10
Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: "El tabernáculo de Dios está entre los hombres, y El habitará entre ellos y ellos serán Su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos. Apocalipsis 21:3
Charles Spurgeon

Autor

Charles Spurgeon

Resumen: Amados, nuestras almas anhelan un hogar eterno, y el plan de nuestro Dios fiel, revelado perfectamente en Cristo, siempre ha sido morar íntimamente con nosotros y hacer todas las cosas nuevas. Esta gran narrativa culmina en un Nuevo Cielo y Nueva Tierra tangibles, donde la Ciudad Santa desciende, estableciendo la morada de Dios eternamente con la humanidad, siendo Su presencia sin mediación nuestra recompensa final.

Amados, en este mundo cansado, donde las sombras se alargan y la esperanza a menudo parpadea como una vela moribunda, ¿no anhela tu alma una morada sin mácula de tristeza? ¡Escuchad, qué dulces nuevas del trono eterno! Nuestro Dios, el amante inmutable de la humanidad, nunca por un momento ha olvidado Su deseo de morar íntimamente con Sus hijos. Desde la comunión perdida del Edén hasta los clamores de consuelo del profeta en el exilio, Su propósito permanece inquebrantable: "¡He aquí, hago nuevas todas las cosas!"

¡Considerad la gloriosa paradoja! El mismo "brazo" que golpea a las naciones con poder irresistible —el Poder Soberano que libró a Israel de las garras de Egipto— es la misma mano tierna que recoge al cordero frágil en Su seno, guiando suavemente a las que tienen crías. ¡Qué Pastor tan compasivo es nuestro Dios, perfectamente revelado en Cristo Jesús, cuya aparente debilidad en la cruz fue, de hecho, la máxima demostración de omnipotencia divina! Él viene, no solo con un poder abrumador, sino con Su "recompensa"—*nosotros*, Su pueblo liberado, comprado por Su propia sangre preciosa.

¿Y dónde culmina esta gran narrativa? ¡No en un sueño distante y etéreo, sino en una realidad tangible y magnífica! Un Nuevo Cielo y Nueva Tierra, donde cada barrera —cada "mar" turbulento de separación— es barrida eternamente. La Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén, desciende como un don puro, no por nuestras manos débiles, sino solo por Su gracia. Entonces, la declaración resonante: "¡He aquí, el tabernáculo de Dios está con los hombres!" El tabernáculo de antaño, la encarnación misma, ahora encuentra su cumplimiento cósmico. ¡No se necesita templo, porque el mismo Dios y el Cordero son su luz radiante!

¡Esta es nuestra esperanza inquebrantable, queridos amigos! Ningún caos terrenal puede frustrar Su plan soberano. No nos esforcemos en vano por construir nuestras propias utopías, porque el verdadero Hogar eterno desciende de lo alto. Y mientras esperamos ese día glorioso, vivamos como anticipos del cielo, abrazando la unidad multiétnica de "pueblos" que Su amor reúne, derribando todo muro y mostrando la hermosa diversidad de Sus redimidos. ¡Nuestro Dios viene! Levantemos nuestras cabezas con alegría, porque nuestra recompensa eterna es Su presencia sin mediación.

(Fuente: Una reflexión moderna adaptada del estilo de Charles Spurgeon)