Ustedes han visto lo que he hecho a los Egipcios, y cómo los he tomado sobre alas de águilas y los he traído a Mí. — Éxodo 19:4
Dios nos libró de tan gran peligro de muerte y nos librará, y en quien hemos puesto nuestra esperanza de que El aún nos ha de librar. — 2 Corintios 1:10

Autor
Charles Spurgeon
Resumen: Mis queridos amigos, cuando sus almas estén agobiadas y desesperanzadas, recuerden a nuestro glorioso Dios, el Dios de la liberación divina. Él nos lleva a través de cada tormenta, no solo librándonos *de* las dificultades, sino acercándonos a una relación más profunda con Él. Él nos ha librado, nos está librando y *todavía* nos librará, así que su corazón cobre ánimo.
Oh, mis queridos amigos, ¿cuán a menudo nuestras almas se sienten agobiadas sobremanera, quizás incluso desesperanzadas de la vida misma? ¡Cobren ánimo, porque tales momentos son precisamente donde nuestro glorioso Dios se deleita en mostrar Su carácter inquebrantable! Desde la eternidad pasada, Él ha sido el Dios de la liberación divina, no meramente aliviando las dificultades, sino acercando a Sus amados.
Consideren esa magnífica imagen dada al antiguo Israel, llevado sobre "alas de águila". ¡Qué rescate tan tierno, y sin embargo poderoso! Veloz y sin impedimentos, Dios rompió sus cadenas de esclavitud con una velocidad que ninguna fuerza humana podría igualar. Los llevó sobre Su espalda, interponiéndose entre Sus hijos vulnerables y cada amenaza, absorbiendo el golpe. Y con amor paciente, los agitó de su nido, enseñándoles a volar, volviéndolos a coger en Sus poderosas alas cuando flaquearon. Todo esto, no solo para la libertad *de* Egipto, sino para la libertad *para* Él mismo – para traerlos a una relación de pacto preciosa y duradera.
¿Y qué decir del gran Apóstol Pablo, soportando pruebas que lo llevaron al borde mismo de la muerte? Él aprendió de nuevo esa sagrada verdad: Dios permite que seamos abrumados para que dejemos de confiar en nuestra propia fuerza endeble y nos apoyemos completamente en "Dios que levanta a los muertos". ¡Este Dios, declaró Pablo, *ha* librado, *está* librando y *todavía* librará!
Amados, esto nos enseña no que seremos inmunes a la tormenta, sino que Dios está siempre presente *en* la tormenta, llevándonos a través de ella. Cuando nuestra propia fuerza falla, Su fuerza ilimitada toma el control. Nuestra esperanza se extiende más allá de este reino temporal hacia la victoria final sobre la muerte misma, anclada en Su poder de resurrección. Y siempre, siempre, cada acto de Su gracia salvadora no es sino una amorosa invitación a una comunión más profunda e íntima con nuestro Redentor.
Así que, ¡que su corazón agobiado cobre ánimo! Recuerden Su fidelidad pasada, confíen en Su cuidado presente y anticipen Su glorioso futuro. El Dios de las alas de águila y del poder de resurrección es su Libertador. ¡Él nos ha librado, nos está librando y *todavía* nos librará! Amén.
(Fuente: Una reflexión moderna adaptada del estilo de Charles Spurgeon)
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