Efesios 4:17: Llamados a Vivir en Santidad

Dr. Roberto Miranda

Autor

Dr. Roberto Miranda

Resumen: Estamos llamados a dejar atrás la manera de vivir vana y entenebrecida que resulta de la separación de Dios. Nuestra mente ocupa un lugar central en esta transformación, porque nuestro entendimiento moldea nuestros valores, emociones, decisiones y conducta. Por lo tanto, la vida cristiana requiere una renovación continua: nos despojamos del viejo ser, corrompido por deseos engañosos, y nos revestimos del nuevo ser, creado para reflejar la justicia y la santidad de Dios. Esto es tanto un compromiso decisivo como una lucha constante; no debemos aceptar los hábitos pecaminosos como si fueran inmutables.

La santidad se hace visible en la conducta práctica. Decimos la verdad porque nos pertenecemos unos a otros y no debemos manipular, explotar ni deshumanizar a los demás. Podemos experimentar una ira legítima, pero debemos mantenerla dentro de límites morales, resolverla pronto e impedir que se endurezca hasta convertirse en amargura o que dé lugar al mal. Rechazamos el robo y, en cambio, trabajamos honradamente, no solo para acumular riqueza, sino para compartir con quienes están necesitados. Vivir a la manera de Dios implica apartarse de la gratificación egocéntrica y volverse hacia Dios y el prójimo mediante la veracidad, el dominio propio, la generosidad, el perdón, el servicio y una comunidad marcada por el amor.

Vayamos rápidamente a Efesios, capítulo 4, y continuemos con nuestro estudio. A modo de resumen, la última vez estuvimos en esa esfera del entendimiento, de la mente. Pero permítanme leerlo y luego podremos entrar rápidamente en materia. Versículo 17, capítulo 4 de Efesios.

«Así que les digo esto y les insisto en el Señor: que ya no vivan como viven los gentiles, en la inutilidad de sus pensamientos. Tienen el entendimiento entenebrecido y están separados de la vida de Dios a causa de la ignorancia que hay en ellos debido al endurecimiento de sus corazones. Habiendo perdido toda sensibilidad, se han entregado a la sensualidad para cometer con avidez toda clase de impureza. Ustedes, sin embargo, no llegaron a conocer a Cristo de esa manera. Ciertamente oyeron hablar de él y fueron enseñados en él conforme a la verdad que está en Jesús. Con respecto a su antigua manera de vivir, se les enseñó a despojarse del viejo ser, que se va corrompiendo por los deseos engañosos; a ser renovados en la actitud de sus mentes y a revestirse del nuevo ser, creado para ser semejante a Dios en verdadera justicia y santidad…».

Continuaré dentro de un momento, pero oremos aquí y luego seguiremos entretejiendo todo esto. Padre, encomendamos tu palabra a tu Espíritu; es tu palabra, te pertenece a ti. Nos la prestas por un momento para que podamos morar en ella, bañarnos en ella y sumergirnos en su verdad y en su sabiduría. Y, Padre, activamos el obrar de tu Espíritu, tu iluminación, para que estas palabras no sean una mera verbalización humana, sino una verdadera impartición del Espíritu en nuestras almas, Padre, que nos transforme, nos marque a fuego e imprima en nosotros tu verdad. Queremos ser transformados, Padre. Queremos ser tocados, queremos ser desafiados; por eso, Padre, interactuamos ahora con tu Palabra viva y te cedemos este tiempo en el nombre de Jesús. Amén.

Bien, el sábado pasado dedicamos un tiempo simplemente… nos quedamos atascados —de una buena manera, espero— en esta idea del entendimiento y el pensamiento, de la mente y de la necesidad de que la mente sea transformada; la mente como el lugar central, el punto del cual emana todo lo demás. Y, como decía la última vez, saben, está claro que por «mente» el apóstol no se refiere solamente al intelecto, a la razón pura. Se refiere a algo más profundo: noos en griego. Probablemente también está hablando en cierta medida de las emociones. Saben, el mundo clásico no compartimentaba la psique humana o la personalidad humana como lo hacemos ahora mediante la psicología y demás. Ellos tenían una manera diferente de dividir las cosas. La Biblia habla del corazón, la Biblia habla del espíritu, del alma y demás. A veces estas cosas no están divididas de una manera muy técnica y, de vez en cuando, algunas tal vez se subdividen de distintas maneras.

Pero, saben, evidentemente el apóstol estaba hablando de la necesidad de cambiar nuestra manera de pensar, y traté de argumentar que esta no era una referencia accidental o un tanto superficial a este asunto de la mente. Leí de Romanos, por ejemplo, donde queda claro que algo le sucede a la mente cuando los seres humanos se corrompen. La mente es una de las primeras cosas que realmente quedan, por así decirlo, obstruidas y se vuelven disfuncionales. Saben, la mente es la sede de muchas de las cosas que hacemos y decimos, pensamos y sentimos. Es la fuerza motriz de tantísimas cosas; es la manera en que enmarcamos las cosas, es la narrativa que seguimos, es la perspectiva que adoptamos. A veces hablamos de paradigmas, de modelos mentales, de cosmovisiones y de todas estas cosas. Evidentemente, se trata de la manera en que enmarcamos la realidad, de la manera en que entendemos las cosas; y la manera en que entendemos las cosas determinará nuestra manera de actuar, la manera en que analizamos el mundo, por así decirlo. Hay tanto que reside en la mente, y cuando la mente se vuelve imperfecta, todo lo demás comienza a desmoronarse, tanto en el ámbito colectivo como en el individual.

Así que también vimos eso en Romanos aquel mismo día, pero no voy a volver allí. Voy a resistir la tentación de seguir reelaborándolo. Y decía que necesitamos experiencias que nos lleven a interactuar con el Espíritu Santo, con el fuego del Espíritu Santo, para que esas incrustaciones ajenas a la verdadera manera de pensar y de mirar el mundo, de mirar la realidad, puedan ser arrancadas, por así decirlo, por el fuego del Espíritu. Quedaron soldadas a nuestra mente cuando vivíamos en la corrupción del mundo de afuera, antes de convertirnos en creyentes; y luego la vida cristiana conlleva un proceso de renovación y de cambio de la mente, de cambio en nuestra manera de pensar y de procesar, y en nuestra comprensión de lo que es bueno, lo que es malo, lo que es perverso, lo que es justo, lo que es moral, lo que es ético, lo que es inmoral, lo que es contrario al corazón de Dios, y demás. Tiene que haber un cambio completo y por eso, volviendo a Romanos, el apóstol habla de la renovación de nuestra mente, la cual, a medida que la renovamos continuamente, conduce a la transformación del ser humano. Pero es un elemento sumamente crucial.

Así que el apóstol Pablo está diciendo aquí: oigan, creyentes, insisto en que ya no vivan como los gentiles, con esa mente corrupta, esa mente degradada. Es una mente, en el sentido de Romanos, que ha sido marcada como imperfecta. Ha sido rechazada. Es como en una cadena de producción, saben, cuando en el control de calidad algo resulta imperfecto: se lo marca y se lo retira. Y, saben, esa es la idea que plantea Pablo. Dice en Efesios que la mente de ellos se corrompió, era imperfecta, recibió el sello de desaprobación de Dios y se volvió disfuncional.

Y así, dice que, como creyentes, ya no pueden seguir viviendo con esa mentalidad. Tienen que cambiarla y… los gentiles, las personas que no conocen al Señor, viven con una mente vana que no conduce a nada bueno. Hablamos de eso la última vez; lo vemos en nuestra época de muchísimas maneras distintas. Y, saben, es interesante que tanto aquí como en Romanos Pablo describa el mismo proceso por medio del cual la mente se corrompe y los hombres acaban corrompiéndose en su moral y en su conducta.

Primero comienza por rechazar a Dios, por rechazar la revelación que Dios da de sí mismo, por rechazar a Dios tal como él se ve a sí mismo, como quiere ser adorado, como quiere ser concebido, como quiere ser visto: en santidad, en pureza, en una alteridad total. De eso se trata la santidad de Dios: él es totalmente otro, no es como ninguno de nosotros, está completamente separado. Y los hombres comienzan por rechazar esa pureza, esa santidad, y empiezan a convertir a Dios en una imagen de cosas. Comienzan, por así decirlo, a antropomorfizar a Dios, a convertirlo en una proyección de sí mismos.

Así que miren a los dioses griegos, en la mitología griega: Zeus y Apolo y todos los distintos… y Hércules y todo ese… panteón de dioses. Es decir, estos dioses son sensuales, se odian a muerte, se engañan unos a otros, violan, ultrajan, matan, conspiran unos contra otros, descienden a la tierra, engañan a la gente y mantienen relaciones con hombres y mujeres y demás; toda clase de locuras. Es decir, esa es la esencia de aquello de lo que Pablo habla en Romanos. Convierten a Dios en una proyección de la criatura y degradan a Dios, porque existe en los seres humanos la necesidad de hacer eso.

Verán, cuando reducen a Dios a su medida, entonces pueden manejarlo, pueden manipularlo, pueden hacer con él lo que quieran, pueden salirse con la suya, en vez de permitir que Dios los manipule a ustedes —en el mejor sentido de la palabra— y los controle. Ahora ustedes controlan a Dios, tal como sucede con las Escrituras: la gente quiere controlar las Escrituras. Entonces, ¿qué hacemos? Dejamos de decir que estas Escrituras nos juzgan y determinan nuestra vida, y que las aceptamos por completo o no las aceptamos. No; entonces convertimos esto en un libro producto de una época, de la historia, de la cultura, de la nacionalidad; y, una vez que lo hemos convertido en eso, lo hemos relativizado, lo hemos convertido en algo relativo, no absoluto. Entonces podemos escoger lo que queramos, seleccionar a nuestro gusto y después juzgar el libro. En lugar de que el libro nos juzgue, nos determine y nos dé forma, nosotros le damos forma, lo juzgamos y decidimos qué fue escrito por Dios y qué no, como lo hace la alta crítica.

Es decir, eso es lo que se enseña en tantísimos seminarios. Bueno, esto procede de Dios, pero esto no. Eso es una proyección de la superioridad judaica o de castas sacerdotales que intentaban adueñarse del poder y controlar; o eso es producto de la falta de psicología en el siglo primero, de la falta de comprensión de nuestra sexualidad humana, o lo que sea. Nosotros juzgamos, ¿ven? Y Pablo dice que lo primero que hacemos es precisamente eso. Rebajamos esa santidad, la grandeza de Dios, y lo convertimos en una criatura, en una proyección de nosotros mismos.

Ahora bien, una vez que eso sucede, Dios se siente inmensamente ofendido y se distancia de la cultura, de los individuos que hacen eso. Así que, una vez que se distancia, la fuerza vital de Dios, que es lo que realmente preserva la vida, lo que preserva la coherencia en el mundo, se separa, se distancia; y, por supuesto, la criatura que depende de esa gracia, de esa emanación del ser divino, comienza a marchitarse, comienza a deteriorarse.

Distanciada de la fuerza que la alimenta y le proporciona coherencia y sabiduría, comienza a actuar de manera extraña, a pensar de manera extraña y a sentir de manera extraña. Y Dios dice: «Muy bien, ¿eso es lo que quieres hacer? Perfecto, entonces adelante, hazlo». Y así se produce un distanciamiento de Dios, con toda la corrupción, la disfuncionalidad y el deterioro que inevitablemente tienen lugar cuando eso sucede.

En realidad estoy aludiendo a Romanos; simplemente trato de resistirme a volver allí, porque eso nos llevaría otro sermón entero. Saben, así que eso es lo siguiente. Aquí está describiendo todo esto de una manera diferente cuando dice: «Tienen el entendimiento entenebrecido y están separados de la vida de Dios…».

¿Ven esa separación? Dios separándose, distanciándose. «…a causa de la ignorancia que hay en ellos debido al endurecimiento de sus corazones. Habiendo perdido toda sensibilidad, se han entregado…».

¿Qué sucede? Una vez que ustedes comienzan a distanciarse de Dios, o Dios de ustedes, el corazón comienza a endurecerse, la mente comienza a funcionar de manera imperfecta y completamente neurótica, y comienzan a concebir toda clase de disparates y basura en el terreno moral y ético. Saben, conciben cosas que tienen apariencia de lucidez, pero que en realidad son producto de una mente depravada.

Saben, una persona patológica puede producir cosas asombrosas. Saben, Van Gogh, por ejemplo, me viene a la mente. Van Gogh era un ser humano patológico. De hecho, curiosamente, era hijo de un pastor, de un pastor luterano, creo. Nada en contra de los luteranos, por cierto; son gente estupenda. Pero Van Gogh era un genio, era un genio artístico y, de hecho, quería ser pastor. Durante un tiempo trató de ser pastor, pero, oigan, el hombre no estaba… Por desgracia… Y por eso no tuvo mucho éxito. Descubrió la pintura a una edad avanzada y, quiero decir, aquel hombre se adelantó a su época en el color, en las texturas, en la experimentación, en la pintura creativa, en sus iniciativas creativas y demás. Estaba tan adelantado a su época que la gente no lo valoró. De hecho, se suicidó pensando que era un fracasado. Ahora, cualquier cosita de Van Gogh…, cualquier dibujo de Van Gogh les costará cientos de miles de dólares. Pero el asunto es que este hombre estaba destrozado, era totalmente neurótico; quiero decir, su mente distorsionaba su comprensión de la vida. Quiero decir, al final estaba totalmente loco, loco. ¿De acuerdo? Y, sin embargo, fue capaz de producir obras de arte asombrosas cuya contemplación resulta hermosa.

Tomemos a otro: Nietzsche. Nietzsche, al final, uno de los más grandes filósofos de todos los tiempos y un pensador hondo y profundo, un poeta, un exquisito artesano de las palabras y de los conceptos, murió completamente loco; y muchas de las cosas que escribió las escribió cuando estaba loco. Y, sin embargo, su filosofía suscita el mayor respeto entre los críticos y las personas que entienden el pensamiento filosófico. Y es admirable. He leído algunas de sus obras y, saben, en sí mismas son admirables, pero estas cosas fueron producidas por mentes locas.

Así que, como ven, no es necesario estar completamente lúcido para producir grandes cosas. Y esto también es cierto en el ámbito colectivo, en el nivel masivo, universal y mundano: la humanidad moderna puede producir grandes cosas. Puede enviar aviones por el aire, naves al espacio exterior; puede crear grandes obras de arte y de filosofía y de lógica, y toda clase de cosas, pero la Biblia dice: «La mente está deformada, el razonamiento».

Ahora bien, miren algunos de sus productos. Y, nuevamente, no tenemos tiempo; saben, examinen críticamente el arte, examinen críticamente la moral, miren Hollywood, miren todas las cosas que producen. Quiero decir, cosas que están distorsionadas. Miren Massachusetts, y digo esto con amor, con profundo amor y dolor en mi corazón por muchas cosas. Pero, saben, miren las cosas que estamos llamando buenas. Miren las cosas que estamos llamando normales. Miren las cosas que estamos produciendo para el consumo general. Miren cómo procesamos las cosas; así que, como ven, esto es el endurecimiento del corazón. Es la pérdida de toda sensibilidad.

Esta mañana estaba haciendo ejercicio. Estaba con mi hija Abbey en Pensilvania y me encontraba en un hotel; ella estaba en otro lugar con sus amigas y había pasado la noche en la universidad. Y en el lugar donde hacía ejercicio tenían una pantalla, donde estaba esta cinta para correr, y no había sonido, pero, saben, había imágenes proyectándose y, saben, la locura que yo estaba… Quiero decir, las cosas que aparecían allí; quiero decir, no eran pervertidas en el sentido de ser obscenas, pero eran absolutamente como… en esta película que estaban pasando, que se produce en masa. Y esto es lo que significa perder la sensibilidad.

Saben, a medida que el ser humano se aleja más de Dios, se vuelve cada vez más insensible. Las cosas que antes lo hacían sonrojarse y provocaban escándalo ahora ya no le molestan. Puede ver esas cosas, puede practicarlas. La perversidad que se ve en algunos periódicos de esta zona, por ejemplo, y toda clase de cosas, es verdaderamente pasmosa y, sin embargo, no molesta a la gente. De hecho, piensan que es natural y no hacen más porque no es políticamente correcto en este momento, en este momento estratégico; pero retrocedan varios meses, hasta hace un par de años, y verán lo que realmente hay detrás y lo que sucede.

Como ven, cuanto más se abandonan a la sensualidad, más se enredan en ella, más se endurecen y más insensibles se vuelven.

Y por eso dice: «…habiendo perdido toda sensibilidad, se han entregado…».

Saben, esa expresión de haberse entregado se repite en distintos pasajes de las Escrituras; se refiere a eso de dejarse llevar sin freno, de sumergirse en ello. Quiero decir, involucrarse de manera obsesiva y compulsiva en determinados tipos de conducta, y esto es exactamente lo que se ve muchas veces en toda la industria pornográfica y en todo el mundo de la homosexualidad; y, saben, ya sea heterosexual u homosexual, la lujuria y la sensualidad son lo mismo. Cuando uno se lanza de lleno a ello, termina controlado y poseído por ello. Vive para ello y necesita dosis cada vez mayores de estímulo para obtener la misma intensidad de sensación, hasta que llega a convertirse en adicto, termina controlado por ello.

Y la Biblia usa esos términos. Miren Romanos, capítulo 1, y lo verán con toda claridad. Así que esto es como un diagnóstico de aquello en lo que se convierte el ser humano sin Dios. Cuando ven esa imagen, Pablo dice: pero ustedes deben ser diferentes. Tienen que renovarse. Sí, quizá hayan sido así, quizá vivan en ese mundo, quizá hayan practicado esas cosas, pero como creyentes no pueden vivir de esa manera en absoluto. Ya no deben… Como ven, evidentemente algunas de estas personas a las que él escribe practicaban eso; dice:

«…Ya no deben vivir como viven los gentiles, habiendo experimentado esa clase de deterioro…».

Esa es la esencia del mensaje aquí: que como creyentes estamos llamados a vivir vidas santas, vidas diferentes de las del mundo. Vidas moral y éticamente puras. Tenemos que ser coherentes. No podemos seguir criticando al mundo de allá afuera y viviendo como ellos. Hay muchísima hipocresía, compartimentación e incoherencia en nuestras vidas. La iglesia necesita examinarse a sí misma y nosotros tenemos que procurar, en la medida de lo posible, vivir vidas diferentes de las del mundo, vidas que tengan esa pureza. Así que eso es lo que está diciendo allí. Y entonces dice:

«…Ustedes, sin embargo, no llegaron a conocer a Cristo de esa manera…».

Eso es exactamente lo que se quiere decir allí.

«…Sin duda oyeron hablar de él y fueron enseñados en él conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a su anterior manera de vivir —siempre refiriéndose a la anterior manera de vivir—, se les enseñó a despojarse de su viejo yo…».

Saben, aquello de lo que Pablo está hablando es una transformación tan profunda, es un cambio tan grande el que se supone que debe producirse en nuestras vidas, entre lo que hay en el mundo y lo que hay en el Reino de Dios. Es como quitarse la ropa, la ropa vieja, el viejo yo, ese yo y esa mente deformados; tienen que quitárselos, como se quitan la ropa sucia después de correr en el gimnasio, o la ropa empapada de sudor. Simplemente se la quitan. Quítense esa vieja naturaleza, esa vieja manera de pensar, esa vieja manera de ser y de actuar; quítensela.

«…Despójense de su viejo yo»; esta es una expresión que Pablo usa varias veces en la Biblia, el viejo yo, «…que se va corrompiendo por los deseos engañosos…».

Observen el tiempo presente: ese yo se está corrompiendo continuamente, así que tienen que entrar en lucha contra él, y es una lucha, es algo dinámico; no sucede de la noche a la mañana, no sucede de manera absoluta y definitiva. Lucharán continuamente con eso, pero en cierto sentido tienen que quitárselo. Quiero decir, ese es el propósito, esa es la meta y eso es lo que están completamente comprometidos a hacer.

Pero también es un proceso; miren Romanos, capítulo 8, y verán: aquello que quiero hacer, no lo hago; aquello que no quiero hacer, termino haciéndolo. Así que hay un elemento, hay una dimensión: quítenselo y sustitúyanlo por algo nuevo; pero, al mismo tiempo, también está ese elemento de que, saben, van a estar luchando con esto, pero no pueden darse el lujo de simplemente resignarse a ello y decir algo así como: «Bueno, así soy yo, así fui hecho, esto es lo que me sucedió en el pasado, no puedo hacer nada al respecto». No, ustedes están en guerra contra ese estilo de vida.

«…Despójense de ese viejo yo y sean renovados en la actitud de sus mentes…».

Otra vez, ¿ven? Tienen que reemplazar la vieja mente, la vieja manera de pensar, los viejos valores. Sí, eso no es ningún problema, está bien, es correcto, etcétera. Cambien esa actitud, esa manera de pensar, y revístanse del nuevo yo. Así como se quitan unas cosas, pónganse otras nuevas.

«…Creado para ser como Dios…».

Como ven, esa naturaleza, la naturaleza semejante a Dios, es lo que se supone que debemos recuperar. La perdimos; nos volvimos más semejantes a los animales, más terrenales, más biológicos, más carnales, más orientados hacia la carne, y la Biblia dice: «No, ahora tienen que llegar a ser más semejantes a Dios; sean santos como Dios es santo». Ese es el llamado de las Escrituras. Él es nuestro propósito, él es nuestro modelo, él es nuestra meta y lo buscamos a él; él es la norma y nosotros debemos parecernos cada vez más a él.

«…Ser como Dios en verdadera justicia y santidad…». Si miran el capítulo 5, versículo 1, dice:

«…Sean, pues, imitadores de Dios…».

De eso se trata todo. Debemos imitar a Dios, debemos revestirnos de la naturaleza divina. Todo esto de los capítulos 4, 5 y 6 trata de lo que yo llamaría la naturaleza divina. Ahora bien, lo que tienen allí es el llamado teórico, por así decirlo, desde los versículos 17 al 24. Es, saben, ese llamado: santidad; dejen lo viejo, pónganse lo nuevo, desarrollen sus mentes, renueven sus mentes, cambien su manera de pensar, cambien sus hábitos, cambien sus normas morales, háganse más semejantes a él, revístanse del nuevo yo.

Ahora bien, aquí está, por así decirlo, la manifestación de eso en la conducta, en términos muy concretos. Y, por cierto, el tema no se agota aquí. Estos son solo algunos ejemplos; Pablo los usa, y en el Nuevo Testamento hay toda clase de listas con esta clase de consejos, consejos prácticos y sencillos acerca de cómo se supone que debemos comportarnos. Quiero decir, no creo que simplemente estuviera dejándose llevar por el Espíritu y escribiéndolos, no necesariamente de una manera sistemática, sino tan solo para darnos una idea de lo que eso significa, para ofrecernos una representación de cómo se supone que debemos comportarnos de esa manera piadosa.

Dice, por ejemplo: «…Por lo tanto, cada uno de ustedes debe desechar la falsedad y hablar con la verdad a su prójimo…».

Eso es lo primero: mentir; saben, en la vieja manera de hacer las cosas, la gente miente todo el tiempo, nos mentimos unos a otros, nos manipulamos unos a otros, tratamos de aventajarnos unos a otros, no podemos confiar unos en otros porque nunca se sabe quién va a perjudicarte. Ese es el mundo que ven allá afuera, saben, en el mundo empresarial, en el mundo del dinero, etcétera, etcétera, y se hacen muchísimas películas sobre eso. Y Pablo dice que una de las cosas es: digan la verdad. No se trata solo de decir la verdad; creo que se trata de ser veraces y vivir con veracidad, de vivir en la verdad, y debemos practicar esto en nuestra relación mutua y vernos a nosotros mismos… Es interesante que diga: «…porque todos somos miembros de un solo cuerpo…».

Puede que haya estado hablándole a la iglesia, pero creo que se refiere a mucho más que eso. Creo que uno necesita ver a las demás personas como parte de una comunidad. Cuando rompen la comunidad, entonces pueden engañar a la gente, pueden estafarla y pueden manipularla, porque no les importa. Él no pertenece a lo mío; quiero decir, no es más que un desconocido, está allá afuera. Lo primero que necesitan hacer para oprimir a las personas es deshumanizarlas. Eso es lo que hacen, por ejemplo, con los esclavos: los convierten en seres medio humanos, o en seres que no son humanos en absoluto, sin alma, etcétera; entonces pueden oprimirlos, pueden matarlos y esclavizarlos, lo que sea.

Así que, cuando se distancian de las personas, dicen: «Bueno, eso no es carne de mi carne. No es parte de mi cuerpo, no me importa; quiero decir, no es más que un ser humano, puedo engañarlo». Pero cuando las ven como parte de una comunidad y como su prójimo, y ustedes forman parte de sus vidas y ellas forman parte de ustedes, es mucho más difícil hacer eso. Dice: miren a las personas, forman parte de una comunidad más amplia; ustedes están insertos en sus vidas y ellas en las de ustedes, así que cuídenlas, díganles la verdad. Es importante ver a las personas de esa manera, con esa ternura de Jesucristo. Saben, son hijos de Dios y, por lo tanto, no podemos hacerles nada: manipularlos, oprimirlos ni explotarlos. Todos somos miembros de un solo cuerpo.

«…En su enojo, no pequen…».

Así que tenemos la mentira y luego tenemos el enojo. ¿Cuántas muertes, cuántas mutilaciones, cuántas guerras son causadas por el enojo? Gran parte de lo que ocurre en Irak, por ejemplo, es enojo. Tú matas a cien de mis hermanos y hermanas suníes; pues bien, yo mataré a doscientos de tus chiíes. Me quitaste parte de mi tierra; me aseguraré de hacerte la vida absolutamente insoportable. «…En su enojo, no pequen…». Se ha dicho muchísimo sobre esto: hay un enojo que es bueno, un enojo que es justo, enojo ante la injusticia, enojo como el de Wilberforce, por ejemplo, contra la trata de esclavos, y su indignación. Y creo que también hay enojo, a veces, cuando ven a alguien tratando de hacer algo descaradamente injusto, sea contra ustedes o contra otra persona. Jesús se enojó. Dios se enoja.

Dice que, si se enojan, no pequen. En otro pasaje dice: enójense, pero no pequen. Nos enojaremos, pero el enojo puede llegar a un punto en el que traspasa los límites y las fronteras del enojo legítimo y se convierte en odio, se vuelve explosivo; pierden el control de su boca, pierden el control de sus acciones y simplemente descargan todo lo que llevan dentro. No pueden golpear a alguien, así que lo golpean verbalmente, y entonces ya están pecando, ya están siendo agresivos, ya están siendo violentos.

Dice: enójense, pero mantengan el enojo bajo control, manténganlo dentro de los límites morales y no permitan que se convierta en algo animal y destructivo.

«…No permitan que el sol se ponga mientras todavía están enojados…».

Eso es una especie de ilustración. Dice que, si van a enojarse, la Biblia habla mucho acerca del enojo que se convierte en amargura, el enojo que se asienta y se endurece, y entonces resulta sumamente difícil librarse de él. Es muy difícil arrancarlo del alma; de algún modo se entreteje con su sensibilidad y entonces se convierte en una característica permanente, supura y contamina su ser interior, se transforma en resentimiento y venganza y hace que su interior huela mal, contamina su sueño, sus hábitos de pensamiento, y se transforma en esa clase de enojo meditabundo, supurante y mantenido a fuego lento que es totalmente destructivo, que se vuelve sistémico. Por eso dice que no permitan que permanezca. Saben, la mejor manera de deshacerse del enojo es no permitir que permanezca demasiado tiempo, al igual que la tentación.

Una vez que la tentación entra en su mente, permiten que se quede allí, como que la contemplan, se deleitan en ella, como que la toman cual objeto, la miran desde distintos ángulos, la consideran y fantasean con cómo sería esto, aquello y lo otro. Se arraiga. Lo primero que deben hacer es simplemente soltarla, expulsarla, sacarla, pensar en otra cosa, encomendar su mente al Señor, reprender ese pensamiento; no permitan que se asiente.

Creo que fue Billy Graham quien dijo: «No puedo impedir que las aves vuelen sobre mi cabeza, pero sí puedo impedir que se posen sobre ella». Y así es. El enojo, sí, quiero decir, en el matrimonio, en la amistad; pero lo que tienen que hacer es ocuparse de eso, limpiarlo cuanto antes para que no se asiente. Es como la nieve: cuando cae, pueden quitarla enseguida con mucha facilidad, ¿verdad? Aquellos de ustedes que tienen que quitarla… ¿Sí o no? Fanny está sonriendo aquí; ella sabe de qué estoy hablando. Pero una vez que la gente la pisa y han pasado tres, cuatro o seis horas, eso se mete en las grietas de la acera y es muy difícil sacarlo.

Sucede de la misma manera. En cuanto a estas emociones oscuras, lo mejor es simplemente ocuparse de ellas cuanto antes, procesarlas, aplicar principios, no permitir que se apoderen de ustedes, no permitir que echen raíces y continúen. Así que, en el matrimonio, en la amistad, en las relaciones laborales, en la iglesia, todo es lo mismo. Sáquenlo rápidamente, mantengan eso fluyendo; antes de que se asienten en ello, ocúpense de ello y será más blando y más fácil de resolver.

«…No permitan que el sol se ponga…».

Es una metáfora: «…mientras todavía están enojados…». Algunos de nosotros nos lo hemos tomado con demasiada rigidez y decimos: «Bueno, pronto van a ser las doce de la noche»; saben, creo que no es más que una ilustración para decir: no permitan que esto supure, no permitan que permanezca demasiado tiempo.

«…Y no den lugar al diablo…».

En otras palabras, saben, el enojo, por ejemplo, ha llevado a muchas personas a matar o a hacer cosas muy, muy diabólicas por haberle dado tiempo al enojo y haber permitido que se asentara. Creo que esa es la conexión aquí. Sea lo que sea, todo lo que el enemigo necesita es una pequeña cosa para comenzar a causar enormes estragos en sus vidas y, saben, con el diablo no se puede jugar. Lo único que quiere es que lo miren, que le echen una sola mirada amistosa y le den unos… Es un gran vendedor. Permítanle decir dos frases y ya los tiene. Lo que pasa con el diablo es simplemente…

Jesús trató a Satanás de manera tajante; ya sabes: «Si haces esto, yo haré aquello». No, Satanás, la Biblia dice esto y aquello. «Si haces esto por mí, yo haré aquello por ti». No, solo servirás al Señor, pum, pum. Fue algo tajante.... No se dialoga con el diablo. Yo he participado, por ejemplo, en sesiones de liberación y, ya sabes, los demonios tratan de distraerte, tratan de entablar conversaciones contigo. Quieren que les prestes atención para empezar a hablar contigo, envolverte y atraparte. He aprendido que hay que tener muchísimo cuidado con eso. Simplemente hay que.... tratarlo como un asunto de negocios: aquí estamos solamente para ocuparnos del asunto. Tienes que salir de ese cuerpo y punto. La Palabra lo dice, y así sucesivamente. Y así es: «...no den lugar al diablo...».

Ya mismo termino. «...El que robaba, que no robe más...».

La honradez; algunos de los comentarios hablan del hecho de que era algo común particularmente en Éfeso; era una ciudad portuaria y, al parecer, se robaba mucho en el puerto y también en algunas tiendas, y así sucesivamente. Así que, ya saben, la gente estaba acostumbrada a esto y, por eso, estaba esta idea: no roben.

Y es interesante, dice: «...en lugar de eso, trabaje con sus manos para que tenga algo que compartir con los necesitados...».

¿No es interesante? Ya saben, ¿por qué debemos trabajar? ¿Por qué debemos vivir honradamente? Ya saben, no es solo para ganar dinero, dinero, dinero, enriquecernos y acumular más y más. Es para que tengas algo que compartir con los demás; en realidad, es una manera extraña de verlo. Pone patas arriba todo el espíritu moderno. No voy a ganar dinero solo para tener una casa grande, muchos automóviles y una gran cuenta bancaria. Es para compartir con los demás, para ser generoso, para compartir mi vida.

Y, como dijimos antes, esa clase de generosidad es la fuente de la salud emocional e, irónicamente, también de una gran prosperidad. Cuando das en el Señor, cuando das en el nombre del Señor, no de una manera alocada y disciplinada, sino que realmente vives conforme a un espíritu de generosidad y gracia, y das, compartes todo con los demás. Das para el Reino de Dios, das a los necesitados, y las bendiciones son sencillamente inmensas.

Así que, en lugar de robar, que es la esencia del yo, haces lo contrario: trabajas, te esfuerzas por el reino, para bendecir a los demás y para la gloria de Dios. Así que, ya saben, qué diferencia hay entre vivir como vive el mundo —todo gira en torno a mí: carnal, sensual, autocomplaciente; yo soy el centro, la criatura es el centro— y ahora orientar las cosas hacia Dios y hacia tu prójimo. No oprimes ni robas ni mientes, porque él forma parte de mí. Ahora me pongo en su lugar, y lo veo a él o a ella en mí, y me veo a mí mismo en ellos. Así que, en lugar del yo y de la orientación egoísta, está el nosotros, está lo colectivo, y también se dirige en esa dirección. De modo que, en realidad, la expansión se produce vertical y horizontalmente, y tú ya no eres el centro. Las cosas no vienen desde arriba hacia ti ni desde los lados hacia ti. No, es al revés: de ti hacia Dios, de ti hacia los demás; comunidad, servicio, consideración por los demás: ese es el espíritu de una criatura semejante a Dios. Eso es lo que se nos llama a hacer. Amén.

Así que, pongámonos de pie. Padre, abrazamos ese espíritu, abrazamos ese llamado, esa santidad, Señor, esa naturaleza semejante a Dios, esa ternura, esa generosidad de espíritu. Padre, esa manera angelical de ser, de ver, de computar y conjugar el mundo, la abrazamos esta noche, Padre. Yo quiero ser así. Sé que mis hermanos y hermanas quieren ser así.

Padre, ayúdanos en nuestros matrimonios, en la amistad, en nuestras relaciones en la iglesia, en el ministerio, en el trabajo. Padre, reprendemos la tendencia a mirarnos a nosotros mismos y a buscar nuestro beneficio, nuestro interés. Señor, tú cuidas tan bien de nosotros; ¿por qué habríamos de preocuparnos tanto por nosotros mismos, si has dicho que cuidarás hasta de nuestras necesidades más pequeñas? Así que, Padre, ahora mismo escogemos orientarnos hacia ti y hacia nuestros hermanos y hermanas, hacia nuestro prójimo.

Queremos ser canales de tu bendición y, ante todo, por supuesto, te bendecimos a ti, Padre. Te damos toda la honra y toda la gloria. Sé glorificado. Sé glorificado, Padre. Que esta comunidad sea un ejemplo de eso. Padre, que la iglesia de Nueva Inglaterra sea un ejemplo de esa actitud amorosa, amable, generosa, perdonadora y gobernada por el Espíritu. Señor, una actitud que ve en ti su centro y ve en los demás el objeto de nuestras acciones, en el buen sentido de la palabra, para bendición de ellos, Padre. Haznos agentes de bendición, haznos seres angelicales, seres divinos, Señor, con la naturaleza de Dios restaurada en nosotros, y te daremos la honra y la gloria. Queremos ser instrumentos tuyos, Jesús, e instrumentos de los valores de tu reino. Amén. Amén.