Dios con Nosotros

Samuel Acevedo

Autor

Samuel Acevedo

Resumen: La Navidad no depende de circunstancias perfectas, tradiciones entrañables, regalos ni de estar libres de dolor. Su verdad esencial es Emanuel: Dios está con nosotros. En Jesucristo, Dios se hizo carne y entró en la vida humana, de modo que no está simplemente en todas partes como una presencia distante. Está entre nosotros en los funerales, los nacimientos, la pérdida del empleo, los diagnósticos, la traición, la soledad y cualquier otro sufrimiento humano. Podemos conocerlo personalmente, y él nos asegura que no nos ha abandonado.

Emanuel también significa que Dios está a nuestro favor, no en nuestra contra. Nos ama, busca nuestra amistad y desea habitar en nosotros por medio de su Espíritu. Nos acompaña, sostiene, alienta, guía y da propósito. Por tanto, las dificultades no tienen que interpretarse como prueba de su ausencia; pueden llevarnos a una relación más profunda con él. Puesto que Dios está con nosotros, podemos aceptar una misión imposible, escuchar su dirección, asumir riesgos por su reino y actuar con valentía. Nuestro gozo y nuestra victoria perdurables no descansan en una temporada fácil, sino en la presencia del Dios que nunca nos abandonará.

¿Cuántos de ustedes tuvieron una feliz Navidad? El pastor Omar y yo tenemos hoy una oración ante el Señor. Queremos que, antes de que termine este día, el 100 % pueda responder afirmativamente a esa pregunta. Dios tiene algo para ustedes hoy, algo por lo cual pueden estar felices y alegres. El Señor está con ustedes y nunca los abandonará ni los dejará. Presentémonos ante el Señor.

Padre celestial, te damos gracias por tu presencia. Te damos gracias por cada canción y cada villancico que se presentó ante ti. Gracias por ese coro. Gracias, amado Señor Dios, por la dramatización. Gracias por las muchas maneras que has creado para que podamos decirte cuánto te amamos y te necesitamos. Y gracias por esta palabra. Espíritu de Dios, esta es tu palabra; te pido que soples sobre ella y le des vida, para que las almas sean liberadas, los cuerpos sean sanados y quienes están encadenados y sumidos en la oscuridad puedan levantarse y caminar libres. Te lo pedimos en el poderoso nombre de Jesucristo. Amén.

Estamos leyendo Mateo, capítulo 1, versículo 18. Así fue como ocurrió el nacimiento de Jesucristo. «…Su madre María estaba comprometida para casarse con José, pero antes de que se unieran, se descubrió que estaba encinta por obra del Espíritu Santo. Como José, su esposo, era un hombre justo y no quería exponerla a la deshonra pública, pensaba divorciarse de ella en secreto. Pero, después de haber considerado esto, un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no tengas miedo, no tengas miedo de recibir a María en tu casa como esposa, porque lo concebido en ella proviene del Espíritu Santo…».

Y le pediré al pastor Omar que comparta este versículo en español. «…Ella dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta: La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel, que significa Dios con nosotros…».

¿Qué significa la Navidad para ustedes? Saben, muchas personas preferirían que la Navidad nunca llegara, que la temporada navideña nunca viniera. Apuesto a que algunos de ustedes están hoy aquí —quizá algunos de ustedes que están escuchando por Internet— y tal vez esta Navidad no sea lo que esperaban. Quizá hace años que no tienen la Navidad que de verdad, de verdad deseaban, y yo sugiero que hay una razón para ello. Sugiero que la razón por la cual quizá no estén disfrutando de la Navidad, y quizá ni siquiera todos los villancicos que hemos cantado ni todo lo que han oído tenga sentido para ustedes, es que están allí sentados diciendo: «Quiero entender por qué se le da tanta importancia a esto. Me encantaría sentir la misma alegría y celebración que todos los demás sienten cuando llega la Navidad». Pero, si he de ser sincero, no disfruto de la Navidad y no logro entender por qué las personas que cantan parecen estar tan felices por ella. Iré aún más lejos: apuesto a que algunos de ustedes incluso podrían pensar que quizá lo están fingiendo. Tal vez ni siquiera ellos se alegran realmente con la idea de la Navidad; tan solo se están animando para el día de hoy. Porque ustedes también han estado fingiendo. Han ido pasando de una Navidad a otra, de un Año Nuevo a otro, fingiendo, poniéndose una máscara de alegría que sencillamente no está en su corazón. Y sugiero que la razón más importante de que esto sea así es aquello en lo que piensan cuando piensan en la Navidad.

A todos nos han programado con una idea u otra de lo que es la Navidad. Esto cambia de una cultura a otra. Aquí hay personas de África, hay personas de América Latina, hay personas de Jersey. Créanme, Jersey también puede parecer un país extranjero. Pero, sea cual sea su cultura de origen, crecieron con la idea de que, si estas cosas no estaban en su lugar —a, b, c—, no habían tenido Navidad. Si no tenían un árbol, si no tenían un montón de regalos, si no tenían algo que dar, si no tenían una tina de coquito, si no encontraban a alguien que yo conozco… y gracias al Señor por su sangre redentora. Amén. Si no tenían a alguien que pudiera aparecer con un cuatro, con un ukelele puertorriqueño, entonces no habían tenido Navidad.

Quiero reconfigurar su idea de la Navidad. Y tengo una confesión que hacer: me encanta la Navidad. Me encanta la Navidad. Soy uno de los mayores aficionados a la Navidad que encontrarán jamás. Pero no es porque todas mis Navidades hayan sido perfectas. Perdí a una abuela un 24 de diciembre y, casi 20 años después, exactamente en la misma fecha, enterré a una de mis tías más queridas, que también murió en Nochebuena. La gente muere en Navidad. Pero sigue siendo Navidad. Y me alegro cuando llega la Navidad. La gente pierde su empleo en Navidad, pero yo me alegro con la Navidad. Y me alegro cuando llega la Navidad.

He sabido vivir tanto en la humillación como en la abundancia, pero me encanta la Navidad. Porque hay una idea central, una condición sine qua non, que hace que la Navidad tenga sentido. Sin esta idea no hay Navidad. No importa qué más le echen a su Navidad, sin esta idea no tienen Navidad. Y si no tienen nada más, pero sí tienen esta verdad, no importa qué otra cosa suceda: van a tener una Navidad maravillosa. ¿Saben por qué? Emanuel. Dios está con ustedes.

He aquí una herramienta del siglo XXI en una mano del siglo XX. Dios está con nosotros. Oh, alabado sea el Señor. Dios con nosotros. Amén. Ahora bien, ¿qué significa eso? Amén. ¿Qué significa eso? Digan todos: «Emanuel». Bien, ahora díganlo en español: «Emanuel». Bien. ¿Qué significa eso? Lo único que significa es que Dios está con nosotros. Ahora bien, esta es la idea central de la encarnación. Lo que eso significa es que Dios dejó su trono, vino a la tierra, se vistió de carne y caminó por esta tierra. Hay libros y libros y libros acerca de cómo puede ser posible eso. No estoy aquí para tratar de explicarles cómo Dios vino a la tierra y se hizo carne en la persona de Jesucristo; estoy aquí para celebrar el hecho de que Dios dejó esta tierra, dejó los cielos y se hizo carne. Estoy aquí porque, a estas alturas, no puedo imaginar la vida sin pensar que Dios dejó su trono en el cielo y vino a la tierra.

Esta no es únicamente la idea central de la Navidad. Tú que sirves a Jesucristo, tú que eres siervo de Jesucristo, tú que eres discípulo de Jesucristo: Emanuel no es solamente el secreto para tener una buena Navidad; Emanuel es el secreto para alcanzar una victoria cristiana constante en un mundo que se opone a la luz de Jesucristo. Emanuel significa que, sin importar lo que el infierno lance contra ti, tienes garantizada la victoria porque Dios está contigo. Eso es lo que significa Emanuel. Dios está con nosotros.

Pero, pastor Sam, por supuesto que Dios está con nosotros. ¿No es omnipresente? ¿No está en todas partes? Claro que está con nosotros. Bueno, verán, no era necesaria la encarnación para demostrar que Dios está en todas partes. A lo largo del Antiguo Testamento sabían que Dios era omnipresente. A lo largo del Antiguo Testamento hubo muchas mujeres que tuvieron comunión con Dios. Isaías no necesitaba profetizar la llegada de Emanuel para demostrar que Dios está en todas partes.

Así que esto me dice que Emanuel es algo más que la mera omnipresencia de Dios. No permitan que nadie los engañe: Emanuel es algo más que la mera omnipresencia de Dios. Para expresarlo sencillamente, hay personas que entienden esta idea: «Oh, sí, Dios está en todas partes»; pero, para ellas, Dios es como ese tío lejano que envía un correo electrónico desde lejos en Nochebuena. Apenas forma parte de sus vidas. Saben que existe, saben que está en algún lugar, pero se encuentra en la periferia de su existencia.

El quid de la cuestión es que Dios no quiere ser para ustedes un tío lejano. Entonces, ¿qué significa esto? Emanuel. En primer lugar, significa que Dios está entre nosotros. ¿Saben qué me encanta de esta idea de Emanuel? Esta idea de que Dios está con nosotros. Aunque no fueran eruditos bíblicos y simplemente… y sencillamente amaran los idiomas y estuvieran analizando gramaticalmente esta oración, esta frase —«Dios está con nosotros»— es uno de los poemas más perfectos de cualquier idioma, porque significa todas estas cosas al mismo tiempo. Y lo primero que significa es que Dios está entre nosotros; no solo con nosotros, sino entre nosotros, caminando por nuestras calles, participando en nuestros asuntos, con ustedes cuando están en ese funeral, con ustedes cuando están dando a luz a ese bebé, con ustedes cuando reciben esa carta de despido del trabajo, con ustedes cuando reciben ese diagnóstico del médico. Él es un Dios a quien pueden llegar a conocer y un Dios que puede ser conocido.

El Señor no tuvo que asumir la carne para que ustedes supieran que él estaba en todas partes. El Señor no tuvo que hacerse carne para saber lo que era tener el corazón roto, pero quería que ustedes supieran que él conocía lo que era ser humano, lo que era pasar por lo mismo que ustedes pasan. Así que Jesús lo asumió tal como ustedes lo hacen cada día.

Mi Biblia dice que Jesús lloró. Mi Biblia dice que Jesús fue a bodas. Mi Biblia dice que Jesús supo lo que era sentirse traicionado, sentirse apuñalado por la espalda. Mi Biblia dice que Jesús supo lo que era sentirse desilusionado. Mi Biblia dice que Jesús supo lo que era sentirse abandonado y solo. Fue Jesús quien miró hacia los cielos y cumplió la profecía cuando dijo: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Así que, cuando les toque a ustedes mirar al cielo, no ver más que nubes y decir: «Señor, ¿por qué me has abandonado?», oirán su voz decir: «No me he ido a ninguna parte; estoy con ustedes». Dios está entre nosotros. Él quiere formar parte de su mundo. Quiere formar parte de su vida.

Dios está con nosotros también significa —Emanuel significa— que Dios está a favor de ustedes; en otras palabras, Dios está con nosotros en el sentido de que no está contra ustedes. Dios está conmigo, en el mismo sentido en que uno se vuelve, mira a sus amigos cuando está a punto de ponerse en marcha y se pregunta: «¿Quién está conmigo? ¿Quién está de mi lado?». Dios está tratando de decirles que no pretende hacerles daño; los ama.

Dejen que eso penetre en ustedes. Él los ama. No pretende hacerles daño. Quiere ser su amigo. Lo que tenemos en Emanuel es a Dios haciendo cosas descabelladas, llegando a extremos descabellados, tan solo para ser su amigo. Y la Biblia está llena de los intentos de Dios por hacerse amigo nuestro. Este Dios poderoso, majestuoso… humillándose a sí mismo como nosotros nos humillaríamos al tratar con un niño, procurando ser su amigo.

Saben, es posible; el Señor sí tiene amigos. Abraham fue llamado amigo de Dios. La Biblia dice en Éxodo, capítulo 33, que Moisés hablaba con Dios cara a cara, como un hombre habla con un amigo. La Biblia dice que David era un hombre conforme al corazón de Dios, lo cual significa que conocía el corazón de Dios. Vio el corazón de Dios. Habló con Dios de corazón a corazón.

¿Cuándo fue la última vez que tuvieron una conversación de corazón a corazón con Dios? ¿Cuándo fue la última vez que sintieron que no estaban en presencia de su tío lejano, sino en presencia de su amigo, su divino y todopoderoso amigo? ¿Cuándo fue la última vez que el Señor irrumpió en su Belén, irrumpió en sus sombras y dijo: «Estoy aquí, soy tu amigo»? Si no entienden esto, podría deberse a una de dos razones: podría ser porque están convencidos de que Dios los ha abandonado, de que las circunstancias les han demostrado más allá de toda duda razonable que quizá este Dios, aun si existiera, no está interesado en ustedes. Permítanme sugerir algo: quizá esas mismas circunstancias, quizá esas mismas pruebas, no sean Dios abandonándolos; quizá sea lo contrario. Quizá sea Dios tratando de llamar su atención; quizá sea Dios dándoles una razón para clamar a él; quizá sea Dios animándolos a ir un paso más allá en su relación y llegar a conocerlo. Quiere ser su amigo. Y entonces ustedes dicen: «¡Pastor Sam, hombre, con amigos así no necesito enemigos!». Pero ¿saben qué? Él los ama demasiado como para sencillamente dejar pasar todo esto. El Señor seguirá buscándolos porque sabe cuánto lo necesitan. No desistirá. Mientras haya aliento en sus pulmones, Dios ve esperanza. Mientras haya aliento en sus pulmones, cuando el Señor los mira, ve a alguien que podría llegar a ser su amigo. Ve un alma con la que puede conectarse. Ve un corazón con el que puede dialogar. Ve una vida a la que puede ministrar. Ve un milagro que puede hacer realidad. Ve un escenario para su gloria. Cuando Dios los ve, ve un templo que espera que el Espíritu Santo actúe en él. Él, Dios, literalmente querría introducirse en ustedes y hacerles entender, literalmente. No quiere estar solamente con ustedes, sino dentro de ustedes. Quiere ser su amigo porque tiene un propósito para ustedes.

Lo cual nos lleva al siguiente significado de Emanuel: Dios está con ustedes, acompañándolos, apoyándolos, guiándolos. Yo diría que los anima y los impulsa a seguir adelante. Dios está con ustedes en el sentido de que Dios está allí, a su lado, alentándolos. Es como el cantante que interpreta una ópera, y ustedes han oído a muchos artistas decir: «Canté como nunca porque sentí que el público estaba conmigo». Pues bien, Dios está con ustedes, aplaudiéndolos, impulsándolos a seguir adelante, dándoles ideas, dándoles su unción, dándoles su revelación.

Cuando pienso en esta idea de que Dios está conmigo, pienso en el libro de Esdras. Esdras tenía una frase que repetía a lo largo de su libro. No había muchos milagros; no se ven muchos milagros en el libro de Esdras, pero lo que se ve es este patrón una y otra vez. Se ve a Esdras recibiendo una idea de Dios, alguna locura que nadie había hecho antes, pero Dios le dice a Esdras: «Ve y haz esto». Algún sueño que el Espíritu Santo le susurra, y el Señor planta esta idea en la mente y en el corazón de Esdras.

Ahora bien, ¿cuántos de ustedes saben de qué estoy hablando? De repente recibes algo; tu mente recibe un mensaje que solo podría venir de Dios. Nadie en tu familia, nadie ha ido jamás a la universidad; de repente sientes sobre ti la estrella de David, sientes que la luz de Belén brilla sobre ti, el Espíritu te cubre con su sombra como cubrió con su sombra el vientre de María, y dentro de tu vida Dios concibe vida. Nadie ha tenido éxito jamás en nada, pero, de alguna manera, Dios te está diciendo: tú eres el primero, eres tú, tú eres el indicado. Nadie en tu familia ha logrado jamás liberarse de las drogas ni del alcohol, pero la luz del Señor brilla sobre ti y él dice: He dado vida, he puesto vida dentro de ti y tú vas a ser el indicado, tú vas a ser quien haga retroceder las sombras en tu familia. Ve, yo estoy contigo. Ve, inténtalo, yo estoy contigo. Ahí estás, has estado sentado en……. quizá durante años en León de Judá. Miren a este coro, cantando como ángeles. ¿Por qué no hablan con los miembros de este coro? ¿Por qué no les preguntan sus historias? ¿Por qué no les preguntan cómo llegaron allí? ¿Por qué no les preguntan si alguna vez han tenido una Navidad difícil? ¿Por qué no les preguntan si alguna vez han pasado por el infierno? Y la razón por la que pueden cantar como cantan es que el Señor les ha susurrado. Y el Señor ha dicho: Tengo una vida nueva para ustedes, algo que no pueden imaginar. Y vayan y háganlo. Hagan esto que nadie más ha hecho. Estoy con ustedes. Estoy con ustedes.

Miren, hay una diferencia entre las personas que viven, que viven día tras día con esta idea de Emanuel, y las que no. Hay una diferencia.

Hermanos y hermanas, quiero que salgan de aquí pidiéndole a Dios: Dame una misión digna de tu gloria. Dame algo imposible. Porque la historia de la Navidad no es nada si no es esto: Dios puede hacer lo imposible; todas las cosas son posibles para Dios. Cuando despiertas a esta idea —Dios está conmigo—, no hay nada que pueda detenerte.

Miren, tomemos a José, por ejemplo. Saben, en las Escrituras nunca vemos que José diga nada; jamás pronuncia una palabra. En ninguna parte de las Escrituras vemos las palabras «José dijo», pero lo que sí vemos es al Señor revelándose a José en sueños. Y la Biblia dice que al día siguiente, o en ese mismo momento, José caminó o José actuó. Si Dios está contigo, vive con valentía; si Dios está contigo, escucha esos sueños y corre esos riesgos por el Reino de Dios. Si Dios está con nosotros, ¿quién puede estar contra nosotros? Si Dios está contigo, ¿quién puede detenerte?

He procurado vivir mi vida y animar a otros a escuchar la voz de Dios, y aunque a tu alrededor no veas nada más que el final del camino, aunque creas que esta película está a punto de terminar, esto sí puedo decir: está a punto de comenzar el año 2010 y puedo decirles con toda confianza que nunca, jamás, jamás, jamás he visto al justo desamparado ni a sus hijos mendigando pan, y ese es el mismo Dios que está contigo. Ese es el mismo Dios que está dentro de ti, ese es el mismo Dios que te está haciendo esta promesa. León de Judá, Dios está contigo. No importa que al infierno no le guste. No importa si el infierno tiene un ……. o dos para ti; Dios está contigo y las puertas del infierno no prevalecerán contra ti.

Pongámonos de pie por un momento. Quiero que susurren conmigo esta palabra: Emanuel. Dios está conmigo. ¿Lo creen? Quiero que inclinen la cabeza por un momento. Gracias, Maestro. Nunca le has dado la espalda a este planeta. Tienes un plan. Eres el Padre eterno. Eres maravilloso. Eres todopoderoso, el Padre eterno, el Príncipe de paz. El gobierno está sobre tus hombros, Jesús. No hay nadie como tú. Toda autoridad en el cielo y en la tierra te ha sido dada. Los ángeles se inclinan ante ti y te llaman Rey, y eres tú quien dice que estás conmigo, eres tú quien dice que estás con este pueblo. Eres poderoso, eres invencible, eres asombroso y no hay nadie como tú.

Maestro, si hay una vida en la cual puedas irrumpir, declaro abiertos los cielos como lo estuvieron aquel día, declaro a Gabriel en su puesto como aquel día, declaro abiertas las huestes celestiales proclamando nuevas de gran gozo. Declaro que la luz brilla sobre aquella alma que necesita absolutamente que nazca un Salvador. Trae vida allí donde solo han conocido muerte, donde solo han conocido reveses y solo han conocido dificultades. Acompáñalos, Jesús. Acompáñalos, Jesús. Acompáñalos, Jesús.

Si hoy estás aquí y esto es una novedad para ti, si nunca has visto la Navidad de esta manera porque no ves a Dios de esa manera, y dices: «Pastor Sam, quiero que Dios esté conmigo hoy; no quiero regresar sin saber que él está conmigo, dentro de mí; quiero recibirlo hoy. Quiero a Dios para Navidad, quiero a Dios para Año Nuevo, quiero a Dios para el Día de San Valentín, quiero que esté conmigo. Quiero que esté conmigo hoy».

Por favor, levanta la mano. Especialmente si estás recibiendo a Cristo por primera vez, voy a pedirte que pases al frente. Si esta es la primera vez que levantas la mano y estás diciendo: «Recibo a este Cristo», te invito a pasar al frente. Quizá estás levantando la mano porque estás recibiendo el ánimo y estás recibiendo al Señor, y estás recibiendo a este Dios todopoderoso que va a…. Quiero que recibas eso también, en el nombre de Jesús.

Padre, tú conoces a las personas que están levantando sus manos ante ti en este momento. Tú sabes lo que necesitan para un tiempo como este. Padre, tal como hemos oído en esta palabra, declaramos una vez más que estás con nosotros, Señor Dios, que quieres estar con nosotros, que quieres ser nuestro amigo, que estás ahí animándonos, impulsándonos hacia adelante, Señor. Por eso levantamos nuestras manos ante ti en este momento, Padre; nosotros también queremos estar contigo. No queremos salir de este lugar sin tener la más mínima duda de que estás con nosotros, Señor. Manifiéstate, Señor. Revélate a cada uno de tus hijos e hijas que están aquí; que sean alentados por la verdad, por el hecho de que estás con ellos.

Hoy declaramos Emanuel. Declaramos Emanuel sobre nuestras vidas. Señor, declaramos que estás con nosotros, que estás con nuestros seres queridos, que estás con nosotros dondequiera que vayamos y, Padre, permite que tu luz brille siempre sobre nosotros. Toda la gloria y toda la honra te las damos solamente a ti, Señor Dios. Sé glorificado en medio de nosotros, Señor.