Yo sé que el SEÑOR sostendrá la causa del afligido, Y el derecho de los pobres. — Salmos 140:12
Si un hermano o una hermana no tienen ropa y carecen del sustento diario, y uno de ustedes les dice: "Vayan en paz, caliéntense y sáciense," pero no les dan lo necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve? — Santiago 2:15-16

Autor
Dr. Ernst Diehl
Resumen: Cuando nos encontramos con alguien en necesidad, nuestro instinto inicial puede ser la molestia, pero Dios nos ha encomendado ser Sus representantes. La verdadera alegría no es un prerrequisito para dar; es un músculo que desarrollamos al elegir involucrarnos auténticamente. Al hacer una pausa para ofrecer una conexión y atención genuinas, desencadenamos un ciclo de retroalimentación positivo que transforma el deber a regañadientes en una alegría profunda y sostenible, validando nuestra fe a través de la acción.
Oh no, otro mendigo quiere algo de mí.
Honestamente, cuando nos apresuramos en nuestro día y alguien nos pide unas monedas o tiempo, nuestro primer instinto rara vez es pura alegría. A menudo es molestia, un pellizco de culpa, o un cálculo rápido de cómo evitar el contacto visual. Con frecuencia nos preguntamos por qué un Dios poderoso no erradica la pobreza al instante. Cuando Jesús señaló que los pobres siempre estarán con nosotros, no fue una desestimación del sufrimiento. Fue una profunda invitación.
La naturaleza de Dios está intrínsecamente ligada a la justicia y a la defensa de los vulnerables, y Él nos encarga ser Sus agentes autorizados en el mundo. Cuando te encuentras con alguien en necesidad, te presentas allí como el representante literal del Creador. A menudo vemos el dar como un drenaje de nuestros recursos, esperando que un sentimiento espontáneo de generosidad nos motive. Esperar un sentimiento antes de actuar es tenerlo completamente al revés.
La alegría no es un prerrequisito para dar; es un músculo que se practica a través de la acción de dar. Para dar nuestro tiempo, dinero o atención con verdadera empatía, necesitamos iniciar intencionadamente un ciclo de retroalimentación positivo. Debemos reconocer que este ciclo existe y entrar activamente en él. Comienza eligiendo involucrarte verdaderamente. En lugar de soltar una moneda solo para aliviar tu propia culpa y marcharte, haces una pausa. Miras a la persona a los ojos, dices una palabra amable y reconoces su dignidad inherente en lugar de tratarlos como una interrupción.
Esta conexión humana genuina produce orgánicamente una tranquila sensación de alegría y plenitud, el subproducto natural de vivir según tu diseño. Experimentar esa alegría reconfigura tu respuesta. Disminuye tu resistencia interna, haciendo que sea más fácil, más natural y más alegre dar la próxima vez que te lo pidan.
Como advierte el libro de Santiago, ofrecer un deseo espiritual para que alguien se mantenga abrigado y bien alimentado sin proporcionar ayuda física tangible es una fe muerta. Nuestra teología se valida en última instancia por nuestras acciones diarias y nuestra vida recta. Cultiva un espíritu dispuesto a ser interrumpido. No solo tires dinero a un problema para que la incomodidad desaparezca. Vive el momento, practica la acción de dar con atención genuina, y observa cómo desencadena el ciclo de retroalimentación que transforma el deber a regañadientes en una alegría profunda y sostenible.
¿Qué piensas sobre "No te limites a soltar una moneda"?

Salmos 140:12 • Santiago 2:15-16
La verdad fundamental de la teología bíblica revela una conexión profunda e inquebrantable entre la propia naturaleza de Dios y las responsabilidades ...
Salmos 140:12 • Santiago 2:15-16
Introducción a la Ética Bíblica de la Justicia y la Compasión La arquitectura conceptual de la teología bíblica está profundamente moldeada por la te...
Haz clic para ver los versículos en su contexto completo.
