'Porque Yo sé los planes que tengo para ustedes,' declara el SEÑOR 'planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza.' — Jeremías 29:11
Amado, ruego que seas prosperado en todo así como prospera tu alma, y que tengas buena salud. — 3 Juan 1:2

Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: La prosperidad material no es algo malo según las Escrituras, sino que es una de las promesas de la bendición de Dios. Aunque puedan venir pruebas y dificultades, la persona que teme a Jehová será bienaventurada y podrá mirar hacia el futuro con expectativa de ver la bendición de Dios en cada etapa de la vida. El resultado neto de cualquier proceso difícil siempre será positivo para aquellos que aman y obedecen al Señor.
Las Escrituras nos muestran una y otra vez que Dios no tiene nada en contra de la prosperidad material. Al contrario, vemos continuamente en gente como Abraham, Jacob, José, Job, Salomón, que cuando una persona agrada a Dios, frecuentemente Su bendición es acompañada de prosperidad material
. Esa es una de las promesas constantes de la palabra de Dios. La bendición de Dios es global, abarcadora. Cubre todas las dimensiones de la vida—material, espiritual, social, emocional, relacional. El Shalom de Dios arropa todos los aspectos de la vida del hijo o la hija de Dios, proveyéndole esa vida abundante que Cristo claramente vino a darnos. El salmo 128 recalca esta verdad con palabras sencillas pero poéticas:
1 Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, que anda en sus caminos.
2 Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado serás, y te irá bien.
3 Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; Tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa.
4 He aquí que así será bendecido el hombre que teme a Jehová.
Bien sabemos que a la vida del hijo o la hija de Dios, a pesar de amar y obedecer al Señor, también pueden venir pruebas y dificultades. Inclusive, en ocasiones el sufrimiento será parte de la obra benévola de Dios, puliendo y perfeccionando a sus hijos para impartirles más cabalmente el carácter de su Hijo, a fin de que lleven más fruto y sean más útiles para su obra (Juan 15:2).
Pero el resultado neto de ese complejo proceso siempre será positivo. La persona que teme a Jehová ciertamente será bienaventurada, y podrá mirar hacia el futuro con gran expectativa de ver la bendición de Dios en cada etapa de la jornada de la vida. "Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis" (Jeremías 29:11).
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